Lunes intenso




 

Hemos hecho intercambio de todas las cosas que cada una tenía en su casa y que pertenecían a la otra. También nos hemos devuelto las llaves. De camino, me he acordado de aquel día que fuimos a bañarnos a la playa lloviendo. Y de un montón de momentos que iban pasando por mi cabeza como una noria.

Nos hemos encontrado en el lugar en el que quedábamos siempre. Me ha abrazado, ha sido bonito y triste, sin embargo, sentir su calor me ha reconfortado. Ambas llevábamos mascarilla y eso me ha hecho pensar que empezamos juntas el confinamiento y que, en aquellos primerísimos días, nos poníamos un pañuelo para taparnos la boca y la nariz, todavía hacía frío y encendíamos la estufa en su casa. Me ha regalado un disco que nos gustaba escuchar. Llevaba una camiseta de verano con flecos, como esas que nos poníamos de niñas en los 80's. 

De vuelta, me he puesto a llorar por la calle y las terrazas estaban llenas de gente ansiosa, como si llevaran un año sin salir. Me temía esto, ir a destiempo. Ya está pasando.

Al llegar a casa, he sacado la ropa de la lavadora y la he tendido lentamente. He comido pasta porque es mi comida preferida.

La perri está apagada. Hemos bajado a la calle por la tarde y no ha querido pasear. Tal vez sea el calor. 



 

Comentarios

  1. Anónimo10:31 p. m.

    La perri ha detectado tu estado de ánimo, las mías no me dejan estar triste, hacen mil monerías para arrancarme la sonrisa.
    A propósito de Molly, "Cuantos labios púrpuras teatrales exageradamente peligrosos !" Es de Miguel Hernández
    &

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    1. Sí, los perros son hábiles para eso, y para muchas cosas más. Me ha encantado el verso de Miguel Hernández :)

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