lunes, agosto 31, 2026

Ya casi septiembre

 Esta madrugada me he levantado porque no podía dormir. He visto tres ventanas iluminadas, así que no era la única, había otros vecinos de la manzana con insomnio. 


Me ha salido en tik tok el chico que te avisa de que llevas mucho rato deslizando. Me ha hecho sentir peor. "Eh tú, cuánto rato hace que estás ahí?". 


Me pregunto cómo estará ese chico en la actualidad. ¿Continuará llevando ese corte de pelo? ¿Habrá dejado de ser adolescente? ¿Le pagan  derechos de imagen o algo así? ¿Es un chico real o es un actor? 


Debería dejar esa red social y aprovechar mejor el tiempo, pero me evade de los problemas. No sé todavía si eso es bueno o malo. Soy espectadora pasiva, no creo ningún tipo de contenido y tengo un nombre inventado. Otro más.


Hoy ya se nota que la ciudad ha vuelto al trabajo. Me han despertado las obras de las casas que están haciendo detrás. Seis casas unifamiliares de 290 m2 con jardín y piscina privada, "en el corazón del  barrio", dice la pagina web, "diseñadas para quien busca diseño y amplitud, a pocos metros de la playa y el metro".  


Han aprovechado el terreno de una antigua nave industrial que estaba en desuso. El precio de cada casa es "desde 1.800.000 euros". Ya solo quedan dos, las otras cuatro están reservadas. Pienso en cómo será esa gente que tiene tal cantidad de dinero disponible para comprar una casa que ni siquiera ha visto. Y yo aquí sintiéndome demasiado "privilegiada", en ocasiones un tanto culpable, por tener una hipoteca.


En la publicidad también dice que van a aprovechar al máximo la luz natural y el sol. La verdad es que el sol poco lo van a ver, porque siendo tan bajas, los edificios se lo taparán. El agua de las piscinas estará fresquita, eso sí. Tendrán que usar mucha calefacción en invierno y puede que menos aire acondicionado en verano. Las piscinas serán pequeñas, porque no hay tanto espacio. No podrán nadar. Uf, más de un millón de euros para no poder nadar... Mi madre tiene una piscina desmontable en el patio mucho más práctica.


Sigo de vacaciones, pero sintiendo que quiero volver ya a la rutina. Sintiendo que necesito ordenar mi vida y mi corazón. Sintiendo que tal vez no soy tan feliz como me gustaría. Sintiendo una especie de cráter. 


Este año no he viajado ni he vuelto a la isla bonita de siempre. El verano que imaginé a principios de año no he podido hacerlo realidad.


 Me he quedado en mi casa, he sido feliz algunas semanas, algunos días, en algunos momentos. En mi imaginación, todos esos planes que me hubiera gustado hacer realidad, ahora se fragmentan, se rompen, se rasgan, y forman un mosaico de fin de verano.

miércoles, agosto 19, 2026

Seguimos en agosto

Esta mañana he estado en la piscina. Una hora y cuarto nadando (he compartido carril, en algún momento) y tres cuartos de hora leyendo en el jardín, primero al sol y luego bajo la sombra de un árbol. He sido feliz, una felicidad muy pura que no necesita billetes de avión ni rutas salvajes ni aguas cristalinas en el Mar Egeo. 

La novela que llevo estos días arriba y abajo está sobreviviendo a todas las inclemencias del verano: arena, agua de mar, cloro y sudor. Y temperaturas muy altas.

Ayer estuve en la playa con mi madre. No pudimos ir a la que yo quería porque ya no se permite el paso en coche, y andando estaba muy lejos para ella. Nos quedamos en otra que no me gustó tanto, pero pude volver a ver a mi madre disfrutar del mar. Eso también me hizo feliz después de este año tan duro para ella.

Estos días estoy comiendo higos. Tan carnosos y dulces, y ese color tan bonito y vivo, pero es tan corta la temporada de higos... 

He vuelto de la piscina por las calles estrechas y he contemplado las fachadas antiguas como si no las conociera, y sus colores ocre, vainilla, terracota, rosa asalmonado... No entiendo por qué las fachadas de los edificios nuevos son tan aburridas, tan simples, sin alma.

He pensado en Roma, en El Cairo, en Naxos y en Formentera. 


miércoles, agosto 12, 2026

Un piano y un eclipse

 


Escribo esto durante la madrugada del día del eclipse solar.


Acabo de ver una foto que le hice a mi padre el 12 de agosto del año pasado. Está en una habitación de hospital con una cuchara en la mano, removiendo un plato de sopa. 


Se había levantado de la cama y estaba a punto de comer. Era una prueba de su mejoría. Estaba recién operado. Le conté que había estado tocando un piano que estaba en el hall de la entrada del hospital. Le dije que había improvisado algo muy suave, algo acorde con el lugar. Me dijo: "qué curioso que haya un piano". Sí, era curioso. 


Un año después de esa foto, hoy 12 de agosto se celebra una misa dedicada a mi padre, en la iglesia del pueblo en el que nació. Y será justo en mitad del eclipse, a las 20:00.


No voy a ir, me han avisado hoy a última hora de la tarde y no está precisamente cerca (9 horas en coche).  Pero va a ser muy raro estar sola en casa, sabiendo que fuera hay un eclipse y, a su vez, una misa por mi padre a 800 km.


No sé muy bien cómo es una misa dedicada. No sé si a mi padre le hubiera gustado, creo que si pudiera, él mismo la esquivaría y se quedaría en casa regando plantas.


Qué raro todo.


Me ha bajado la regla justo hoy. He buscado en tik tok "menstruando durante el eclipse" y me ha salido que soy bruja certificada.



domingo, agosto 09, 2026

Un día de agosto

Ayer me pinté las uñas de azul piscina.

Hoy he estrenado un bikini azul ultramar, satinado.


He bajado a la playa con mi bici nueva, que es como la que tenía antes (me la robaron) y la verdad es que me causa cierta satisfacción haber conseguido otra igual. A pesar de ser domingo, y de que eran casi las once ya, en la playa no había tanta gente como esperaba. 


He estado leyendo El Descontento, de Beatriz Serrano, bajo la sombrilla. Lo he mojado un poco sin querer porque en cuanto me secaba,  me iba a nadar hasta el espigón y volvía para continuar leyendo.


He visto algunos peces, de los que se ven aquí. Unos peces nada sofisticados,  sencillamente "peces". Un hombre ha dicho que eran Sargos y Doncellas, me han parecido nombres de cuento. 


Ayer estuve en la piscina porque después de una tormenta no se puede ir a la playa hasta pasados dos días. Es algo que se sabe. He mejorado mucho mi técnica gracias a las clases de natación y creo que voy a continuar en septiembre. Disfruto de la hora de clase y además me olvido de las preocupaciones, si las tengo, porque solo debo concentrarme en los drills que me manda hacer Raúl. Me gusta escucharle gritar mientras nado "Muy bien, muy bien!", "¡no levantes tanto la cabeza!", "¡una piscina más!".


Desde la cocina, oigo cantar al vecino del segundo, el que es frutero, canciones que jamás esperaría de él. Le oigo entonar a todo pulmón "...uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida..."


 ¿Adonde volvería él? ¿Adónde volvería yo? 

Cada día se puede volver a algo que te haga amar la vida.