Últimamente estoy viendo unas cúmulonimbus impresionantes a eso de las 17:30. Están en el horizonte del mar de la ronda litoral, tras esos bloques de cemento cuadrados que tapan la playa, pero si te fijas bien puedes ver cómo se asoma entre cubo y cubo. Nunca hubiese imaginado que la vida estuviera tan llena de cúmulonimbus, de nubes preciosas y crecientes avisando tormenta. Y eso es buenísimo porque a mí la lluvia suele traerme suerte.
No puedo poner ninguna fotografía de la nube en cuestión porque las fotos siempre me pillan conduciendo, ya se sabe, la continua atracción por la imposibilidad, pero pongo esa otra de estratocúmulos, o eso creo.
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¿He contado alguna vez que el amanecer en el Nudo de la Trinidad es hermoso? Una franja naranja en el cielo, luces de freno que se encienden y se apagan, intermitentes que parpadean, paneles que informan de los límites de velocidad y de las caravanas, el autobús dorado de "Autocares Jimenez" vacío -¿dónde están los pasajeros?- y un trozo de neumático en el arcén.
¿Cuántos coches coinciden a las 8:25 en todas las vías que forman el Nudo? Debe ser una cifra bestial. La mujer que da el tráfico desde el helicóptero lo debe saber. Hace mucho que no la escucho. Podría enamorarme de ella.
Cuando ya ha salido el sol, los rayos rebotan en las cristaleras de los bloques de pisos. Una vez vi a una mujer limpiando una de las ventanas. "Qué suerte", pensé. ¿Por qué pensé eso?
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Hoy me han preguntado: ¿dejarías de trabajar si te tocaran tres millones de euros? Por supuesto que sí. Hay gente que ha dicho que no. Se creen que les van a dar un premio cuando salgan por la puerta.
Yo dejaría de trabajar, y ojo, a mí me gusta mi trabajo, pero qué quieres que te diga....
Volvería a la universidad -me sacaría filología, psicología y probaría con alguna ingeniería-, me dedicaría a mi blog, estudiaría piano todo el tiempo que quisiera, me apuntaría a la piscina, escucharía la radio mientras desayuno, tocaría la guitarra muchísimo más que ahora, iría cada día donde me diera la santa gana, escribiría relatos sobre boxeadores, me pasaría la mañana en la biblioteca sacando cosas gratis, haría la cola de la pescadería, en verano iría a la playa, me sacaría el carné de socorrista, no me tiraría jamás en paracaídas, me pasaría una semana comiendo pasta para ver qué pasaba, iría los miércoles por la noche al cine con Carol -ella también podría retirarse y podría acompañarme en todo esto. Me convertiría en la puta ama de la vida sencilla y tranquila.