Gestos, palabras, Venecia

Siento un dolorcito por todo lo que no ha salido bien y por lo que se acabó. Un dolorcito que me adormece y que parece que no vaya a desaparecer pronto. Hay momentos en los que se desvanece como el vapor que sale de mi boca. Pero no me desespera, la vida me compensa de otras formas. 

Hoy me has escrito que hay un nuevo comienzo en cada esquina. Me he acordado al sacar la basura. He pensado en si, al cruzar la calle, me encontraría con ese principio.

Los fantasmas... cómo vuelven. Se instalan en los gestos, en las palabras, en la nevera.

Como consecuencia de empezar a leer "El palazzo inacabado", de Judith Markell, estuve pensando en Venecia, planeé que podía volver a buscar algo. Algo que quedó atrapado una mañana. Ese algo fue una sensación, un momento, una escena: un chico sentado en el muelle comiendo una porción de pizza al sol, despreocupado. Yo lo vi de lejos, desde el vaporetto. Había mucho silencio. Parecía universitario, era moreno, el pelo despeinado. Las fachadas, rojizas. Las piernas le colgaban y casi le rozaban el agua. Yo era 12 años más joven que ahora. Y el chico del canal también será 12 años más mayor ahora. Sin embargo,  para mí sigue en aquel muelle, bajo el sol... despeinado y universitario.

Comentarios

  1. Los recuerdos son esas bolitas calientes que guardamos para cuando llega el frío. No importa si son mentira, reales o invención, dan calor....

    A veces parece que nada funciona, da igual lo que hagas por arreglarlas, siempre acaban por estropearse. Es mejor no pensar mucho en ello...

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    1. Sí, luego esto también será un bonito recuerdo.

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