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El novio de Lucía

El novio de Lucía usa mirada miope. "Eso le hace muy interesante", piensa ella. Por la mañana, cuando se miran de cerca, su ojo izquierdo, un poco torcido, no la encuentra del todo, y ella se relame con esa traición. Lucía exige unas manos como las que esculpía Rodin, con las venas marcadas, expresión y el pulgar ligeramente inclinado hacia fuera. Qué afortunada es porque él las tiene así. Incluso, el novio de Lucía tiene un nombre como los que le gustan a Lucía , de esos que se recrean en la boca. Mi-guel... A ella le parece que la primera sílaba es como una gatito, también muy íntima y un beso hacia dentro, contenido, que después se libera en la segunda sílaba, alargada, como si nunca se acabara mientras la lengua roza el paladar. Miguel, miel, se le hace la boca agua.
Pero en realidad, yo no quería escribir sobre el novio. El novio no me importa nada, es verdad... y aún digo más, el novio se parece tan poco a lo que Lucía ve, que la miope es ella. Pero quién soy yo para meterse.

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