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Mostrando entradas de agosto, 2010

Háblame de los vientos

Reconozco que me encanta "El paciente inglés". Sí, una película romanticona a morir, no es tan grave. Me mata cuando el Conde Almasy le habla de los vientos a Katherine. Es justo la secuencia que he escogido en YouTube, la de la tormenta de arena. La vi por primera vez en un autocar que iba a París. Estaba cansada y me dormí sin ver el final. Lo siguiente que recuerdo es que era de día y que la carretera estaba rodeada de campos de girasoles.

Como el Conde Laszlo Almasy en el desierto te llevé en brazos hasta la habitación de hotel la semana pasada. Te sumergí el pie pero la herida no desaparecía. Llamé por teléfono a recepción para preguntar si tenían agua oxigenada. El líquido te hervía en los dedos. Me di cuenta de que debajo de la piel hay carne. La carne duele. Bajamos hasta la playa, tú apoyada en mi hombro, para ver si el mar más bello de Formentera, el que tienes en los ojos, te curaba. La sal penetró y ya no había marcha atrás. No pude evitarte las lágrimas, valie…

Una pista

Sigo con insomnio veraniego. Lo hago a propósito, sé que al día siguiente no tengo ninguna obligación y que puedo disfrutar tranquila. Las horas de la madrugada son como una piscina sin nadie, como esos mediodías de invierno en los que suelo bajar hasta la playa, después de trabajar, con vaqueros y abrigo. Por cierto, qué bien quedan las chaquetas de piel con pantalones cortos, lastima del frío en las piernas. Si me dan cuerda a las doce de la noche, a las dos soy un potro recién nacido que mira con sorpresa el paisaje de horas largas y llenas de posibilidades hasta que salga el sol.

En dos días nos vamos de la península, es una sensación extraña porque en las calles todo está en marcha. Las tiendas ya no están de vacaciones, algunos amigos ya han vuelto al trabajo. Es irreal, es como si fuera a pasar de madrugada, una noche con sol y aguas cristalinas, autobuses que nos llevan de un extremo al otro, un mar que es como un amor luminoso y verdadero. STOP (peligro cursi).

Una pista,…

No puedo dormir

1 de agosto de 1990, verano imborrable

Yo tenía 11 años. Estaba en el apartamento y mi padre me había traído un póster de Madonna de regalo, de los que anunciaban el concierto que iba a dar en el Estadio Olímpico de Barcelona esa misma noche. Recuerdo que estuve esperando hasta el final a que me llevaran, creo que alguien nos tenía que dar unas entradas y al final no pudo ser, o eso me contaron. Tal vez no era demasiado apropiado para un niña, pero yo estaba loca por Madonna ese verano y me quedé llorando porque no podía ir. El concierto lo vi sentada en el sofá por televisión, lo retransmitieron en directo. Me ha hecho una ilusión enorme encontrar el vídeo en YouTube de ese día. ¡Milagro! Me ha impactado tanto como entonces.

Aquel año nos paseábamos por la urbanización con un radiocassette de doble platina en el que sonaba Madonna y Technotronic a todas horas. Por las noches bajábamos a un hotel en el que hacían “discoteca” los viernes. Nos pedíamos una Fanta y las bailábamos todas. Íbamos sin padres, teníamos que estar d…

Un concurso, un cuento, una escopeta, unas verduras, algo para seguir estudiando y la tormenta

Os voy a recomendar un CUENTO que participa en un CONCURSO de zonaliteratura.com.ar. Se decide por votación popular quien gana. Para VOTAR tenéis que darle al símbolo del pulgar hacia arriba, como el "me gusta" de Facebook.

La autora es EvaGutiérrez Pardina, una persona a la que conocimos gracias a esto de los blogs, más o menos se resume así la historia. Únicamente hemos tomado un café juntas, bueno, café café no hubo, nosotras bebimos cerveza y ella un te, pero hubo una conexión muy bonita, así que me gustaría que leyerais su cuento y también su blog, que es una de mis preferidos.


Me estoy enrollando porque llueve y estoy sola. Relámpagos.

He intentando buscar algo para seguir estudiando pero no tengo claro qué quiero hacer, por dónde quiero seguir, si quiero que me sirva, o si sería únicamente por placer. La última vez que busqué en internetalgo para seguir estudiando me hice maestra, y aquí estoy, de vacaciones.

La otra vez que busqué algo para seguir estudiando dejé la car…

Arroz hervido

Ayer partí un queso curado con la ayuda de un martillo. Pam, pam, pam, golpes y más golpes. Al terminar la faena salí al balcón. Ya había anochecido. Descansé un rato, tenía el cuello agarrotado. Me tomé un trinaranjus con hielo. Corría una brisa de muchos rincones del mundo y movía las ramas de los árboles. Me sentía orgullosa.

Esta mañana me he levantado a las siete, no podía dormir. La cocina aún huele a queso. Mi camiseta huele a queso. Mis manos.

Tengo el estómago sucio de queso.

viento, forasteras, oro, carteles, azul pálido

(escribir en el teclado del
móvil cansa mucho, por eso he escrito la entrada de hoy en una libreta y luego la he fotografiado)








Aquellos maravillosos veranos

Estoy en el lugar donde he veraneado toda la vida. Mis padres compraron este apartamento varios años antes de que yo naciera. He pasado todos los veranos de mi infancia aquí, de julio a septiembre, como una pequeña salvaje sin reloj y con bocadillo para merendar. Aquí nadé por primera vez, aprendí a jugar a ping pong (incluso les ganaba a los chicos), descubrí calas de piedras de colores en la Zodiac de mi padre, en la que se subía hasta el perro. También me fasciné por alguien por primera vez. Hice amigos para siempre, con los que compartí aventuras extraordinarias con tesoro de pulseras incluido. Es el lugar donde más veces he sido feliz, no sé si podré superarlo... Todo está igual que entonces, siempre está igual. Tengo el espacio de mi infancia, pero no el tiempo. Es una sensación peculiar y extraña.