jueves, octubre 28, 2010

Un motivo para hacer caravana todos los días




La caravana que hacemos todas las mañanas no es para ir a trabajar. La verdadera razón es contemplar cómo estalla el amanecer en la C-58. Impresionante. Hay que vivirlo.

jueves, octubre 21, 2010

Una puerta, una calle, un cojo. Este blog cumple 7 años.



Por tercer día él ve amanecer desde una cama vacía, por tercero le oímos persignándose, Jesús, José y María. Y el tercer día, jura, es el peor. Le tendríais que ver: de rodillas con cara de idiota arañando el parqué.

Hizo listas de las personas con las que había dormido. Puso en rojo los nombres de aquellos que resultaron heridos. Su apellido figura una vez, de cada cinco o seis, en un rojo tan vivo que al mirarlo dolía. Él lloraba y gemía al pensar que le quedaban aún otros tres días.

Y cambió los muebles de lugar un treinta de noviembre. Fue a dormir y de nuevo, al despertar, estaban donde siempre. Que es diciembre, no abril, el mes más cruel, quién se lo iba a negar, si las horas le duran hoy lo que dura una vida, si el plan de su vida a día de hoy consiste en nada más que en llegar al cuarto día.

Llegaré al cuarto día, gemía. Pero lo peor, señor, es que llegará, es que llegará,
y que a ese día le sucederá otro día más, y otro día más, y otro día más, y otro más, y uno más, y otro más, y uno más, y otro más. Y uno más.
(Nacho Vegas, El tercer día)


"El tercer día", una canción de Nacho Vegas que escucho todas las mañanas en el coche desde hace una semana. La pongo nada más salir del parking. Miro el cielo y pienso que no va a llover. A veces pienso que sí. Veo a las primeras personas del día pasar por la acera y casi siempre me cruzo con un hombre que es cojo y lleva traje. Si me lo encuentro quiere decir que voy justa de tiempo. Y me acuerdo de eso que dicen, que la suerte trae cojos. Es al revés.

Pienso mucho, porque a esas horas también pienso en la suerte. Qué suerte tengo, no se me cae la puerta del garaje encima. Qué suerte tengo, nadie se salta un stop. Qué suerte tengo de no llegar tarde a pesar de la caravana. Qué suerte tengo, no se me cruza una bici en esa calle en la que si se te cruza una bici no la ves. A mí los horóscopos me suelen gustar bastante. Están mal vistos, como fumar, por eso los leo a escondidas, en la terraza. Hace un tiempo, un astrólogo leía mi blog y hacía la predicción para mi signo -libra- basándose en lo que yo había escrito. Fue una temporada muy divertida llena de casualidades falsas que ahora recuerdo con cariño.

La letra de esta canción me tiene loca. Es que la entiendo y no la entiendo, es lo que me gusta. Tiene que ser muy chungo que siempre queden tres días y no llegue jamás el cuarto.

Por cierto, este blog cumple 7 años.


martes, octubre 19, 2010

Y yo estaré vuelta del revés




Hoy he ido a dar una vuelta a la biblioteca para entretenerme, el tiempo de descanso del mediodía sigue siendo una tortura, aunque a veces esté con alguna compañera, que se agradece. Una tortura como cuando era pequeña y tenía que comer en el colegio. Yo quería ser transeúnte y no fija, quería quedarme "algunos días" a comer, pero no todos. Levantar la mano sólo a veces. Estar de paso por el comedor, pagar con una moneda de 500 pesetas y que me dieran el cambio.

Bajaba este mediodía las escaleras de la biblioteca arrastrándome, cuando un grupo de personas mayores de setenta años que asistía a un curso sobre Internet, descubría la pestaña "Imágenes" de Google. Ha sido deslumbrante. He tenido la suerte de presenciar ese magnífico momento de ovaciones y madre mías. En serio, es impactante ver a tanta gente emocionada por algo tan sencillo. Me hago fan y quiero para mí una pestaña de imágenes de Google jamás vista, una pestaña por primera vez, una pestaña sin estrenar, que me saque de la rutina de mis mediodías repetidos.

(Tengo que esperar un año más para poder cantar la canción del vídeo en condiciones. Se me está haciendo más largo... "Yo tengo 33 y tú eres casi una menor/ cómo es posible que entre tú y yo/ exista algo que dure un tiempo.")

domingo, octubre 17, 2010

Tomando decisiones: ¿Me gusta Miqui Otero, Kiko Amat, la Nocilla... o no?



Si la cantidad de 1500 euros al año me blindara contra todos los resfriados y sus primos hermanos (gripes, neumonías, anginas, etc.) os prometo que los pagaría sin pensarlo. Estoy atravesando un catarro. Mi cabeza está dentro de un túnel, mi tos provoca desprendimientos en las carreteras de las montañas rocosas, mi boca es esa planta seca y olvidada en el balcón durante las vacaciones.

Ayer empecé a leer uno de los libros que me regalaron por mi cumpleaños: Hilo Musical, de Miqui Otero (Alpha Decay, 2010). Hay un vídeo promocional de la novela al principio de esta entrada.

Inicié la lectura con mucha ilusión, pero no logré concentrarme. Era como estar presenciando un espectáculo de magia viendo todos los trucos. ¿Por qué no me gusta algo que tiene un montón de puntos para gustarme? ¿Por qué no soy capaz de leer a Kiko Amat hasta el final? ¿Por qué no me engancha Nocilla Dream? ¿Por qué leyendo a Unai Elorriaga me retuerzo de rabia? ¿Por qué siempre son hombres?

Desgraciadamente, no me ha gustado demasiado el principio de la novela de Miqui Otero, ni los libros enteros que he leído de los autores que acabo de nombrar. No me meto dentro de sus historias porque todo el rato los veo a ellos escribiendo y escuchando música en casa, bebiendo en un bar con los amigos y comprándose unas Converse como las mías. Eso no me pasa con otros autores. Me refiero a que... es como si el escritor fuera también el protagonista principal de la novela. Parecen blogs. Eso es, parecen blogs, blogueros.

Todo esto sé que me lo comeré con patatas un día de estos, pero bueno.

Y ahora las contradicciones, que no los tambores. Reconozco que me gusta Unai Elorriaga cuando escribe que "las plantas no toman café con leche", y Miqui Otero cuando dice lo del calor seco de Madrid en el ascensor:

Estoy solo en algún punto de la costa mediterránea, a las puertas de uno de los mayores complejos de ocio de Europa, y hace calor de verdad. Pero no calor de estar en un ascensor de Barcelona y decir: "En Madrid es más seco". No, hace calor de querer estamparte contra un iceberg y quedarte cristalizado dentro de uno de esos insectos en una bola de ámbar. Al menos hasta que todo esto haya pasado.
(Miqui Otero, Hilo Musical)


No sé qué hacer. ¿Dejo de leer el libro y lo retomo dentro de unos meses o aguanto hasta el final para ver si cambio de opinión? En el fondo sé que si en vez de novelas escribieran blogs me encantarían. O novelas gráficas. El problema es mío, seguro.

jueves, octubre 14, 2010

Jueves de cumpleaños feliz


Hoy he cumplido 32 años. Nos hemos acordado de que no teníamos pastel pasadas las 9 de la noche. Hemos ido corriendo al corte inglés.



He puesto todo los regalos encima del piano y les he hecho una foto.




Todos menos uno:







No quiero que se muera nadie.

domingo, octubre 10, 2010

Aeoropuerto- post en directo



Aeropuerto: lugar en el que la gente se disfraza.

Lugar en el que la gente siempre lleva muchas chaquetas, pero ninguna puesta.

Lugar para llevar botas con chándal.

¿Alguien más se ha dado cuenta o es cosa mía?

sábado, octubre 09, 2010

Superfan de una fruta y de un arte marcial




He probado por primera vez una fruta: la granada. Puede que a alguien le sorprenda. La verdad es que yo también me quedé a cuadros cuando conocí a una chica que jamás había comido cuajada, lo bueno es que en la misma semana supe de dos personas más que tampoco la habían probado nunca. Qué fuerte, y yo que creía que la cuajada era un lácteo mainstream.

La granada me tiene fascinada. Me he estado informando en google. Es una fruta excepcional, muy sana, antitodo lo malo que puedas imaginar. Dentro tiene unas bolitas de color naranja transparente que parecen canicas de cristal, estallan en la boca cuando las masticas. Su sabor se parece al de la uva.

Así que, básicamente, estos días los paso comiendo granada y practicando taekwondo. Sorpresas que te da la vida. El otro día hicimos nuestro primer combate juntas en el gimnasio. Cada vez que le arreaba una patada le preguntaba si le había hecho daño. Cuidarse en medio de un combate es complicadísimo.

Ahí están nuestros duboks, requeteblancos y desprendiendo olor a suavizante. Listos para empaparse de nuevo en sudor.