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sin nada que hacer, mirando a las paredes y al suelo también


En el self-service de la facultad sigue habiendo esa salsa para todo que hace que todos los segundos platos tengan el mismo sabor. Lo difícil no es comer sola. Lo difícil, más bien, es escoger el segundo plato. Lo otro es aburrido. Por eso miro hacia las paredes. Y mirando hacia las paredes descubrí este cuadro. No sé el autor/a pero ha utilizado esos colores tan "gauguin" -creo que a quién lo hizo le gustaría mi comparación-

Vemos a tres mujeres tomando café. Dos están muy juntas. Muy juntas porque los brazos de ambas se tocan y las melenas también. En el otro extremo de la composición encontramos la figura de otra mujer que esconde la cara tras un abanico y mira de reojo a las otras dos. La morena de pelo azul se trae algo entre manos, maneja intrigas. Y por si el gesto no lo deja claro, encima tiene un gato delante. La traición. A la pelirroja, el pelo se le ha puesto así del puñal que lleva clavado en la espalda. Aún así, sigue siendo la protagonista del cuadro y a la que mejor futuro le espera. La expresión de su cara es la más sana. Sonríe, ve mundos, a pesar de. A la rubia le está sentando mal el café. La mala consciencia acabará manchándole el vestidito rosa.

En cuanto al decorado, podría ser un jardín. Hay flores, vegetación, fruta. El entorno ideal para morder la manzana.

Se me olvidaba: el puré de verdura se deja comer.

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