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Mostrando entradas de noviembre, 2007

Temas que no importan

Hacía tiempo que no me despertaba un sábado en mi habitación. Mi perra rubia se está convirtiendo en un plumero con patas. Salta de sofá en sofá, no se le ven los ojos, le muerde las orejas a mi perro negro. Él se pone tripa arriba y se deja morder. Hablar de perros es como hablar de sueños, es algo que sólo interesa al dueño de los sueños o de los perros, en este caso dueña, y a quién está enamorado/a de la/el dueña/o de los perros o los sueños.

Con todo el día libre por delante he aprovechado para hacer cosas de chicas y me he teñido el pelo. Si tuviera las uñas largas me las hubiera pintado pero no es el caso, aún así el ejemplo sirve. Podría haber ido a la peluquería pero siempre te tientan con las tijeras para que te lo cortes, y yo ahora lo quiero largo, muy largo, ya me pasa de los hombros más de un palmo. Y estoy orgullosa de ello. Es símbolo de fuerza.

Me he puesto la camiseta de los tintes. Es de color blanco y de propaganda de un torneo de baloncesto. Siempre u…

¿Por dónde voy?

Ochenta y dos cuando voy en coche, ochenta y dos cuando camino hacia la facultad, ochenta y dos cuando me examino de formación instrumental, ochenta y dos si me paseo por el hospital, ochenta y dos cuando me miro en el espejo, ochenta y dos mientras me ducho, ochenta y dos cuando cierro los ojos, ochenta dos mientras paseo a mis perros, ochenta y dos, ochenta y dos, ochenta y dos.


Estoy leyendo La niña del faro de Jeanette Winterson. Me gusta tanto que he decidido prescindir del punto de libro, así tengo que memorizar durante todo el día el número de página por el que voy. Ochenta y dos, ochenta y dos, ochenta y dos. Es el misterio en el que ando pensando cuando pongo cara de andar pensando.

Vivía en una casa sobre la pendiente de un acantilado. Había que clavar las sillas al suelo y jamás podíamos comer espaguetis. Comíamos cosas que se quedaran pegadas al plato: pastel de carne con patatas, gulash, risotto, huevos revueltos. Una vez intentamos comer guisantes. Menudo desastre. Duran…

Sin cuerda

Es un poco tarde, hoy no he tenido ni un ratito para perder el tiempo. En cualquier caso, mejor eso que pasarme la tarde viendo como las horas se me echan encima como un jugador de rugby.

Eso sí, eso no, no me quito de la cabeza al vigilante de la biblioteca a la que fuimos el sábado.

Cuando faltaban diez minutos para cerrar pusieron una canción para que los usuarios decidiéramos de una puñetera vez qué libro queríamos llevarnos. Es algo habitual. El otro día sonó "New York, New York", la de Frank Sinatra. Y la verdad es que a todos nos han afectado bastante las películas. El guarda de seguridad se puso a bailar alzando las piernas y alternando el paso con algo de claqué. También cantaba y sonreía a las bibliotecarias. Aprovechando el despiste del vigilante, una avalancha de nieve, digo de usuarios, atracaba las estanterías de novelas, sobre todo los estantes de la M a la O, y las de dvd's. A nadie parecía importarle en absoluto tal desbarajuste, todos estábamo…

En busca de la perfección

La verdad es que es muy difícil conseguir un blog blanco. Lo seguiré intentando.

Me he saltado la clase de piano. Últimamente me siento acorralada por la música. Ella y yo en el ring de boxeo. Pero hoy le he dado plantón... y ya sabemos como se pone cuando la dejas tirada.

Eureka!

El sábado me llamó mi madre. Me dijo que volvía a dolerle el hueso dónde antes estaban las tres muelas incrustadas. Hoy a las ocho he entrado en casa y ella ya estaba en la cama. Qué diferente es ahora mi madre, podría decir, pero me equivocaría. Es la misma persona que ordenaba a los coches que nos dejaran pasar. Era un juego de mi madre, de cuando me llevaba al colegio y había mucho tráfico en Barcelona. En los cruces ella pronunciaba unas palabras mágicas y los demás conductores se paraban y dejaban que nuestro coche pasara primero. Yo creía en sus poderes ciegamente. Ahora soy yo quién le hace el juego a Sofía. En los cruces que tengo preferencia ordeno a los demás coches que nos dejen pasar. Ella hace ver que se lo cree y todos contentos.

Los trucos de mi madre eran variados. Por ejemplo, estaban los poderes que convertían cualquier playa en el mejor lugar del mundo para pasar el mediodía. Sobre todo a finales de junio, cuando yo ya tenía vacaciones y ella me llevaba en coche …

Quiero Mero

Este post también se puede escuchar. Archivado en el podcast.



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Mi madre sigue nostálgica de sus muelas. Turrón de almendras, maíz tostado, cerezas, huesos de pollo.

Hoy le he hecho la compra en la pescadería. El único problema es que a mí en estos sitios no suelen hacerme caso, o esa es mi impresión. No sé que debió pasarme en el patio del colegio. Siempre me ha costado muchísimo pedir la tanda, imponerme en la cola. En la pescadería, como en el psicólogo, en la psiquiatra, en la fisioterapeuta o en la frutería, no me hacen caso. Todos son lo mismo.

He leído los cartelitos para asegurarme de lo que pedía, los peces desnudos son todos iguales, excepto las sepias y el marisco. Quiero mero. Quiero mero. Quiero mero, he repetido tres veces en mi cabeza y en silencio, hasta que me he decidido y en voz alta he …

Trucos

A mi madre le han sacado tres muelas, apenas puede comer y hoy se ha pasado casi todo el día mustia, como una flor de invernadero. Eso me ha hecho pensar en las cosas que nos quitan, las que nos arrebatan sin permiso o las que simplemente nos dejamos arrebatar. Hay personas y cosas que son como las muelas, que te las quitan y las echas de menos unos días, porque te duele el hueco que han dejado, pero luego es un alivio. Un verdadero alivio, no te servían de nada. Mejor desprenderse de ellas.

He imaginado a Sofía en su trabajo, hablando con los que la rodean, haciéndose la seria y la formal. Y luego he vuelto a pensar en el tema de las muelas. No quiero que me la quiten, desprenderme de ella me parece algo tan trágico como un huracán en mi cocina. Muelas necesarias, muelas innecesarias.

Me he sentado al piano con los ojos fijos en las partituras. Debo repetir los ejercicios 21 veces. Me lo recuerda Sofía, que quiere que sea disciplinada. Pero entonces me sale el lado salvaje, me levanto …

Qué rabia da amar

Amo tu casa. El pasillo porque es cortito y aún así enciendo la luz, la habitación donde dejo mi ropa todo el fin de semana, la cocina, el balcón, el lavadero con la caldera rugiendo, el cuarto de baño, el comedor con los cuadros apoyados en el suelo, la habitación con la cama que siempre llega a la meta. Amo tu ropa. Los vaqueros gastados, las camisetas, las blusas, la cazadora marrón, los zapatos, tus braguitas tan pequeñas, el pijama. Amo las cosas que tocas. La toalla, los cojines, la almohada, las sábanas, la manta. Amo todo lo que cocinas, me parecen supremos tus bikinis, tus macarrones y tu salmón. Amo desayunar contigo, las tostadas, el café, la música, sin periódicos. Amo tu trabajo, tu maletín, tus bolígrafos. Amo tu cuerpo y mirar como te mueves. Amo comer contigo con la televisión apagada y hablando de cosas que no entiende la otra gente. Amo sentirme así de exclusiva. Amo salir de noche contigo, bailar canciones ridículas, que bebas, que te marees en el coche, volver…