Netol para los rasguños





Caminar por la playa tiene algo de travesía por el desierto. Me he sentido lejos de todo. La perra me sigue, nunca se aleja demasiado. Su devoción por mí no tiene parangón. Hemos dado 6523 pasos. A veces pienso que somos como los personajes de la Constelación del perro.

Hoy estaba todo el mundo contento porque empezaba febrero. A mí febrero siempre me ha parecido un mes tonto, como de relleno. Y todo el mundo decía que pronto llegaba la primavera. A mí no me hace ilusión, la verdad. Me veo bebiendo cerveza sentada en el mármol de la cocina.

A mí me apetece no estar. Me he dado cuenta caminando por la playa,  estaba desconectando y me sentía bien. 

A mí me apetece, no sé qué me apetece. Me apetece echarme a dormir y despertarme con todo lo de dentro brillante –y los rasguños disimulados con aquello, como se llamaba, ¿Netol? Y cantar: hoy estoy de celebración y no quiero ponerme trascendental, pero es que hoy empiezo a contar hacia delante.

No sé si tengo fuerzas para volver a hacerlo de nuevo.

Que alguien me haga la ola.