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Madriz, Madrid, Madrit

En mi casa todo va muy bien. Mi madre está recuperada del último susto de su enfermedad y mi padre parece un chaval desde que le pusieron el muelle en el corazón, que según el médico, cuesta los mismos euros que un BMW. A veces oímos un brumm brumm en el comedor y es mi padre que se está arrancando. Aún así, le quedan seis meses más de baja, y si hasta entonces no ha recuperado nada de lo que perdió con el infarto, quizás se planteen la invalidez total porque el cardiólogo dice que con un 42 % de coraçao no se puede trabajar. También están al caer las pruebas de control de cáncer de mi madre, creo que son la semana que viene, así que en dos semanas tendré a mis padres revisados y a los perros con la melena corta, porque tienen hora mañana en la peluquería canina.

Un momento, hay algo asombroso. Los vasos de agua no solo son gratis en Sevilla, también lo son en Madrid. Incluso nos explicaron el caso de la jarra de agua gratis y con hielo, que a mi me pareció lo más de lo más. El año pasado pedí un te con hielo en un bar de Barcelona, donde vivo, y me cobraron el hielo a parte. Tiene su lógica, porque si te cobran el agua, como no te van a cobrar el hielo que ha gastado luz de la nevera y todo.

Ictioscopio nos vino a recibir al aeropuerto de Madrid y tiene los ojos azules eléctrico. Me entregó el premio del sorteo del programa de radio Fabuloseando: Una fabulosa camiseta naranja con el logo del programa!

Maravilloso el calor que hace en Madrid, tan seco, tan sin una pizca de humedad. Los dedos se deslizan por los brazos, suavemente, sin caricias pegajosas. Eso sí, nos traicionó el horizonte un par de veces y estuvimos buscando el mar. Increíble, fue inconsciente. Sucedió en dos ocasiones: la primera al lado del Palacio Real, detrás de la verja, qué bonito el mar. Y la otra, bajando al parque Juan Carlos I donde había un horizonte parecido al que se ve desde mi facultad.

Hacia el fondo, allí debería estar el mar.
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