Dos palas de ping pong

 


Hoy es miércoles pero parece un viernes lluvioso. Puede que haya estado escondiéndome tras el miedo al desconfinamiento para no retomar mi vida. Si no recuerdo mal, tenía asuntos por resolver... 

Tengo una contractura, supongo que porque estoy inquieta (rígida), ayer me puse una pomada que tenía por aquí y que se dejó Molly Nilsson. No me acordé de devolvérsela. Cogí el coche y metí la mano en la guantera y estaba llena de tickets del parquímetro de la playa. Recordar el verano pasado me llenó de melancolía y estuve varios minutos dentro del coche, en silencio, antes de arrancar. 

Creo que estoy en la fase de tristeza. Hay días en los que no le encuentro gracia a nada. Como cocinar sin sal. Sin embargo, me he comprado dos palas de ping pong. Deseo muchísimo jugar a ping pong. Ahora tengo que buscar a alguien para jugar, es lo que tiene el ping pong. Debería haber una aplicación para buscar a personas con tus mismas aficiones, o algo así, pero que no quisieran ligar. Eso no me apetece. No es ni lo último que me apetece, sencillamente, no está en la lista.

La semana que viene volvemos a los ensayos. No sé si hará que me sienta mejor o no, espero que sí. Mi telecaster suena mal. Creo que es subjetivo, pero ya he quedado para que le echen un vistazo y la calibren. 

















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