sábado, diciembre 01, 2012

C-58

Hace un tiempo pensé en una historia para una novela. La planifiqué y empecé a escribirla, pero no la acabé porque me enfrié. Pasaron algunas cosas en mi vida, cualquiera de esas cosas que suceden en las películas durante hora y media. Ahora podría retormar la escritura, pero no me apetece, o eso creo. Sigue ahí y tal vez algún día la acabe.

Uno de los personajes, Natalia, se mudaba a un piso al borde de la C-58. Se asomaba a la ventana y contemplaba los coches de la carretera. La puesta de sol y las luces rojas de freno. Yo soy una de esas conductoras que circulan despacio y se paran de vez en cuando en el atasco de todas las mañanas. Mi personaje me ve desde su casa. Cuando voy con Carol le digo, mira, ahí vive Natalia... y me la imagino en una silla, esperando a que avance el capítulo en el que me quedé para que pueda vivir su historia.

Hace un par de días, a cinco paradas de metro de mi trabajo, un buen amigo me presentó a una de sus compañeras. Casualmente vivía al borde de la C-58. La chica me contó que mientras fregaba los platos veía los coches y unas montañas a lo lejos, esas que yo siempre pienso que no pegan ahí, que parecen de otra parte.

Y eso es todo.

Supongo que cualquiera puede aparecer en alguna novela o en una película de hora y media.

¿Y si Natalia es la que escribe? Yo podría ser su personaje.


jueves, noviembre 22, 2012

campos de fútbol



Pienso estos días en los campos de fútbol de equipos de tercera, cuando paso por las mañanas y están desiertos y con los focos encendidos, otra soledad para el catálogo. Y tú, Carol Blenk, que sigues durmiendo, tal vez estás soñando con correr de una portería a otra en pijama, chutando un balón sin meter gol. Quién quiere goles. ¿Eres tú la que sueña con eso? ¿Eres tú? Sí, eres tú. La chica que sueña con un campo de fútbol es la misma que acabo de dejar en la cama.

jueves, noviembre 08, 2012

¿Y mañana lo mismo?

Cada día paso por delante de la puerta del garaje que se ve en la foto, pero hasta hoy no me había fijado en la frase que tiene pintada en spray: ¿Y mañana lo mismo?
No sé por qué motivo está escrita ni si forma parte de alguna reivindicación de los vecinos, pero así, aislada, me ha
parecido que encerraba algo, como hace la puerta metálica en la que está escrita.
Lo que oculta la frase puede ser terrible. Porque sí, no nos engañemos, todos sabemos que mañana nos espera lo mismo de siempre, para bien o para mal no habrá ningún cambio, sin sorpresas. Pero, ¿y si mañana no es lo mismo?
El interrogante es otra puerta.

domingo, octubre 28, 2012

¿Seré una robot adoptada y nadie me lo ha dicho?




Siempre me ha costado mucho demostrar que no soy un robot. Esta mañana, hasta seis veces lo he intentado. Frente a los campchas, a menudo soy incapaz de distinguir una i mayúscula de una l minúscula. Tampoco sé si va espacio entre la palabra y el número. ¿Estas dudas son indicadores de algo?

Captcha o CAPTCHA son las siglas de Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart (Prueba de Turing pública y automática para diferenciar máquinas y humanos).
Se trata de una prueba desafío-respuesta utilizada en computación para determinar cuándo el usuario es o no humano.

(Wikipedia dixit)

Yo me siento muy blade runner leyendo esto. La palabra humano y máquina en la misma frase con el verbo distinguir de por medio es comparable a ver naves en Orión . Y me pregunto, el número de la fotografía de arriba, ¿los jumanos somos capaces de distinguir ese número? ¿Hay algún jumano en la sala que lo distinga? Me planteo si es que la prueba es al revés: si eres humano, no distingues el número.



martes, octubre 23, 2012

Confieso un secreto el día en el que mi blog cumple 9 años


Este post se puede escuchar porque es un audiopost.



El año pasado me compré una fiambrera de acero inoxidable que mantiene el calor. Esto ya lo sabéis. No puedo usar una de plástico porque en mi trabajo no nos dejan calentarnos la comida en el microondas. No sé si están vulnerando algún derecho del trabajador porque tampoco nos dejan tener representante sindical. Microondas + representante de los trabajadores = peste.

Siempre he querido comer en casa al mediodía, pero jamás lo he conseguido. Es mi pequeño sueño sin cumplir. De pequeña no podía porque mis padres trabajaban y tenía que quedarme en el comedor del colegio (ya lo expliqué el 22 de noviembre de 2006). Ahora que tengo 34 años recién cumplidos,  tampoco puedo volver a casa a comer porque mi lugar de trabajo queda demasiado lejos.  Por eso, mi fiambrera es más que un recipiente para conservar los alimentos calientes; mi fiambrera es un pedazo de hogar enfrascado y templado. Extiendo una servilleta de hilo que hace de mantel. Coloco los cubiertos a un lado. Abro la tapa. De dentro sale mi mamá, que me ha venido a buscar por sorpresa al colegio, tan guapa como siempre, con su traje de chaqueta y sus tacones, y me lleva a comer a casa mi plato preferido: macarrones gratinados. De dentro sale mi novia, la detective Carol Blenk, que me espera en casa para comer, con una copa de vino blanco, un cigarrillo en los labios y una tapita de aceitunas. De dentro sale mi amigo Ike, que me lleva a Lisboa a comer sardinas en pleno barrio de La Alfama. Mientras, hablamos de la vida y de aquel verso de Pessoa: viajar, perder países, ser otro constantemente. De dentro salen mis amigas Gema y Chelo de Madrid, que me invitan a comer en su casa, a la que puedo llegar en bici cruzando el Retiro.

Si se enteran de que mi fiambrera no es únicamente un recipiente de acero inoxidable para conservar mi comida caliente. Si se enteran de que gracias a ella sueño, me alimento, recuerdo y viajo, el siguiente paso será prohibírmela. Así que esto es lo más parecido a un secreto.

Para mañana tengo lomo adobado. Mientras lo freía he tenido un "momento Proust con sus madalenas": el olor del lomo me ha llevado hasta la fiesta hippie de Sant Francesc de Formentera. He vuelto a saborear aquel bocadillo que nos jalamos en la plaza mientras sonaban los Doors y que olía tan bien. Mañana, a las 13:30, abriré la tapa de mi fiambrera y estaré en una isla.




domingo, octubre 07, 2012

Localización

Llegan hasta aquí los gritos de la gente que hay en el bar de la esquina viendo el partido.  Y yo estoy muy lejos escuchando a Anna Calvi casi en la oscuridad. No la cambio por ningún gol. Si algún GPS intentara localizarme le daría error, entraría en bucle y explotaría.