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catalina

Me he propuesto acabar con la paciencia de todas las profesoras de repaso de solfeo. La de éste año se llama Catalina y es de Ibiza. Es una chica de 28 años, muy morena -se debe llevar las playas de la isla allá donde va- y tiene ojos carbón. Además, he decidido que venga a casa a darme la clase porque así, los do re mi fa sol la si do son más familiares. Acaba de irse. Creo que haremos migas. Hoy me ha hablado de la claustrofobia isleña; por lo visto, echaba de menos unos cuántos kilómetros más de carretera y por eso aprendió a navegar.

En casa se han comprado un timbre *inalámbrico (que alcanza hasta 50 metros) para llamarme cuando estoy en el estudio. Cuando suena quiere decir "¡Ven!" El botón está en la cocina. De las diez melodías a escoger, me he puesto un cu-cú cu-cú cu-cú para ver si así me espanta los pajaros de la cabeza. De momento, lo único que sucede es que me doy un susto tremendo cada vez que suena. También me gusta ir a la cocina y apretar el timbre para autollamarme. Quién no necesita algo de atención en un momento dado...

Hoy he estado en la sala de informática de la facultad. En una mesa había una maceta con flores lilas. Me he levantado y le he preguntado a la dueña de la planta, que era una chica que estaba en uno de los ordenadores, si me dejaba hacerle una foto. Me ha dicho que sí.

Aquel minúsculo oasis entre las máquinas me ha recordado a ti. Hubiese sido un desplante, y nunca mejor dicho, no haberte prestado atención. Ha sido uno de los muchos pensamientos que te he dedicado hoy, como el tuyo de ayer, cuando calculaste a que hora acababa mi clase para mandarme un beso. Está claro que valoro que alguien de letras haga matemáticas y cálculos, aunque sean fáciles, por mí.




Hoy descanso de voz. Me he pasado la tarde cantando.

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* También se puede escribir inhalámbrico pero la RAE sugiere la forma sin h, inalámbrico.

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He estado actualizando mi móvil-foto-blog*

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