jueves, septiembre 10, 2026

La vida resuelta

Hoy hace 55 años que se casaron mis padres. De pequeña, mi padre proyectaba en la pared, con su cámara superocho (que ahora está en un prestache de mi piso), la película de su boda. Mi madre llevaba un vestido muy bonito, nada recargado, sencillo y elegante, con velo. Se casaron en la cripta de Gaudí.


Ayer noche lloré porque no volveré a ver a mi padre. Y porque no volverá a estar con mi madre. A veces se me olvida y en mi mente nada ha cambiado y están los dos juntos en su casa.


Este mes también hace 13 años que empecé a vivir sola. Tenía que aprender algunas cosas que ahora ya sé hacer de sobras.


Pasar resfriados sola. Pedir un taxi al aeropuerto de madrugada sola. Volver en bici desde la otra punta de la ciudad y acostarme en mi cama sola. Cenar y comer sola. Pasar las tardes de domingo...


Le he escrito a una amiga pero no podía quedar porque tenía una cita de bumble, y luego a otra que estaba cansada. 


Mientras paseaba con mi perra, he visto que las calles del barrio ya están preparándose para la fiesta mayor. Adornos de balcón a balcón, escenarios, mesas en las calles, una señora preparando los cartones del bingo, algunos decorados más elaborados, avisos con el recorrido de los diables, carteles de las collas de castellers. Me ha puesto feliz ver a mi perra caminando delante de mí, compartir con ella ese paseo.


He bajado al mar para lanzar las cenizas de los deseos que he perseguido estos últimos meses. No porque ya no los quiera.  Lo que he lanzado al mar es sentir que tengo que hacer algo extraordinario para que suceda. 


Ayer fui a nadar a la piscina, tenía clase particular. El monitor de este mes es otro, pero es bueno. Le dije que me costaba respirar hacia el lado izquierdo nadando a crol y me tuvo 45 minutos haciendo ejercicios solo para mejorar eso, y la verdad es que lo noté. Reconozco que se me iban los ojos hacia sus brazos y sus piernas, hacia su cuerpo bellísimo de nadador.  Él me miró las tetas mientras hablaba conmigo desde el borde de la piscina, agachado. 


Yo lo escuchaba desde el agua, esperando que me revelara alguna instrucción mágica para salir de allí con el pelo mojado y la vida resuelta.