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La canción con la que un día lo soñé todo




Me he despertado a las cinco de la mañana. Las sábanas blancas en la oscuridad. Mi almohada cervical, y al otro lado, mi almohada normal. Cuando te acostumbres a ella, dijo la chica de la tienda hace ya más de dos años,  no podrás ir a ninguna parte sin tu almohada cervical. Mis dolores de espalda desaparecieron. Esta almohada tiene memoria, dijo, esta almohada  te recuerda. También cuando no estás. 

Me he levantado y estaba a punto de amanecer, un autobús, el canto de un pájaro, una ambulancia. He escuchado la canción con la que una tarde me quedé dormida, primavera de 2013, tuve un sueño erótico. Cuando abrí los ojos, la luz que iluminaba la cama era tan pálida como los dientes de un cachorro. Qué luz más bonita sobre mi cuerpo. La canción seguía sonando en bucle. Salí a la terraza, las copas de los árboles en el parque anocheciendo, la calle vacía, los coches aparcados.  Se estaban abriendo puertas invisibles.

Vuelvo a esta mañana.
Me he tomado un café y he desayunado muy lento. A las seis y media he decidido que me iba a nadar y después a trabajar. En la calle llovía. Alguien salía del metro. ¿A quién conoce esa persona? El pasillo del vestuario, casi todas las taquillas abiertas. He traspasado la puerta de vidrio. El agua tibia, el olor del cloro, el azul piscina, yo sumergida, como en la canción y en mi sueño, como la luz en la cama, como en la lluvia, como esto, esto que tengo en mis manos; no sé lo que es.

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