No me quita ojo

Me enternece notar su diminuto hocico tras mi oreja izquierda. 

Hoy he hablado con E acerca de cómo los perros acaban pareciéndose a nosotros a base de observarnos minuciosamente; son capaces de entendernos sin conversaciones de por medio. Únicamente nos ven y están presentes. Es un gesto de amor puro. Hoy he sacado a Croquet a la terraza. He puesto su camita en la silla de al lado y he visto cómo me miraba, acurrucada. No me quitaba ojo. 

Yo también lo hago cuando me gusta alguien, observo todos sus movimientos. Es algo que me sale sin pensar. Y hago descubrimientos asombrosos, que a mí me parecen importantes, aunque fuera de contexto puedan parecer poco significativos. Recuerdo un día en el que me fijé cómo cruzaba los pies bajo la silla tal persona. O tal otra. Y lo guardé en mi catálogo privado de no se sabe qué.

Quisiera convertirme en perra para poder mirar sin pestañear y sin tener que dar(me) explicaciones.

Al levantarme, he escuchado las bocinas fantasmas de los barcos espantando la bruma. He subido al autobús y he estado mirando por la ventana las ramas de los árboles. Estaban húmedas. Estoy entre aguas. Mi corazón es a veces un desconocido que viene a tomar café todas las noches a la misma hora, en esa cafetería que he abierto sólo para noctámbulos. Está en la calle Pujades. Huele siempre a grano recién molido.


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