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La mañana que nos convertimos en especiales



Mi madre siempre cuenta que de pequeña la castigaron por preguntar quién era el Espíritu Santo. Y otra vez la castigaron por imitar a Sor María. Y otra vez por no lavar el trapo de costura. En los buenos tiempos, mi abuelo de verdad coleccionaba motos y brillaban tanto que la gente se giraba cuando subía por la Calle Calabria.
Mi abuelo de verdad, un día le dijo a mi madre "si pasa algo, mira dentro del bidón rojo". Mi abuelo de verdad saltaba a la cuerda y tenía un saco de boxeo. Mi abuelo de verdad tenía sonrisa de aviador. Mi abuelo de verdad le regaló ese pupitre a mi madre para que se convirtiera en una niña muy lista.

Mi madre me llevaba a trabajar con ella cuando no había colegio y yo siempre me aburría mucho, excepto cuando al mediodía íbamos a la playa. Y un día vimos un rodaje de una película en una carretera de la Costa Brava y yo me sentí muy especial. Y desde esa mañana me siento así, aunque eso signifique no encajar la mayoría del tiempo. El bidón rojo está en el fondo de nuestros ojos, tienes que mirar fijamente para verlo. Es una suerte tenerlo. Lo demás, carece de importancia. Mi madre me ha llamado para decirme "buenas noches".