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Mierda de pato

Mientras me preparaba el desayuno, Perri ha encontrado una enorme hoja seca en la terraza. Se la ha llevado en la boca hasta su campamento. La hoja abultaba tres cuartas partes de ella; por el pasillo parecía una perra arrastrada por una hoja, y no al revés.

He comido lo mismo que cené: dos bikinis ("mixtos" en madrid). Los he disfrutado, como si fueran un paella (o algo así), en junio, cuando empieza el calor, un poco de borrachera, con una churri con la que follar luego durante la siesta... Pero ha habido un momento en el que el pobre sandwich se ha sentido abrumado por tener que sostener toda esa fantasía, y ha dicho basta, se ha desmoronado. El queso fundido en mi boca y el jamón. Mastica, mastica, mastica... traga, traga, traga. Bebe.

Después de acabarme los bikinis mixtos, mi compañera de piso ha gritado: me voy a dar una vuelta. Ha optado por el movimiento. "El movimiento es vida", decía Brad Pitt, con acento español, en aquella peli de zombies.

Yo no sabía qué hacer. No se me ocurría nada en ese momento. Ahora se me ocurren muchas cosas para ese momento: desde ir a un museo, a ir con perri a dar un paseo, a irme a tomar un cafe, a llamar a esa chica a la que le gusto y que ignoro. Nada de esto se me ha ocurrido. Finalmente, se me ha ocurrido fumar marihuana. He entrado en una espiral de preocupación. Y el boquete ha ido creciendo y creciendo. He podido meter el puño entero, un fist fucking existencial.

He sobrevivido.

He acabado viendo una adaptación en peli de Un cuento de Navidad, de Dickens. Una adaptación británica, elegante, con esa iluminación tan teatral y esos tres espíritus del pasado, presente y futuro, tan retro...

He vuelto a sobrevivir.

jeje