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Soy su humana preferida

Hay días en los que avanzo por el desierto y me encuentro con algún oasis para beber agua y reponer fuerzas. Como por ejemplo ayer noche, que fui al teatro a ver Limbo, una obra basada en textos de Miquel Missé y dentro del ciclo La Revolució dels Gèneres. En algún momento me sentí reflejada, tal vez porque una crisis existencial genera un cambio y un cambio un tránsito hacia otra etapa.

Después de la obra y cuando ya se había ido todo el mundo, Santajudy me enseñó la Sala Beckett, el edificio, y me encantó porque es antiguo y decadente, muy Poblenou. También entré en los camerinos y acaricié la ropa de las actrices. Santajudy me habló de los fantasmas y hubo un momento en el que oímos un ruído y nos asustamos. También toqué un piano antiguo, pero que estaba afinado, y hacía muchos años que no me ponía frente a un teclado. No se me ha olvidado. Supongo que un día de estos recuperaré mi piano y lo traeré a casa, adonde quiera que esté mi casa en ese momento futuro que estoy proyectando ahora mismo. Luego fuimos a tomar una cerveza y algunos gotas de lluvia se estrellaron en mi capucha.

El lunes me di cuenta de que había dejado de hacer cosas por miedo a mis crisis de ansiedad. Así que durante esta semana me he enfrentado a tres situaciones que me causaban temor. Lo peor que podía pasar era desmayarme. Gané 2 a 1. En una de ellas tuve mareos y se me aceleró el corazón, muy a lo Tony Soprano. Lo malo es que el hecho de tener que disimular me causa más mareo así que ahora intento avisar a todo el mundo de que puede que me ocurra. Aunque en según que situaciones y con quien no podré hacerlo. Bueno, ser una persona al borde del desmayo es lo que tiene.

Ayer, durante todo el camino al teatro me repetí la frase "vas a un lugar seguro", "vas a un lugar seguro", "vas a un lugar seguro, no te va a pasar nada". Me senté en primera fila y en pasillo por si tenía un ataque de pánico. Pero estuve bien, me sentí relajada. Me fui a dormir feliz porque pude controlar. Ayer gané la mitad de mi confianza perdida. Fue un gran paso. 

Mi tristeza ha dejado de ser intensa. La sentí un día a las ocho de la tarde en el que la luz del cielo era como la de otros días, otros días que no son estos. Tuve una sobredosis de melancolía. Luego se marchó. Por lo demás, me siento a gusto en soledad. Temporada ermitaña. Mi última así dio buenos resultados. Tengo la esperanza de que suceda lo mismo esta vez. Volver a motivarme y a saber lo que quiero.

La perri se coloca con el olor de mi pelo. No sólo olisquea, esnifa profundamente. También me esnifa el cuello y eso me hace reír. ¿Huelo bien o mal? Supongo que huelo a su humana favorita. 





La Orbea me ha quedado muy bonita. El otro día saqué todos los bártulos a la calle y la estuve limpiando otra vez, creo que podría limpiarla todavía más. Me relaja mucho hacer cosas manuales, cosas en las que tenga que poner toda mi atención pero no intelectualmente. También le cambié la bombilla de la luz trasera, fui a comprarla. La dinamo funciona. Mañana la vienen a ver. Avisé a mis vecinos que lo de las dos bicis en la escalera era temporal. Me dijeron que no me preocupara, que había confianza. (¿ah sí?) 



Comentarios

  1. Me gusta cómo escribes porque es como escuchar un río. También porque algunas de las cosas que te pasan a ti me pasan a mí también, sí, es verdad. Pero sobre todo porque leerte es como escuchar el sonido fácil y sencillo de un río.

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  2. hace años que he dejado de viajar, de salir, de vivir por miedo a desmayarme, morirme, vomitar, marearme... a mí me han vencido los miedos.

    brava Paola! :-)

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  3. No es por nada pero la bicicleta te ha quedado de lujo. Me da la sensación de que la vas a vender rapidísimo, porque es una preciosidad. Me alegro de haber encontrado tu blog; escribes de una forma muy bella. Un saludo y muchísimo ánimo con la ansiedad; es un lastre pesadísimo que espero no te acompañe durante mucho tiempo.

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  4. Hace algunos años pasé un periodo largo de tiempo con esos ataques de ansiedad. Aparecieron de repente y me dejaron absoltamente incapaz para hacer cualquier cosa: no podía hacer una cola en el supermercado, ni tomar el tren para ir a Barcelona ni salir a pasear sola por mi pueblo,...solo me sentía segura en casa. Se me aceleraba el corazón en medio de la calle y temía caer desmayada en cualquier sitio. No se como, poco a poco fueron desapareciendo.

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  5. No somos ni grandes ni pequeños, somos tan grandes como el tamaño de aquello a lo que nos hemos enfrentado. A los miedos no se les gana la guerra, se les ganan pequeñas batallas hasta que casi, casi desaparecen...

    La bici dan ganas de comprarla, la verdad...

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  6. Tranquilidad, relax, tomarte tu tiempo para hacer cosas que te apetezcan y te gusten... eres especial y única, Paola, y esa es tu mayor seguridad. Y por mucho que nos quieran hacer correr, no hay mayor placer que frenar e ir poco a poco, disfrutando de detalles, matices, gestos, charlas... creo que también es lo que me apetece ahora mismo. Estoy cansado de correr a ninguna parte

    Cuídate!!

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