20 ago. 2016

Mi apuesta monstruo



Mi querida monstruosa tristeza:

No me gusta que vengas a visitarme. Me agotas, pero no puedo evitar que vuelvas porque no entras por la puerta ni por la ventana, APARECES por donde sea. ¡Tus poderes son increíbles! Luego te esfumas, de repente, sin dejar rastro.

Un día contigo es agotador, pero he aprendido a dividirlo en tiempos, en rounds, como los combates de boxeo. Primer round, la mañana. Segundo round, la tarde. Tercer round, la noche. Tras cada asalto, exhausta, me dejo caer... Es entonces cuando me sacas del agua en tus brazos, mi apuesta montruo del lago oscuro. Acabaré por sucumbir a tus encantos, a tu intensidad, a tus caprichos.

¿Mañana estarás?

Ah, que no lo sabes. Que es sorpresa.


¿Me llevarás un día al Tibidabo? ¿No te gustaría? Podríamos subir a la atraccion de la avioneta, cuando ya se haya ido el sol y empiecen a encederse las luces de la ciudad, y luego ir al museo de los automatas –te vas a sentir como en casa, ya verás– y luego me ayudarás a buscar aquel bar que en mi memoria tiene forma de tiburón, y al que me llevaron un día mis padres cuando era pequeña a comer un Frankfurt. Me encantaría volver a ese lugar, ojalá todavía exista. Te inyectaré una buena dosis de bilis negra, que yo sé cuánto te gusta eh... ¿Quieres?

Mi apuesta tristeza y yo en el Tibidabo. ¡Dime que me vas a llevar! ¡Dímelo ya!

En espera tu respuesta, te dejo un beso en tus monstruosos labios amargos.

Paola


p.d. Y  una canción.


King Krule - Baby Blue





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