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Porque me apetece



En el 94 fui a un concierto de Aerosmith con dos compañeras de instituto, con V. y con M., a las que todos llamábamos las aerosmith porque una era rubia y la otra morena. Nos conocimos en los pasillos, tal vez, y nos hicimos amigas. Yo cantaba en un grupo y le poníamos muchas ganas. Tenía una moto amarilla con un minimaletero debajo del asiento, siempre guardaba allí mi micrófono. Los jueves a las siete iba a la escuela de música a aprender guitarra pero casi siempre pasaba antes por casa de mi vecina que tenía el Canal Plus pirata. Uno de esos jueves daban la película sobre los Doors de Oliver Stone, y me quedé haciendo campana de guitarra con ella. Y desde ese día nos hicimos fans de Jim Morrison y yo dejé de ir a las clases de música. Fui a una tienda de discos, cuando aún exístian las tiendas de discos de barrio, una que estaba al lado de donde vivía mi abuela. Le pregunté al vendedor si tenía discos de los Doors. Me dijo que si le quedaba alguno estaba en la trastienda. El hombre me sacó dos vinilos, el Morrison Hotel y el L.A Woman. Me los compré y fui corriendo a escucharlos con mi vecina. En Febrero nevó.

Carol ya estaba en la universidad, en segundo, y debía pasear sus ojos verdes por la facultad fulminando a su paso todos los árboles como un rayo. Yo miraba la nieve acumulada en mi terraza y no quería que se derritiera. Le escribía poemas a alguien, a Carol seguramente, pero tardé doce años en conocerla. Ahora vuelvo a ir los jueves a la escuela de música pero a las nueve de la noche, a la hora de dormir como le digo a mi profesora de piano, y este viernes voy a la ópera. Pero ya con Carol.

Todo lo que planeábamos en el instituto acaba haciéndose realidad.

Y ahora me vuelvo a mis cosas que hoy ya me ha pillado el toro.

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