2/1/21

Día 2


Hoy he vuelto a casa, después de 16 días intensos, de mucho estrés y emociones. Durante esta semanas he dormido en dos camas distintas; en la del hospital, junto a mi madre, y luego, en la mía de adolescente. Esta noche lo haré en la que es mi cama desde hace casi ocho años. 

Cuando he abierto la puerta, el sol inundaba el comedor. Dejé todas las persianas abiertas para cada día estuviera iluminada porque es una casa con alma. En cierto modo, cuando me marché, sentí que iban a pasar muchas cosas. Las guirnalda de luces solares del balcón se ha encendido cada noche.

Cuando he llegado, inevitablemente olía a cerrado, como cuando vas a ver un piso en venta o de alquiler. He ventilado y he encendido la calefacción,  están siendo unas semanas de temperaturas insualmente bajas en Barcelona. La perri, lo primero que ha hecho, para celebrar que ya estábamos de vuelta, es salir a la terraza a tumbarse en su cojín de tomar el sol. Yo he llenado la nevera de comida, y luego me he puesto a su lado con un vasito de vermú.

Por la tarde, he estado tocando la batería durante hora y media. Este va a ser el año en el que voy a aprender a tocarla, dentro de unos meses ya sabré bastante como para, quizás, quién sabe, meterme en algún grupo o sencillamente disfrutar a solas. Lo bueno de tocar, ya sea la guitarra, el piano (antaño) o la batería, es que me evade de esos posibles problemas, todavía no presentes, que siempre rondan por la cabeza como fantasmas del futuro.

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