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De insomnio feliz

He escuchado un pájaro. Los pájaros que cantan de madrugada, cuando todavía no ha salido el sol, me inquietan. Acabo de levantarme porque no puedo dormir.  Escribir me relaja. Soy muy afortunada porque estos caprichos nocturnos sólo me los puedo permitir viviendo sola. Cuando vives con alguien tienes que adaptarte, no puedes hacer ruido ni dar vueltas a las cinco de la mañana.

Supongo que el ser humano quiere hacer de esta experiencia (la vida) algo trascendental, pero hoy siento que somos una parte muy pequeña del universo y que el cosmos es maravilloso porque jamás acaba, o porque ha acabado hace mucho tiempo.

He empezado a pensarlo mientras bailaba, pinceladas, no era un pensamiento argumental, eso lo estoy haciendo ahora. Mientras bailaba y escuchaba todos esos sonidos salvajes, géisers irrumpiendo de la tierra, volcanes en erupción, ruidos industriales como óxido y criaturas eléctricas e invisibles que yo imaginaba. Tenía la mente muy excitada. Björk era como una aparición fantasmagórica en medio de una selva extraña. Bailar es tan liberador. La sesión ha empezado a subir de intensidad más o menos a las 22:00, que ha sido cuando he mirado el reloj y he pensado, oh, esto es maravilloso y no podía parar. Bailar es algo ancestral. Creo que nos conecta con nuestros antepasados primitivos. O tal vez con animales. Yo creo que he sido un caballo en algún momento. Puede que sea un caballo ahora mismo.

Me han llamado para otra entrevista de trabajo. 

Qué bien, ya tengo sueño. Mañana me reiré de lo que he escrito. Siento un poder inagotable y sutil. Hoy me gusta todo, incluso este fino velo de melancolía, como de seda, por todo lo que se va yendo lentamente, pero sigue brillando, como un anillo en el fondo de un lago. ¡Soy un caballo!

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