La corriente

Volviendo del veterinario, Croquet estaba feliz, a pesar de la inyección, los mocos y el termómetro por el culo. Trataba de sacar la cabeza por la obertura de la mochila y ver lo que pasaba en la calle. Todos esos ruídos, esas personas, esa cantidad de olores nuevos, esa luz.  Aproveché para comprar fruta, porque es buena, esa saludable. Es bien. Por la tarde estuve jugando un poco con ella. Por la noche empezó a respirar muy mal, por la boca. Le faltaba el aire. Decidí llevarla a urgencias porque parecía que de un momento a otro iba a dejar de entrarle el aire. (Mientras escribo esto mis vecinos nuevos están chillando, dando golpes, riñendo al niño... con lo tranquila que era esta escalera hace tres meses. ) Pedí un taxi a través de una aplicación que te dice el nombre del taxista, y el modelo de coche, y luego puedes puntuarle con estrellas. El que vino era bastante popular porque tenía una puntuación alta. Me recordó al capítulo "Nosedive", de Black Mirror; me horrorizó un poco. El taxista era paquistaní y en medio del trayecto se puso a discutir con un compañero a través de móvil o radio, no sé, en su idioma. Luego se disculpó (que no hacía falta, pensé)  y me contó que es que tenía un debate político porque en su país había una especie de revuelta popular contra la corrupción del gobierno. "Lo de aquí no es nada comparado con lo de allí", decía mientras miraba un semáforo. Parecía una persona feliz. Y yo con la perra en brazos ahogándose. Todo muy raro. Y la aplicación pindiéndome que lo puntuara con estrellas.

Croquet, al parecer, tiene una infección respiratoria.  Se quedó ingresada. Me sentí bastante insignificante volviendo sola a casa, sin perro. Era una sensación extraña. Pero por otra parte, me sentía muy presente. Cuando salí del metro vi a la chica semi-teñida de rubio que siempre está semi-zombie rondando por la parada con una botella de cerveza en la mano. Estaba semi-echada en el portal de al lado de la papelería, con gafas de sol y hablando sola.  Y como ya eran las dos de la mañana, me fui a dormir acordándome de la chica semi-delirando en el portal y de mi perra.  Yo que sé. Y pensé, "pues hemos llegado hasta aquí". Que tampoco sé que quiere decir llegar hasta ahí, pero lo pensé. Arropé bien al cómic. Le di las buenas noches. Y antes de apagar la luz,  decidí ponerlo en la estantería; pensé que había llegado el momento de renunciar a lo simbólico y de entregarme a lo evidente. Estoy en ese proceso.

Por la mañana he ido a visitar a Croquet. Estaba en la incubadora con una vía con suero y glucosa. Me ha visto y ha empezado a mover la cola. La veterinaria me ha dejado estar un rato con ella. Le he dado de comer. Había un montón de pacientes. Uno no paraba de ladrar, porque ya le daban el alta y parecía estar impaciente (paciente/impaciente). Luego he vuelto aquí, a casa, pensando en que si la perra, que si lo otro, que si el trabajo, que si me siento fea, que si diciembre. Sin embargo, no noto que nada me vaya a alterar. Me estoy dejando llevar por la corriente, sin oponerme.

Acabo de recibir una notificación en el móvil, que todavía tengo pendiente puntuar al taxista de ayer. 

Bar de medianoche

Casualidades. Ayer escribía algo sobre una cafetería imaginaria "que abre sólo para noctámbulos". Hoy he visto que en Netflix hay una serie japonesa llamada "Midnight Diner" que es precisamente eso, un bar que abre a medianoche y que sólo sirve un plato: ramen de verduras. La idea me ha gustado mucho pero no acabo de pillarle el ritmo, tal vez porque es comedia japonesa y tienen otro concepto del humor.

Pero lo importante es que coincide con la idea que tuve ayer, la de un café sólo para noctámbulos.

noctámbulo, noctámbula
adjetivo/nombre masculino y femenino
  1. 1.
    [persona] Que tiene tendencia a realizar actividades durante la noche.




    Si yo tuviera un bar de medianoche

    El horario:
    De 24:00 a 7:00.
  2. Me gusta el concepto de lugar para "gente con tendencia a realizar actividades por la noche". Pero pienso en actividades tranquilas y en gente tranquila. Un lugar de rescate.  Sé que esta idea le encantaría a  Emilio. Y ahora me estoy acordando de aquella canción que escribí con Carol, que se llamaba "Los solos".

    Acabo de buscar el archivo de esa canción en el ordenador y es del 21 de octubre de 2008. Hace casi 8 años justos. La letra decía así: "Los solos caminan con las manos escondidas, con el cuerpo encendido y prefieren mantenerse así. La gente los critica porque parecen extraños cuando salen del trabajo y no tienen planes que elegir. Y no cuentan que les pasa y alquilan una peli, en esos videoclubs que no cierran ningún día. Los solos tienen pinta de ser trascendentes pero también se emborrachan con sus chicas en el bar, y ladean la cabeza cuando están piropeando, cuando quieren convencerte de su soledad a ti también..."


    Creo que ahora diríamos las solas, en vez de los solos.

    El lugar:

    Un sitio pequeño, acogedor, cálido y con una iluminación adecuada. Nada de esas luces en el techo que iluminan las cabezas desde arriba, de un modo frío y molesto. Tal vez, debería dar una sensación de lugar destartalado, no sucio, pero sí algo desordenado. Un lugar que invite a contar alguna historia.

    Otro día sigo hablando de mi bar de medioanoche imaginario. Queda algo muy importante por decidir: La comida y la bebida.

    Hoy he escuchado From Dog to God durante el transbordo largo, un tema apropiado, sobre todo por el estribillo y ese sintetizador tan ochentero del inicio. Canción perfecta para ambientar el pasillo de la amarilla a la verde, mientras  ves pasar a la gente con cara de lunes en miércoles, y todo es un poco decadente pero te sientes mejor diciendo I'm alone in this fucking world (aunque tengas un chucho super tierno que se llama Croqueta).








No me quita ojo

Me enternece notar su diminuto hocico tras mi oreja izquierda. 

Hoy he hablado con E acerca de cómo los perros acaban pareciéndose a nosotros a base de observarnos minuciosamente; son capaces de entendernos sin conversaciones de por medio. Únicamente nos ven y están presentes. Es un gesto de amor puro. Hoy he sacado a Croquet a la terraza. He puesto su camita en la silla de al lado y he visto cómo me miraba, acurrucada. No me quitaba ojo. 

Yo también lo hago cuando me gusta alguien, observo todos sus movimientos. Es algo que me sale sin pensar. Y hago descubrimientos asombrosos, que a mí me parecen importantes, aunque fuera de contexto puedan parecer poco significativos. Recuerdo un día en el que me fijé cómo cruzaba los pies bajo la silla tal persona. O tal otra. Y lo guardé en mi catálogo privado de no se sabe qué.

Quisiera convertirme en perra para poder mirar sin pestañear y sin tener que dar(me) explicaciones.

Al levantarme, he escuchado las bocinas fantasmas de los barcos espantando la bruma. He subido al autobús y he estado mirando por la ventana las ramas de los árboles. Estaban húmedas. Estoy entre aguas. Mi corazón es a veces un desconocido que viene a tomar café todas las noches a la misma hora, en esa cafetería que he abierto sólo para noctámbulos. Está en la calle Pujades. Huele siempre a grano recién molido.


alegrías perras




Todo es nuevo para Croquet y para mí –hoy la he llamado así todo el día, pero ayer la llamé Queer, ¿puede ser una perreta con muchos nombres?– Esta tarde la he metido en una mochila pequeña y nos hemos ido a comprar el pan y un helado de mango con chocolate al Dino. Cuando hemos vuelto, le he puesto música por primera vez. Hemos escuchado a The Clash. Estaba contenta porque movía la cola e intentaba jugar con una pelota. Y trataba de mantener una conversación conmigo, a base de gestos con la cabeza y sonidos raros.

Ayer se quedó dormida en mi cuello mientras veía el tercer capítulo de Black Mirror, que es el de las lesbianas con bollodramas en todas las épocas a las que "viajan".  La verdad es que no sé con quien me gustaría pasar la eternidad, pero sí sé con quien me gustaría viajar a los 70´s,  80's, 90's y al 2004. Mejor no pensar en ello que se me va la entrada por otros derroteros.

Me pregunto si perra será feliz conmigo y todas esas cosas. Me preocupa un poco pensar que debe echar de menos a su madre por las noches y que cuando está sola se debe preguntar cosas como "¿cuando va a volver la humana?  Espero que Croquet sea menos rayada que yo.

Ay, estoy acojonada.

Cumpleblog: 14 años.



Hoy hace 14 años que escribes este blog. Han pasado tantas cosas desde entonces. No me jodas, ¿sí? Lo fuerte es que parece que nunca pase nada, pero sí pasa.

Hoy, en el metro, ha entrado un señor muy gordo y se ha sentado; como el espacio era pequeño, ha chafado al de al lado, un tipo delgadito, que ha puesto cara de indignación y se ha levantado. Hoy has decidido que no vas a intentar  escribir ninguna otra novela porque  en realidad te aburre  tener que inventar historias y tener que describir cómo es la calle, y cómo tienen el pelo los personajes y tener que buscar un nombre bonito para cada uno y todo eso.

Hoy, en la terraza del bar del campus había dos jabalís, o jabalíes, y nos miraban como si fuéramos algo irreal, salido de la nada.

 Hoy has ido a comprar otra luz trasera para la bicicleta porque te la han vuelto a robar y has pensado que cómo podía ser. Has decidido poner un postit que dice "No me robes más luces, por favor" porque desde ayer no sacas la bici y eso quiere decir que es alguien de la escalera.

Hoy, en la cafetería, temblaba el suelo cuando pasaba el metro y todavía era de noche a las 8:00, y parecía que eran las siete de la tarde y que todo el mundo volvía a su casa. Hoy sólo deseas tener algo que hacer todos los sábados a las 19:00. Tienes que aceptar, de una vez por todas, que no te gusta esa soledad, como tampoco te gustaba a los 8 años. A partir de ahora, cuando te lo pregunten, vas a decir que no, que no te gusta.

Hoy has ido a comprar pan y en la panadería ya tenían panellets. Y has pensado, otra vez es otoño. Y te has acordado de la última vez que hiciste panellets. Eres muy pesada con el antes  y el después, y  pareces un anuncio constante de dieta milagrosa. Siempre comparando.

Hoy has leído en la revista Rock de Lux que Devendra Banhart, para componer su último disco, "Ape in Pink Marble", se situó en un lugar de las afueras de Tokio, en un hotel antiguo y triste, pero con encanto. Y con una recepcionista llamaba Jackie, que tiene 60 años y fuma, y un hombre de negocios borracho sentado en un sillón rojo y lleno de polvo, que antaño había sido elegante. Bueno, esto lo has añadido tú, lo del sillón rojo antaño elegante. Y Devendra sabía que la música que quería hacer tenía que poder escucharse en ese lugar. Lo que no has entendido es si  fue al hotel físicamente o se lo imaginó.

Hoy, mientras trabajabas, has escuchado su nuevo disco y te ha parecido tan delicado, lluvioso, tan para estos días de otoño en los que te das cuenta de que ya hay panellets y sientes calor en el corazón, como dice Gemma, con toda esa melancolía por lo que fue y por lo que vendrá y por lo que es, rondándote.
 



Ferry

Has estado moviendo muebles en casa porque vas a compartir piso dos meses con una amiga. Desde ayer duermes en otra cama y entre otras paredes, y te gusta cómo ha quedado pero con tantos cambios no has pegado ojo. Y pasas por tu antigua habitación, y tu cama, y la sientes desangelada, y te acuerdas de las cosas bonitas, y piensas que el espacio es un reflejo de cómo estás por dentro. Que es en silencio y quieta, como aquella liebre agazapada, bajo la luna llena, con la que soñaste hace dos años, o tres. Y nuevamente, una serie, la tercera temporada de The Fall, y piensas que es un modo, como cualquier otro, de usar el tiempo.  Y con tantos cambios te has dado cuenta de que tienes demasiados instrumentos con cuerdas y que no sabes cómo tocarlos todos a la vez. Y tampoco sabes qué canciones tocar, buscas alguna que te haga soñar con tardes interminables, en lugares interminables. Feliz. Piensas en eso,  y recuerdas que ayer te sentiste así cuando saliste del metro en Diagonal –del metro de Diagonal porque habías dejado allí la bici por la mañana, y por la mañana  te diste cuenta de que no tenías la luz de atrás, y pensaste en qué momento la perdiste, y el de la tienda de bicis te dice que esas luces no las roba nadie, pues vaya por dios, y que has tenido mala suerte. Pero tampoco es para tanto, porque esa mala suerte es, en realidad, una chorrada, que la nueva te cuesta 3.50, y que puedes permitirme eso y más. La nueva suerte.

Saliste del metro en Diagonal y había una parada de libros de segunda mano, con una chica con acento chileno atendiendo, y pensaste que tal vez era un guiño de la vida, o algo así, y que tampoco sabes qué quiere decir, pero lo ves como un guiño, y por un momento te sientes en el metro de Santiago, y recuerdas aquella felicidad infinita al pasar por el cerro de santa lucía y los autobuses y la gente, y la cordillera, y todo eso en ese estado de alucinación. En el del amor. Y ves un ejemplar de Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma, la edición de Seix Barral, por 1 euro, y piensas que has tenido suerte -y que todavía es más barata que la otra-, y te sientes como una persona que se mueve, aunque no sepas qué quiere decir eso. 

Y abres el libro por la mitad, y el primer verso que lees te dice "La nostalgia del sol en los terrados". Y te vas a otra página, una que está doblada por la persona que lo ha donado, y lees "Fue esta mañana misma, en mitad de la calle". Y vuelves a escoger otra página, también con la esquina marcada, y lees "Alguna vez recuerdo ciertas noches de junio de aquel año, casi borrosas, de mi adolescencia". Y le das el euro a la chilena, y ella te da el libro, y justo acaba su turno,  y se marcha. Y llega un compañero de otro lugar de américa latina. Y hay dos músicos, uno con una guitarra y otro con un violín, tocando La vie en rose. Y te sientes bien y mal. Y te sientes como el antídoto y el doto.  Y sabes que deberías ir a terapia y gastarte 60 euros pero el viernes, el día de tu cumpleaños, decidiste comprarte una camisa que valía eso, y que querías estrenar durante el fin de semana, pero al final no la estrenaste porque a veces una bola de nieve deslizándose por la montaña acaba convirtiéndose en alud. Y el caso es que ahora te va mal gastarte otros 60 para que L te ayude a comprenderlo o a manejarlo, y te ayude a hacer eso de los cojines, que son otras personas o tú misma, y te ayude a hablar con ellas, con los cojines que hacen de personas o de ti.

Y bajaste por paseo de gracia, y luego giraste por la gran vía, y te paraste frente al Palace, y pensaste que el personaje de Carol Aird estaba en el hotel. Y seguiste y finalmente acabaste en el parc de la ciutadella, frente a las cascadas, y pensaste que qué bonito, con aquel sol y el agua, y pensaste en coger carrerilla con la bici y lanzarte al lago, para ver qué pasaba, pero en plan "bien". Pero en vez de eso abriste el libro, que te acababas de comprar por 1 euro, por la primera página y, sorpresa, sorpresa, sorpresa de las grandes, estaba dedicado. "Quiero que vivas la emoción que he sentido yo leyendo estos poemas. Por otros 35 llenos de vida." Dedicatoria firmada por un nombre que empieza por M, pero no entiendes las letras que siguen. ¿Marc o Maria? Y un dato más: Mayo'83. Y piensas que es otro guiño, no sabes muy bien quién te guiña el ojo esta vez, pero que ha sido tu cumpleaños y aquella es, sin duda, una dedicatoria de aniversario que ha llegado hasta a ti en el momento justo y en el lugar adecuado. Y te vas a casa algo así como feliz. Pero luego se te pasa.  Amar y que te amen, como cuando llegabas a  las 10.30 a una isla y cogías un ferry hacia otra.

Suena el teléfono fijo. El móvil te lo has dejado en el trabajo.

Hola, buenas noches, ¿con el titular de la línea?



 



Los treinta y... pico. Reflexión.

No lo conté todo sobre el columpio. La verdad es que hubo más. Otras cosas que me rondaban por esta cabeza mía fanta-siosa. Fui feliz en ese momento sin barreras. Creo que ese columpio va a ser mi lugar para pensar sin censura.

Mañana viernes (14 de octubre) es mi cumpleaños y estoy haciendo algo de balance. Ha sido el mejor año de los últimos cuatro, han habido cosas muy buenas. El trabajo nuevo, el máster, mi propia bici, el pasado resolviéndose, volver a "jugar" a ping pong y la vida en general (un término muy amplio). Luego se han ido colocando y asentándose, como cuando agitas un vaso con arena y al cabo de un rato se posa, y bueno, todo tiene su mitad sombría y complicada.

Subidas de felicidad. Seguidas de sus correspondientes bajadas. Y luego, vuelta a la calma. Las bajadas trato de tomarlas como si viniera una gran tormenta (como la que cae ahora fuera) y tuviera que cerrar todas las ventanas y esperar, aunque a veces –pero no siempre– entro en pánico y no mantengo la serenidad ni por asomo. Es que claro, si lo hiciera todo bien sería una hormiga, que supongo que lo hacen todo de putamadre. Y las subidas, pues la disfruto como una cría. 

Este nuevo año no tengo ni idea de cómo va a ser. No hay nada encauzado. En diciembre se me acaba el contrato y vuelta a empezar. Eso en cuanto al trabajo. En cuanto a la vida en general, tengo menos datos.






Mercè P. y el columpio de esta mañana






Las sensaciones de esta mañana podrían estar ubicadas perfectamente en una de aquellas clases de literatura con Juan Manuel P. recitando versos, mientras yo miraba de reojo la mesa en la que se sentaba Mercè P., que era una chica unos cuatro años mayor y que siempre parecía estar de resaca. Una fusión entre Patti Smith y Janis Joplin.

(Mercè P. y yo compartimos auriculares durante un viaje. Fue como un beso muy largo.)



***

Esta mañana he visto que tenía un montón de platos por fregar y me he ido a desayunar, no tenía ganas de enfrentarme a ello. Las calles estaban totalmente vacías. Es esa estampa de apocalipsis que tiene esto, a vece, guitarras desafinadas.

He dejado el móvil en casa cargándose. Llevaba un billete de 5 euros en el bolsillo de una sudadera con capucha (para taparme la cabeza, porque hacía frío) y mis atrotinadas primeras wayfarer, para verlo todo con solera. El plan era:  desayunar, volver, fregar. Pero bueno, al final he cogido la bici para escaquearme un poco de mi propio plan.

He acabado tumbada en un columpio, de los que parecen una paella, junto a esa parroquia que hay  dentro del Parque de la Ciutadella. Un rincón muy bonito, con ese rollo parisino,  jardín romántico del XIX,  "nos montamos una exposición universal", etc.

Y yo allí sola, meciéndome hacia los lados, observando a los pájaros, sin nadie alrededor, mientras el sol empezaba a iluminar las ramas de los árboles, a eso de las 9:30. 
Me sentía libre, tranquila, feliz, perdida, hallada, no lo sé.  Algo bueno y verdadero.

Puede que se convierta en mi columpio preferido.



Uso a menudo la aplicación de notas del iPhone. Cada día apunto algo que parece importante en ese momento. Hoy he anotado, en el transcurso de una cena con dos amigos, "Biblioteca del Carmen".

Nunca se sabe.

He apoyado la cabeza en la almohada y lo he visto claro. Pero no se lo diré a nadie, o puede que sólo a una persona. Para que pueda decir: "sí, Paola dijo un día que sí, que aquello... sí".

Que sí.

SÍ.

Lluvia en la piscina




Hoy he descubierto esta canción mimimalista (Hawaiian Boi) y a este grupo (Triathalon). Me encanta la portada del disco. Con los gastos de envío cuesta 29 dólares. No es mucho, pero prefiero esperar a que se me enfríe el capricho.





Aquest cap de setmana he dormit com un cadell i no he trobat a faltar el sol: hi era en tot el que m'he dut a la boca

Divendres vaig sopar a una terrassa amb un llum d'oli. Li podíem regular la flama amb una rodeta. Fingíem que controlàvem la intensitat de les persones, com per art de màgia.

El sábado, después de comer, estuvimos jugando a cazar la mano. Es un juego muy simple que consiste en poner las manos con las palmas hacia arriba y que otra persona ponga las suyas encima. Las manos de abajo tienen que tratar de darle un manotazo a las de arriba. Lo mejor es la expresión en la cara; es tan bonita siempre, de emoción pura y transparente, casi infantil.

Por la noche, nos hicimos fotos dentro de una especie de excavadora y fuimos muy felices.

Habitacions d'hotel



Espero que arribi l'H-14 (no sembla una línia d'autobús, és un nom químic) i miro les portades dels discos a l'aparador de l'Ultralocal (que sempre m'equivoco i li dic Ultrarecords). Vull comprar-me'ls tots. A dins hi ha el noi amb els seus cabells arrissats posant música. Quan vaig arribar aquí era el meu lloc preferit, juntament amb Pollos Llull. Dos llocs per trobar la salvació els diumenges.

Arriba l'autobús i m'assec al costat de la finestra. Llums vermelles i blanques. Passen cotxes i bicicletes. El Parc de la Ciutadella i l'Estació de França semblen diferents, veig la ciutat com quan era petita, un lloc màgic com l'estómac d'una balena.

Baixo a la penúltima parada. Passo pel carrer on vivia l'Elena fa molts anys i li envio la meva ubicació per Whatssap. Compro una garrafa d'aigua de 8 litres. Pujo a casa de la meva amiga. Les finestres estan obertes i veig un noi en calçotets a l'edifici de davant. I després una noia en calces. Intento reconèixer la línia de baix de la cançó que està tocant el grup que assaja a sota. Quina és, quina és. La conec. És Hard to Handle dels Black Crowes.



Em recorda a l'institut i a les nits que passàvem a un bar que estava al costat de casa meva. A l'hivern feia molt de fred, però sempre ens quedàvem bevent al carrer. Quan sonava Black Crowes entràvem a ballar. Aleshores ens molava Led Zeppelin i els Rolling Stones. I volíem destrossar una habitació d'hotel. Llençar la televisió per la finestra. Tacar els llençols amb sang. ?¿ Però de broma, joder...



Huesos

Me he roto dos huesos en mi vida. Uno en una mano, otro en un pie.

El de la mano fue en el último minuto de un partidillo de básquet justo antes de las vacaciones de navidad (recuerdo que no sabía ni que había una norma que prohibía tener la pelota más de 5 segundos, o algo así). Quise recuperar una pelota. Crac. Es un dedo que jamás he vuelto a poner recto y que me trajo muchos problemas y muchas horas de recuperación con una tía que me torturaba con cera caliente.

El del pie fue bailando Hey Boy Hey Girl justo un día antes de fin de año de hace muchos años. Quise... no sé qué quise hacer. Algo asombroso, supongo. Algo para recordar. Noté crac. Es que se nota. Cuando va a llover me duele. O eso creo yo...

No recordaba que en el vídeo salían tantos huesos.










Cosas que me gustan

Lista de cosas que me gustan (en general)

mi cama, mi almohada, mis sábanas.

El murmullo de la nevera por las noches, y el de los autobuses y del camión de la basura.

Mi taza blanca para desayunar. Mi gabardina gris oscura casi negra. Mis botas negras. Mis zapatos oscuros con la suela azul piscina. Las piscinas llenas y las vacías. Las
plantas que crecen en las aceras y en las escaleras y en mi balcón. Los matorrales de los descampados. Los graffitis con palabras o nombres que no sé qué quieren decir.

Las portadas bonitas de los discos y los libros. La música americana de los años 50's e imaginar que soy un niño. Las playas con poca gente. La sal del mar en el cuerpo. Nadar. Los árboles. Tocar la guirarra a las siete. El primer sol que ilumina la calle. Descubrir una canción. Besar con los ojos entreabiertos.  Besar cuando me cuentan algo e interrumpir.

Salir a la terraza por la noche y sentir que está pasando algo bonito. Encontrar un asiento en el metro. Mirar por la ventana del autobús.

Abrir la puerta de casa. La pizza. El atún. Escuchar la radio. Bailar sola en casa.  Bailar fuera (pero sin marearme). Pasta fresca con mantequilla y queso rayado.
Ensaladilla rusa de mi madre.

Ducharme

(continuará)

Un día entero






9:00. Poblenou. El sol entra por la ventana y proyecta las cortinas y la lámpara sobre la pared y es mágico. No tengo que ir a trabajar. Me visto un poco, con cualquier cosa me refiero, y bajo a la calle. La camarera sabe lo que desayuno. Veo a la gente salir del metro, las caras, el quiosco. Los chungos de la terraza del "chino". Nuevo día.


10:00. Escucho el podcast de Todos somos sospechosos. Limpio toda la casa. Pongo una lavadora de ropa negra y la tiendo. Hiervo judías verdes con patatas y me ducho. Escribo en la libreta de pentagramas que me regaló Elena. Descubro que en esa libreta tengo varios pensamientos anotados de septiembre de 2015  y casi todos giran alrededor de J y del amor romántico que sentía, todavía entonces, por ella.

14:30. Voy a la gasolinera a hinchar las ruedas de la bici y es gratis. Subo hasta Fontana y llego muerta-muerta. Espero a Paola y a Erika. Como no conocen Barcelona, calculan mal el tiempo y llegan tarde, pero yo lo agradezco porque estoy muy entretenida mirando a la gente. Pasa un antiguo compañero de trabajo que lo dejó un año antes que yo. Me parecía un puto héroe. Me pregunto cómo estará y cómo le habrá ido a él, y si aún tendrá que justificar ese cambio en las entrevistas de trabajo, como me pasa a mí. Todo el mundo te anima aque hagas cambios pero luego te piden un millón de explicaciones. Luego veo al hermano de Cristina y también me parece un héroe después de todo lo que les ocurrió. 2 héroes juntos.  No saludo a ninguno de los dos porque todo va muy rápido.

16:05. Vamos a tomar cervezas y a charlar sobre la vida y las cosas que importan. Bocadillo de queso con boquerones, bocadillo de sobrasada, bocadillo de chorizo. Quieren probar comida autóctona normal, no de diseño. Sobra decir que no son vegetarianas.

18:40. Voy a ver a A, M y Gn. No me abren. Qué raro. Me voy a ver el dibujo de G que bauticé y también está cerrado. Me siento en un portal a esperar que pase algo. Luego baja Gn y me abre. Qué bien. Sigo bebiendo cerveza y hay un momento en el que me siento borracha. Se meten con mi futura perra y me molesto. Luego se me pasa.

21:45. Me encuentro con Paola y Erika en los Verdi porque son fans mexicanas de Coixet y justo está en el cine presentando Spain in a Day. P y E están muy felices. Me tomo un café bien cargado porque tengo "como resaca". Y coca-cola. Mucha cafeína de golpe. Me siento nueva y despejada. Bueno, nueva de trinca no, de segunda mano con oportunidades.

22:30 Empieza la peli y la Coixet dice que recibieron más de 22.000 vídeos. Yo recuerdo que vi Cosas que nunca te dije en esa sala con Ruth, una amiga que me gustaba y que me besó una noche bajo la lluvia en Vic y que sus padres tenían una ferretería en Sants, pero que luego se mudaron a Santa Maria de Palautordera y allí conoció a un chico y hasta luego.  ¿Qué sueñas? ¿qué amas? ¿De qué tienes miedo? La secuencia de la chica que lucha contra un cáncer, y que se lava la cara y se parte de risa, me recuerda a cuando mi madre estaba enferma. Me recuerda a que a pesar de todo nos reíamos muchísimo en la quimioterapia. Creo que nunca me había reído tanto con mi madre. Pienso que era un momento complicado/preocupante/triste pero yo me sentía fuerte y confiada.

00.30 Nos despedimos y me invitan a ir a visitarlas al DF. Y pienso que ojalá vivieran aquí porque ya las quiero.

00:40 Vuelvo a casa sin esfuerzo, todo es bajada, y pensando que soy hija única y que las hijas únicas saben volver solas a casa. Siento paz interior. En Marina, no puedo resistirlo y compro churros con chocolate. Le digo a la mujer que lo envuelva todo muy bien porque no quiero que se me salga en la mochila. Me acuerdo de Cristina -y de su hermano- cuando paso por el Sr. Lobo y de cuando teníamos 19 años. Y de Ruth, otra vez.



1:20  Poblenou. Estoy en mi terraza comiendo churros con chocolate. Me encanta este momento. Leo una postal de Elena que he encontrado en el suelo de la portería. Elena me manda postales muy bonitas y hechas a mano. Tengo una postal llena de postales. Una pared, quería decir. Pienso en si alguna vez viviré en Madrid y que tal vez el año que viene sería un buen momento. Pienso en ir a vivir a madrid con un perro y que es un poco más complicado que ir sola, pero que hay personas que tienen hijos y hacen cosas muchísimo más complicadas.












2:00. Volver significa que todo está bien y que no esperas nada más.