Que todo vuelva a brillar


Ha llegado septiembre, hay cosas que se acaban, otras que empiezan. Algunas continúan. En mi semana de vacaciones descubrí una playa a la que no había ido nunca y, a pesar de tener un chiringuito, se respiraba calma. Tengo ganas de volver un día de estos para fantasear de nuevo mientras escucho el mar. Del chiringuito me sorprendió la música. Silencio hasta las dos de la tarde, pero entonces, a esa hora el camarero siempre ponía discos enteros de Toots & The Maytals. Era esperanzador. Como si aquel chiringuito fuera la primea línea de una novela. Esa historia empezaría la última semana de agosto con unas sombrillas volando en mitad de la playa y una palmera cayendo encima de un hombre de 41 años (RIP).


Las cosas están mejor, pero no están bien del todo. Mi motivación pega bandadas. Unos días mucha, otros días nada. Todavía me parecen tristes algunos lugares, como si hubieran perdido aquello que los hacía especiales. Es difícil volver a ellos, de momento. En esos sitios-persona encontraba fragmentos de mi verano de los doce años, aunque no tuvieran nada que ver con aquel verano, pero sí con las sensaciones.

Qué largo es este final. Cuánto cuesta desprenderse y quedarse con los pies colgando, como otras veces.


Comentarios

  1. Regresar, abandonar el descanso, siempre resulta por demás complejo.

    Ya quiero leer la novela que tenga ese comienzo.

    Saludos,

    J.

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  2. Las cosas están mejor, pero no están bien del todo... Esa frase resume mi vida de los últimos años, la pandemia ha servido para señalarnos con el dedo cosas que siempre estuvieron ahí.

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  3. Lo que está claro, es que tarde o temprano todo volverá a brillar.

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