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Transbordo

No es que ya no tenga ganas de escribir,  es que he dejado de sufrir por un tiempo.

Esta primera frase me ha quedado muy bien, intensa y dramática, pero no es del todo cierta. No estaba sufriendo  –mis últimos trances  existenciales prescribieron en agosto. Sencillamente, ahora mismo mi vida parece un lago con patitos inocentes, recién nacidos, que disfrutan del agua y no piensan en las migraciones al Monte Everest ni en aprender a volar. No pueden pensar en ello porque no lo saben.

Espero que no me pase como a los protagonistas de The Walking Dead cuando les ponen canciones felices, que al siguiente "cuadro" (según el lenguaje audiovisual de mi madre) están rodeados de zombies o de humanos armados con pistolas y metralletas. Bueno, si es así, tendré que desplegar mis defensas otra vez.

He dejado de preocuparme por el dinero, el futuro, el destierro, la languidez... Más o menos, todo ocurrió cuando empecé a hacer el transbordo de la línea amarilla a la verde cada mañana en Paseo de Gracia. Ese pasillo no-lugar te empuja a estados contemplativos y, a su vez, al movimiento. Es algo así como un trayecto de cambio, de transformación, con toda la simbología de los puentes, los vínculos y las conexiones. Es muy importante en todo esto el chico de la tienda de Orange que está al inicio o al final, según sea la dirección. Es el personaje secundario que le da continuidad a la trama. No hablamos nunca pero nos caemos bien. Yo sufro por sus horarios y desde aquí los denuncio.

Y creo que, como contragolpe musical a "la continuidad de los pasillos", nada mejor que una base de bajo y sintetizador un poco siniestra, un poco caballos en la noche, un poco ventanas con luz, un poco fábricas y calles de Poblenou.




Horses At Night (official audio) from Still Corners on Vimeo.









Comentarios

  1. Hace un rato leía una entrevista con Boby Gillespie en que venía a decir algo similar, sobre el brillo de la escritura y el sufrimiento. Siempre he pensado que los mejores textos nacían de la sangre, y las vísceras, y el dolor, y la rabia. Supongo que es pura cuestión de pureza y desinhibición. En cualquier caso, siempre es bueno aprovechar fuerte los momentos de calma y felicidad aparente, que la vida es muy perra; y parece que le dé rabia vernos felices, que siempre tiene preparada alguna putada que echar en el tablero en la próxima manga. Buff! Hace bastante que no hago ese transbordo terrible. Es un escenario muy cinematográfico, ciertamente. De peli de terror, o de thriller dramático. Yo últimamente estoy muy enganchado al último disco de Night Beats. Y ahora estaba escuchando el anterior, y es tan o más bueno. Y me queda otro primero por descubrir. La música es infinita. Y el viernes cantaré a grito pelao "la ciencia es mentira sin ti" (sigo enamorado de esa frase. Quizás no escuchaba una igual desde el "and if a double-decker bus, crashes into us, to die by your side is such a heavenly way to die...")

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