Entre PJ Harvey y Pixies


PJ HARVEY - Dress from Gerri Sferrazza on Vimeo.


Toco la guitarra para desconectar del mundanal ruido. Este fin de semana he estado dándole duro a Dress de PJ Harvey. Me he dejado flequillo solo para poder moverlo mientras toco. No puedo describir cómo me vibra la piel cuando hago el Fa# del inicio y me imagino la batería a contratiempo en la cabeza. Y cuando paso al estribillo y siento la descarga eléctrica bajando por el mástil de la guitarra... Luego esa vuelta al Fa# como si nada hubiera pasado y no nos hubiéramos asomado jamás al precipicio.

Dress es, sin duda, la segunda canción más sensual del planeta después de "Hey" de  los Pixies. No estoy hablando de la letra, es algo así como las sensaciones que me transmiten...

Justo hace diez años que conocí a la persona que me descubrió el engima de las notas del bajo del inicio de "Hey". Estoy conmemorándolo a mi manera, hablando de una de nuestras canciones fetiche. Pasamos siete años de nuestra vida juntas y me apetece celebrarlo de algún modo.




89

En realidad, creo que el parque del laberinto no tiene por qué ser una fantasía amorosa. Puede ser un buen momento. Un lugar al que tengo ganas de ir. Y  sobre el Tibidabo, supongo que tengo en mi mente la imagen del 89, cuando me llevaban y comíamos en un bar con forma de tiburón y las mesas estaban justo dentro de la boca. En mi cabeza, todo ello aparece como un comic o una postal antigua de Coney Island.









Esta tarde he comido en un merendero en Montjuic y he visto a una mujer con ropa de deporte y  bolso. Creo que se encontraba mal.  Puede que fuera drogada. Sus movimientos eran lentos, también podrían haber sido los de un astronauta solo.

Cambiando de tema, estoy contenta, en general. Que es la mejor forma, supongo.

11 veces amor

Hoy me ha dado por pensar en que si hubiera una apocalipsis zombie, tal vez me gustaría más ser zombie que superviviente. Ser la amenaza. Pero luego, recapacitando sobre el tema, he llegado a la conclusión de que  los humanos también son un peligro para los zombies.

El otro día estuve revisando entradas antiguas y me sorprendieron los textos de épocas en las que reinaba el amor y trataba de explicar esa sensación de invencibilidad, que claro, puede confundirse con imbecibilidad, pero no era exactamente eso. Era la resistencia en bloque. Era ser dos.

Creo que es algo innato en los hijos únicos. Buscamos a los hermanos de nuestra imaginación y nos enamoramos de ellos; y ya no jugamos solos, y ya no hay un único reflejo en el espejo, y ya no nos sentamos solos en la mesa.  ¿Es posible?

Con mi amigo P siempre hablo del amor. El amor esto, el amor lo otro. Después de hablar, tocamos con la guitarra canciones de amor, algunas más evidentes que otras, pero casi todas, en el fondo, de amor. Volver a verle las orejas al amor

La próxima vez que tenga un amor iré al parque del Tibidabo. Es una fantasía amorosa que comparto con una amiga. Y ahora me he inventado otra: el parque del Laberinto. Y otra más: un lago. Uno. Me da igual, cualquiera. Me encantan mis fantasías amorosas. Las salvaré del incendio. Decía Bukowsky (un tipo que me cae fatal, a veces) rememorando sus tardes en la ducha con Linda:

(...) para mí, es tan espléndido como para recordarlo,
tras la marcha de los ejércitos
y de los caballos que pasan por las calles afuera,
tras los recuerdos del dolor y el fracaso y la desdicha (...)

Escuchando: Daughter - “Doing The Right Thing”, recomendada por A.

Fuga

Ayer estuve jugando a ping pong en la calle. Pasé muchas horas de mi infancia en los "pimpones", justo después de la piscina. Solía jugar descalza porque con chanclas me resbalaba. Cuando volvía a casa, mi madre me obligaba a ir directa a la ducha a lavarme los pies sucios. Ayer tarde, mientras devolvía la pelota e intentaba matar, pasaron un par de ex-alumnos que se dirigían al colegio; eran las tres. Uno de ellos me miró y sonrió, probablemente me reconoció. En su mente de niño seré la profesora que se fugó y dejó las clases para jugar a ping pong. Me encanta poder aparecer así en la memoria de alguien.

Me gustaría encontrar una canción que lo contara todo. Para después de escucharla poder decir, ¿lo ves? Ahí estaban todas las cosas que debíamos saber.

Me han robado el móvil. Soy mortal.



















ZzzZzz

Tengo el blog hecho un desastre. Un día de estos me pongo y ordeno el pie de página, barro un poco el header.

Hace mucho tiempo que no beso a nadie. En cierto modo, me parece algo muy bonito. Como si los besos volvieran a ser especiales y los cuerpos sagrados. Esto es lo que pensaba hoy en el metro. Virgen otra vez, como en aquella canción de Madonna. 


Mejor me voy a dormir.



Bravas patatas





Estoy cansada de las fotocopias. Creía que me iban a hacer feliz toda la vida, pero ahora me apetece ordenarlo todo, dejar lo indispensable. Que sea todo blanco. Encontrar la felicidad en una plantilla de blogger.

La lluvia cae sobre el techo de uralita. También en el terrado. Escucho atentamente mientras tecleo desde la cama. De niña me gustaba ir en coche con mis padres. Cuando llovía fijaba mi atención en alguna de las gotas que recorrían el cristal. Escogía una y la seguía. Imaginaba carreras y apuestas. A veces se juntaba con otra y se hacía más grande, se deslizaba rápidamente y ganaba. Una multitud eufórica en mi cabeza. Casi siempre era de noche. Soy una persona a la que le dan pena los zombies.

Imán.

Mi vecino. El vecino al que le subía la compra. Sí, aquel señor mayor. Está ingresado desde hace dos meses. Se han secado todos los geranios. Me dio pena; sé que las plantas eran su vida. ¿Debe pensar en los geranios mientras reposa en la cama de la clínica? Puede que se haya enamorado de una paciente de 77 años (¿Adela?) y esté feliz. Adela cosía. Llevaba medias bonitas cuando era joven. Puede que yo sea
la única a la que le preocupan los geranios. Debería investigar todas las clínicas de la zona en la que me han dicho que está ingresado, hacer una lista y llamar preguntando por él. Luego podría mandarle flores. No sé.