La verdad es que no sé qué le he hecho a la vida, porque yo soy muy bonita todo el tiempo, pero no me da tregua.
Volvemos a estar en el hospital.
Estoy en la habitación viendo la tele, acompañando a mi madre, mientras como unas galletas y escribo desde mi móvil. Me siento en calma. El hospital me cuida de un modo que todavía no he descubierto. Solo tengo que estar y esperar a que se ponga mejor, ayudarla con alguna cosa. Es una misión sencilla y muy concreta.
Victoria es la enfermera de tarde. Ha tenido que cambiarle la vía de brazo a mi madre porque la vena ya no aguantaba. Le ha quedado muy bien, muy limpia.
Hoy no hay gente. El bar, que entre semana está a reventar, está casi vacío. La tarde de Sant Jordi tampoco había nadie. Supongo que, cuando afuera todo se llena de posibilidades, la gente elige estar en otra parte.
Es lo único bueno de un hospital, que todo queda en manos de otras personas y del destino, puedo llamarlo dios si te resulta más cómodo. La vida resumida en una larga espera, y todo el mundo queriendo estar en otro lado...
ResponderEliminar