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ropa de temporada

Por las mañanas, mi chaqueta nunca abriga lo suficiente. Pero después, al mediodía, casi siempre me la quito y tengo calor, aunque pocas cosas me abrigan cuando miro tus fotos. Estás de espaldas y sigues hablando por teléfono después de varias semanas. El azul de tu camiseta está intacto. Los pantalones aún te caen por debajo de la cintura y tu pelo es el mismo que me tocaba la cara cuando viajaba a tu nuca. Fuera, desde donde te miro, coleccionaba deseo sin preocuparme de si estarías o no estarías algun día. Lo que es seguro es que yo me entretenía con la digital mientras esperaba que colgaras.
Desaparecerá y el armario de tu derecha no habrá guardado nunca tu abrigo. Ni yo me acordaré de haber perdido una pulsera que no encontré por el suelo. Pero en la foto, a tu lado, encima de una mesa, junto a tu jersey y a un bulto que no logro distinguir, está mi chaqueta, la que no abriga, del mismo color que ahora, entre tu ropa, tus guantes, dejada de cualquier manera, casi rozándote una pierna. Y mañana, antes de salir de casa, cuando haga frío, me la pondré , para que aún me mezcle contigo y tus cosas.

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