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hay muchas farolas

Hay muchas farolas, seguro que más de mil... Son esas cosas que parecen llamitas desde las nubes. Es difícil encontrar una calle oscura en Barcelona para intimar en el coche, intimar del verbo intimar: *dicho de un cuerpo u otra cosa material, introducirse por los poros o espacios huecos de algo. Además, no me veía sacando un tirachinas de dentro del bolsillo y cometiendo un acto incívico para fundir todas aquellas luces anaranjadas. Para fundirlas todas. Lo curioso es que finalmente ella aparcó delante de mi anterior trabajo. Su pelo era parecido a la lluvia y resbalaba en mi rostro. Últimamente pensaba que había estado siguiendo una dirección equivocada o una dirección prohibida, pero volver casualmente-de-nuevo-aquella-calle fue una sonrisa del azar para seguir en rumbo y también encontrar un marcapáginas en un libro olvidado.
Mi corazón en rótulos de neón.
Estreno algo nuevo para que me dé suerte.

Recibí un mensaje desde París. Con una promesa. Se habla tanto en futuro que mi imaginación tiende a recordar cosas que no han sucedido. Pero lo que quiero es conjugar el presente que de siempre ha sido el más fácil.


*Según la rae (Real academia española)

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