1073. blog blanco

Siempre quise tener un blog blanco, sin parafernalia y con una única entrada en la portada. En esta etapa de pequeños pasos he decidido que era un buen momento para hacer realidad ese sueño. He tenido que sacrificar links.

Ayer vi a un perro gris asustado en la Ronda de Dalt. Corría por el arcén en dirección contraria a los coches. Iba con la lengua fuera. Cansado de buscar un lugar a salvo. Aquel perro era como un bello sentimiento abandonado a su suerte, nunca sabes qué pasará con él, en qué se convertirá.

1072. desde tan lejos





Suena el riff  de Nightcall en el televisor.
El motor de nuestro coche arde en el aparcamiento.
Contemplamos el fuego tras la ventana de una habitación. 
Ilumina nuestros rostros.
Sé que todo lo soñé alguna vez.
La luz de la tarde es escarcha.
El satélite de Google acaba de fotografiar
un punto del planeta en llamas.
Brilla desde tan lejos,
como aquel anillo de oro lanzado al mar,
desde tan lejos,
como un continente nuevo.

Desde tan lejos empezamos a bailar, pero sin que sea bailar, moviendo los hombros y  la cabeza con la pulsación del compás cuatro cuatro, chasqueando los dedos en el segundo y el cuarto tiempo. Saltamos a la cama revuelta. Tus labios tocan la boca de la botella de champán y das un trago muy largo. Yo hago lo mismo después. 
Lo repetimos varias veces. 
Desde tan lejos es besarte.

1071. Atar cabos




  

Los finales amorosos nunca son épicos. Nada muere, nadie desaparece de veras, nada termina de terminar nunca. Pero yo sí me muero y la gente sí desaparece. 

(Los Ingravidos, Valeria Luiselli)



I fly like paper, get high like planes –MIA, "Paper Planes"– porque hoy ha sido un día lleno de pequeños acontecimientos felices. De células que se mueven y se enlazan entre sí bajo un microscopio. De sonrisas a solas caminando por la calle. Hoy lo tolero todo. Ayer también, pero hoy más. Tal vez sea que llevo varios días durmiendo ocho horas. O que me han enviado por wasap una foto de mi plaza preferida. O que he querido escribir avión –con el teclado del iPhone– y por error he puesto mis dedos en las letras que forman la palabra cielo, y me ha parecido una acertadísima equivocación. O que no me siento ridícula por haber escrito cartas de amor alguna vez, porque en Todas las canciones hablan de mí, la película de Jonás Trueba, dicen que los ridículos son las que no las escriben jamás y yo me fío de lo que dicen en el cine, así que me he sentido bastante bien. Estoy dándole mucho sentido a todo lo que "recibo" de un modo u otro, sé que son cabos que debo atar, hasta que la cuerda sea tan resistente que permita deslizarme y salir de mi fortaleza.

Dos cabos soble Los Ingravidos, de Valeria Luiselli, me han llegado a través de personas distintas, una geolocalizada en un café de Paseo de la Reforma (Ciudad de México) y de otra situada en algún punto de Barcelona. Y yo los he atado, porque sería absurdo dejar escapar esa oportunidad de hacer mi cuerda más fuerte.

Hoy he visitado dos pisos, un 4º2ª pintado de blanco glaciar y un 1º2ª pintado de amarillo azul cielo. Ambos con ascensor. No estaban mal, pero no he sentido nada especial. Será mi hogar y no puedo quedarme con el primero que me guste sólo un poco. Encontrar el eje exacto en el que llorar para reír, olvidar y volver a amar no hay que tomarlo con ligereza. Probablemente ya me encuentre allí, en un futuro, y el cerco húmedo que ahora está dejando el botellín de cerveza en la mesa comience a ser visible en ese lugar que, de momento, desconozco.

Empezar es un verbo bonito que se conjuga con muchas sílabas "ce", "za", "zo" y "zos", que me cuestan mucho de pronunciar si se juntan con eses, como empezase, empezases, empezásemos, empezaseis o empezasen, y que quiere decir "dar principio a algo". Los principios son la primera parte y a veces son muy largos porque no nos atrevemos con el nudo. Lo vemos ahí, está llegando, está a punto, pero causa respeto. ¿Cómo meterse en el nudo y luego salir de él? Sin que parezca que hemos dado un portazo y nos hemos sentado en el sofá a limarnos las uñas mientras silbamos. Silbar no es de señoritas, decía mi abuela, pero a mi me encanta silbar. A los niños y a las niñas les apasiona silbar. Cuántas veces he escuchado "ya sé silbar" y es como si empezara algo distinto en ese preciso instante.

Mis biorritmos están empezando, también, su ciclo positivo. Los tres a la vez. El día 7 lo voy a flipar. El día 17 es una incógnita.




1069. canciones beso

de:Paola Vaggio
para: Inés Vera


Hay días normales, ¿verdad? Que no son determinantes. Son del montón. ¿Acumulamos muchos días del montón? A mí me parece que no, siempre hay algo. ¿Tú los acumulas? Los días del montón son como una canción que suena en la radio a una hora determinada porque está programado que sea así. Una canción que suena sin más. Un profesor de la facultad decía que la música de fondo, para llenar el silencio, era un error, porque perdía su significado, su razón de ser. Yo no soy tan radical, pero es verdad que a menudo la música de fondo me sobra. Por ejemplo, en las salas de espera. El hilo musical es un invento maligno que sufrí durante mucho tiempo en un antiguo trabajo. Siempre suenan las mismas canciones. ¿Lo sabías? Sí, cada día se repiten una y otra vez, y llega un momento en el que te las sabes, no importa lo que digan, te las sabes y las cantas.

Lo que quería decirte es que hoy ha sido un día normal. He comido un filete con unas patatas fritas buenísimas. El filete también estaba bueno. Me he hecho una foto con mi prima pequeña. Hemos jugado en el sofá a ver quien tenía más fuerza con los pies. ¿Tú tienes fuerza con los pies? Ella es como mi hermana pequeña. Siempre he querido tener hermanas o hermanos. Ayer estuvimos viendo una película sobre un hombre lobo y comentábamos lo que creíamos que iba a pasar. Me gusta que lleve por dentro algo de mi sangre. Me gusta verla crecer.

Hoy me he acordado de ti mientras conducía. A menudo pienso en ti. Me gustaría que pudieras responderme sin tener que inventármelo. Sin tener que inventarme tu respuesta, ¿sabes? Que tuvieras una vida y me la pudieras contar.

Ayer escribí dos versos, pero no sé qué significado tienen, pero me salió así, sin más. Te lo escribo, ¿vale?

Te querré casi siempre –dijo ella.
Y yo me aferré al casi.

¿Qué crees que significa? Me parece bonito, pero no sé por qué lo escribí. Creo que lo incluiré en mi novela, en algún lugar. La novela lleva tres días muy calladita. Es que tiene que reposar, como el gazpacho. El gazpacho está más bueno si reposa un poco. ¿Te gusta el gazpacho? Seguro que sí. A mí me gusta con daditos de pepino, pimiento y pan frito. Pero si no hay, me lo como sin nada. ¿Te gusta el vinagre, Inés? A mí me encanta. Soy un peligro para las ensaladas, porque le pongo mucho y a veces están demasiado fuertes. Pero me gusta esa sensación de isssssshhh en la boca.

Inés, sabes? puede que me esté enamorando de ti un poco. ¿Tú vendrías conmigo de viaje en una autocaravana? ¿Dónde te gustaría ir? Hablaríamos de muchas cosas; libros, música, ciudades, películas, e iríamos en pantalones cortos y camisetas de tirantes y con vestidos de verano. ¿Me dejarás tu camiseta algún día, esa que me gusta tanto y que te compraste hace mil años? Por las noches nos abrazaríamos, haríamos el amor y nos picarían los mosquitos. ¿Quieres? Yo te enseñaré algo que no sabes, y tú me enseñarás a mí algo que yo no sé. Me gustará verte dormida, porque tienes los ojos cerrados y yo no existo, porque eres tú, nada más, con tus recuerdos y tus secretos, los que yo no sé. Y por eso me enamoro de ti.

Bueno, ya te he dicho muchas cosas, ahora quiero que me las digas tú a mí. ¿Por qué no puedes? Mándame una canción.

Yo te mando una, a ver... que la piense. Es muy importante porque hay canciones que ejercen un poder extraño. Yo creo que ya la tengo. Es de un grupo que no me enseñó nadie. Sonó un día en Spotify, no sé por qué, en una lista de esas de sugerencias, y yo estaba medio dormida y fue muy bonito lo que escuché. Se llaman Boom Clap Bachelors y no sé ni si todavía existen. No he investigado nada.

Se me olvidaba algo muy importante. He empezado a hacer una libreta en Evernote con citas y pasajes de libros que me gustan. Las clasifico con etiquetas. De momento tengo las siguientes categorías: ciudad, viaje, búsqueda, deseo, bondad, amor, olvido, problemas. Y la libreta se titula "Lo que dice los demás sobre..." Será como una especie de libreta de frases que te dicen algo, que te dan alguna clave. Te pongo un ejemplo de una de las que he añadido:
“En quince años, Sachs viajó de un extremo de sí mismo al otro, y para cuando llegó a este último lugar, dudo que supiera ya quién era. Había recorrido tanta distancia que le debía de ser imposible recordar dónde había empezado.”
                                                                                                Paul Auster, Leviatán.
Categorías: búsqueda.

Yo también he recorrido mucha distancia. Tampoco recuerdo cuando empezó.

Qué fuerte, estoy viendo la luna desde aquí, desde la mesa, y parece que lleve un parche en un ojo. Es una señal de algo.

Besos

Se me olvidaba la canción que quería mandarte (el vídeo no lo conocía, pero es muy bonito, es muy tú, Inés, en serio... creo que si existieras y, por tanto, pudiera gustarte, te encantaría. Estoy muy contenta por haber encontrado esta canción y este vídeo por casualidad. Me gusta cuando se besan y un hilo de saliva une sus labios. Es muy real. ¿Tú quién quieres ser de las dos? A mí me da igual, son guapas las dos. Son dos chicas, no? Es súper ideal) Hay canciones beso.

pd. Joder, ojalá pudieras contestarme. Qué rabia.





























1560. De lo morena que era le verdeaba la piel




 Si fuera chico, además de Ryan Gosling, también sería Miguel Poveda algunos ratos.


Me dan sudores de muerte 
si en medio la calle tropiezo contigo 
y tiemblo namás que verte 
y no me conozco ni sé qué me digo.

Se me nota en el semblante 
que tengo pena 
válgame dios 
y que te quiero más que antes 
aunque yo diga que no.

1559. Layers

Durante los primeros segundos del día todas las capas de realidad están en modo invisible, no las veo. Suelo pensar "qué bien se está aquí" y me coloco mejor en la almohada. En ese instante ignoro si estoy de vacaciones o trabajando, si estoy sola o con alguien, si estoy intentando cambiar o quiero seguir igual, si tengo alguna ilusión o no tengo ninguna. Ignoro el camión que transportará mi piano hacia alguna parte, con todas sus teclas y todas sus cuerdas. Ignoro que llegará invierno con sus endemoniadas tardes de domingo. Ignoro que un día alguien morirá y será para siempre. Ignoro si estoy enamorada y soy correspondida. Ignoro los anuncios de Youtube y Spotify. No me acuerdo de nada de todo eso que me acuerdo durante el día. Soy muy feliz en algún lugar que también ignoro. Pero alguien -sospecho que  yo misma- vuelve visibles, con un solo clic, todas esas capas que estaban escondidas. Entonces, bueno... entonces, hola mundo, qué tal, qué haces por aquí.


post 1558. Drive, un plato de espaguetis que cae al suelo, polvo y gente



Acabo de ver Drive. Si fuera chico me gustaría ser Ryan Gosling. Es una película de acción, pero todo sucede con lentitud. A ratos es como un videoclub. Quería decir videoclip. No sé por qué he escrito videoclub. Podría haber escrito puticlub, pero ha sido videoclub. Videoclip, esa era la palabra correcta. Decía que todo sucede con lentitud. Es como ver caer un plato de espaguetis, que se hace añicos y salpica el suelo con tomate, pero a cámara lenta. El tomate pasa a ser algo diferente, algo más significativo. No es sólo tomate. Son cientos de gotas de color rojo que tiñen el suelo; y el suelo es una superfície llena de partículas de polvo, polvo repleto de restos de muchas cosas. Voy a citar un pasaje del relato titulado Él, de Marina Perezagua –Marina Perezagua es un gran descubrimiento, por cierto.

Llevo mucho tiempo sin limpiar el polvo. Lo veo en los muebles, flotando en el rayo de luz que se filtra por la ventana. Quiero probarlo. Abro la boca para que me entre, para averiguar a qué sabe, si tiene algún alimento, porque su boca está entreabierta y me gustaría que esta harina de pelo de perro, de barro en los zapatos, de alas de mosca, le aportara algún nutriente. Pero este polvo no sabe nada, no tiene olor ni gusto. Sólo se ve.
(Marina Perezagua. Leche, Ed. Los libros del Lince)

La BSO de Drive también me ha gustado mucho. Y los colores. Ryan Gosling es un chico al que le quedan muy bien las camisetas sucias, igual que a James Dean. No deja de ser la típica historia de salvar a la chica y deshacerse de una bolsa de deporte con un millón de dólares dentro, pero es una película llena de belleza. Me gusta mucho cuando él conduce e Irene pone su mano encima de la suya, en el cambio de marchas. Ese gesto sería un modo de declarar mi amor a alguien. Si la chica lo entiende, perfecto. Si no lo entiende, no es para mí. Me arriesgo bastante, lo sé. El amor sin riesgo es semejante a un contrato.



Me gustó el mosaico de gente que conocí ayer noche. Las palabras que escuché, los movimientos, las señas de identidad de cada persona. Tener que salir de los lugares para fumar ayuda a conversar. Fuera se concentra la gente y todo el mundo está muy receptivo  en ese momento. Lo malo es que los vecinos no lo estaban tanto ayer noche y nos tiraron tomates, agua, huevos... y una bombilla que estalló en el suelo como un plato de espaguetis.


1055. Panolis Anónimos.






"Hola, me llamo Paola y quiero dejar de enamorarme." Así he empezado mi relato esta mañana delante de todos los demás, que estaban sentados en sillas de Ikea, formando un círculo. Me miraban como si yo no pudiera contarles algo distinto. Efectivamente, no podía. Mi historia se ha basado en un resumen de todas las experiencias amorosas en las que he hecho el panoli. Desfortunadamente, soy muy dada a hacerlo, así que me he alargado bastante. Margareth, una camarera de diner americano, muy muy sensible, ha roto a llorar después de mi intervención. "¿Más café, Margareth? -le ha preguntado el psicólogo-, a lo que ella ha respondido, "Tu puta madre", a lo que él ha respondido, "esta bien, tranquila, habrán días mejores." Me he sentido un poco violenta, la verdad. Qué desafortunado el comentario del café.

En  "Panolis Anónimos" te dan una ficha en forma de ave que vuela libre por cada semana que pasa, siempre y cuando aportes alguna prueba que pueda desmostrar que estás dándole la espalda al amor.
Sí, yo también me he preguntado cómo se demuestra algo así. Por ejemplo, Antonio, un empresario de 48 años, que dejó a su mujer por una más joven, de 35, y ésta, a su vez, lo dejó por un estudiante de 24 (ya se sabe, el que genera mal karma...) ha presentado la prueba de la factura telefónica. Efectivamente, ninguna llamada a la ex-mujer ni a la ex-amante. Bravo por Antonio. Se ha ganado su primera ficha en forma de ave que vuela libre.

Cuando entras en Panolis Anónimos te dejan muy claro que, en caso de volver a enamorarte, lo hagas con todas las garantías. O sea, nada de ser tú quien va detrás de la otra persona y le regala los oídos; nada de ser tú quien haga locuras de amor ( esas gilipolleces románticas que hemos aprendido de las películas); nada de invitar a salir, a no ser que te inviten a ti primero; nada de regalar flores o todo lo que se entienda como un regalo; nada de escribir bonitos mensajes de texto, wasaps, y sucedáneos. A partir de ahora, vas a ser el receptor, y no el emisor. 

Vale. Uno, dos, tres, preparados? Listos? 

Ya! Nace mi nuevo yo anti amor.

(tic tac tic tac tic tac tic tac...)

(Silbidos)

(Balanceo de piernas)

(Ritmos con las manos en la mesa)

Me aburro.

(Un cigarrillo)

(Mirada al móvil. A ver qué tiempo va a hacer mañana...)

(Una  cerveza)

(Otra)

(Otra más)

(...)

ZzzzZzzzzZzzzz


1053 entradas conmigo






Después de cenar, Juan y yo fuimos  a la terraza del Hotel Axel. Hay buenas vistas de Barcelona desde allí, pero todo me parecía muy pequeñito ayer, como si pudiera llevármelo en el bolsillo. Muy humanista. No tenía ni un poco de vértigo. Creo que he crecido unos cuantos centímetros, como cuando nos medíamos y hacíamos una marca en la pared. Mi raya actual ya no coincide con la última.

La noche es preciosa en cualquier lugar. Mi franja del día es de 20:30 en adelante. Estoy más receptiva. Me parece un momento lleno de posibilidades. Se dibujan los edificios que durante el día se levantan. Sería algo así. Es como cuando llueve, que es algo común a todos. Y siempre es la misma noche la que nos espera. Vuelves al día siguiente y sigue allí. Todos necesitamos contar con algo que no se vaya. La noche es lo más parecido a nosotros mismos. Es importante volver a uno mismo cuando te pierdes.

Una amiga de la que me enamoré a los 18 años decía que siempre se podía contar con los cambios. Lo debió leer en algún libro. Luego estuvo mucho tiempo enganchada a la cocaína y al final se casó con un tío que la trataba fatal. El tema del cambio no surgió. Como dicen en (500) Days of Summera veces desperdiciamos el cariño. Pero el amor que se da siempre se queda en uno de algún modo, porque es algo que nace de ti y has sido capaz de producir, como si fueras un generador eléctrico imparable e itinerante. El amor se transforma, lo que dimos nos hace un poco más grandes y la raya de la pared sube unos centímetros. Sucede, entonces, que estás en la terraza de un hotel y lo puedes alcanzar todo con la mano. 

Me gustaría sentirme permanentemente gigante. Es mi reto para antes de que acabe el año. A ver si ahora me voy a volver engreída. Pero cuando te conviertes, te das cuenta, no? De qué modo te afecta negativamente? Por qué cosas lloras? Deseas no serlo? 

Esta viñeta es a propósito de la peli, está lograda. 







1949. confundir todavía con barriga




Sigo en busca de piso de alquiler en Barcelona. Ya he visto muchos, todos en la misma zona. Hay uno que siempre les gana a todos. Aunque no es mejor que los demás. Sólo tiene un inconveniente, y es que es más caro de lo que me había planteado pagar en un principio. Pero me encanta. No sabría decir muy bien el porqué. Fue la energía al entrar. Sentí que podía ser mi hogar.

Caminando hacia uno de los pisos que me han enseñado hoy, y como está cerca de la playa, me he acordado de la canción de Los Planetas y de que estuve muchos años cantándola mal. En la estrofa que dice "si me acuerdo me duele todavía", yo cantaba convencida "si me acuerdo / me duele la barriga". Y me encantaba ese datalle tan infantil del dolor de barriga, me parecía súper cierto. Y  luego resulta que no era así. Me reí un montón cuando lo descubrí, porque además estaba muy claro que decía "todavía". ¿Por qué yo decía "barriga"?

Ayer, día bonito. Muchas ganas de volver y de sentirme en casa por la calle. Qué chorrada, pero es que es verdad. Buena compañía, cómics en La Central, croquetas ricas. Bicing. Árboles. Las fachadas. Los taxis. Los autobuses. Supongo que hay épocas en las que el lugar donde naciste te rescata de algún modo, como saldando una cuenta pendiente.








1047. Probabilidades y fallos de comunicación

Hoy me he acordado, en diferentes momentos del día, y sin proponérmelo, de dos caciones de un grupo de los 70's. Yo escuchaba a Led Zeppelin cuando iba al instituto. Es más, cuando iba al instituto cantaba en un grupo y hacíamos una versión de Led Zeppelin.

Led Zeppelin se fundó en 1968, diez años antes de que yo naciera. 

La primera canción que he recordado, y que me ronda por la cabeza desde hace semanas es What is and what should never be, un tema del mítico álbum Led Zeppelin II. Las primeras frases siempre me parecieron la invitación a algo que tanto podía ser posible como no serlo. 100% de probabilidad en ambos casos. 

Al inicio, la voz de Robert Plant, sin ningún instrumento de fondo, lanza el anzuelo: And if I say to you tomorrow... (Y deja una pausa para la imaginación. Entonces empieza a sonar una guitarra muy suave, rascando con la púa arriba y abajo, como acariciándola, y una batería con la baqueta cruzada en la caja y la otra tocando ésta y el aro al mismo tiempo, un cross stick... acompañado de un plato intermitente que marca el tempo como un latido acelerado -todo sueño debe tener un corazón-)..."take my hand, child, come with me"/ It’s to a castle I will take you / where what’s to be, they say will be.

Me encantaba esa canción. Me pasaría la vida lanzando condicionales de ese tipo. Bueno, me encantaría que me los lanzaran a mí, en realidad. Lo que más me gusta es el inicio. Sin el "Y..." el condicional perdería fuerza... esto es un "Y si yo te dijera mañana... take my hand and come with me" ¿Qué harías tú? (Bueno, a menudo dicen que no, en ocasiones que sí. Siempre debes darte el 100% de probabilidades en todo.)

La segunda canción de Led Zeppelin de la que me he acordado hoy es Communication Breakdown. Por la tarde, después de tomar una cerveza en una terraza, he visto una cabina (oh dios, una cabina, aún existen?) con el teléfono descolgado y le he hecho una foto (es que hacía tiempo que no veía una cabina como las de antes). E inmediatamente ha venido a mi cabeza el estribillo de la canción.

Se me acaba de ocurrir que mañana mismo volveré al lugar y colgaré el teléfono. No podré vivir tranquila si no lo hago. 




1046. iluminada (o algo así)




Echar de menos es muchas cosas a la vez; es ir a comprar muy temprano; es abrir el armario y escoger la ropa; es subirse en el autobús y esperar a que llegue tu parada; es renunciar a un pastel de chocolate; es pintarse las uñas alternando dos colores. "Nada es eterno, dicen que hasta la belleza cansa," me acaba de decir el cubano. Le he preguntado qué había pasado. Una disputa de pareja.

Cómo me gusta esta hora, la del camión de la basura, cuando nadie hace planes. Los planes no deberían existir ni las horas acordadas, deberíamos encontrarnos por el mero fluir. Salir de casa, con el bolso al hombro, bajar la calle y encontrarnos. Reconocernos, porque nos conocimos antes, y lo olvidamos haciendo otras cosas; escogiendo la ropa del armario, estudiando una carrera en la universidad, subiendo al autobús, yendo a comprar temprano. Bueno, eso es tener fe. Para tener fe (en cualquier cosa) se tienen que dar tres condiciones: respeto y confianza; asociación de ideas y símbolos ; y valor.

No me siento especialmente alegre, pero a diferencia de otras veces, no me preocupa. Tampoco me siento triste. A veces siento soledad, como en la cueva. Como cruzando el puente de Brooklyn y parando a liarme un cigarrillo y a observar la estructura de vigas metálicas. Pero no como una novia que no sabe si casarse o no. Es una soledad necesaria. De desintoxicación. Pero no me gusta desintoxicarme porque es aburrido.

Pero me he dado cuenta de algo muy bueno, y es que no odio a nadie. Es sanador no odiar a nadie ni sentirse amenazada. Porque el rencor amenaza. Estuve algún tiempo odiando el invierno pasado, y era horrible y estresante. Me dio muchos problemas.

Hay varias razones por las que odiar no soluciona nada; si odias cuando amas, es algo absurdo porque se vuelve contra ti como un boomerang y te da en toda la cara cuando menos lo esperas; es mejor reconocer que amas. Si odias porque te han hecho daño, tampoco reparas nada, al contrario, lo recuerdas todo el rato, porque el odio es una cadena que te lleva hacia el dolor. Odiar es correr hacia la dirección equivocada en muchos casos.

Pero claro, estoy hablando de odios menores. Que nadie se confunda. Afortunadamente, no he conocido odios mayores.

post 1045: reflexiones de starbucks




Cuando pierdes a alguien, en realidad (cuánto me gusta decir "en realidad", es como darle la vuelta a todo) se transforma en otras personas o en otras cosas; en canciones nuevas, en libros por leer, en películas por ver, en tu vecino, en una alumna de sexto curso, en las palabras lanzadas por la panadera, en ventanas, etc. Porque todas las piscinas llegan a otras piscinas, y no es tu carril, son muchos al mismo tiempo. Las bañeras también se conectan. Y los grifos.  El agua nos conecta porque es la misma para todos. Me gustaría saber si alguien me ha perdido alguna vez. Es probable que no sea consciente de mis virajes. Y en tal caso, en qué me transformé.


post 1044: puerta de emergencia



Estaba en casa buscando una puerta de emergencia, porque en algunos momentos mi mente y mi corazón se mete en callejones sin salida. Es entonces cuando, y esto lo he aprendido este verano, tengo que irme a la calle porque necesito distraer mis demonios cuando se vuelven severos y egoístas. 

Me he colgado la toalla a la espalda y he metido en la bolsa un cómic que me regalaron a finales de junio y que aún no había leído. Supongo que esperando el momento. Y era hoy. Como en los videojuegos, he vuelto a encontrar el "objeto" que me ayudaba a pasar a la siguiente pantalla sin perder todas las vidas. 

Me he ido a la cala cabizbaja (hoy tocaba día de rayarse, esto es así) escuchando música hip hop, que no me hace pensar. Ya situada en un buen sitio, cerca de la orilla, he empezado a leerlo con calma, sin esperar demasiado, no porque no confiara en su calidad, en realidad no confiaba en mis ganas de encontrar la puerta de emergencia. 

He hecho un receso cuando la historia empezaba a atraparme y me ido nadando hasta una cueva a la que nunca me había atrevido a ir sola  porque está lejos y siempre me había dado miedo, pero mi instinto de protección hoy estaba dormido y me he ido de cabeza. Cuando he llegado, me he quedado en silencio escuchando el mar golpear contra las paredes de la roca. Ha sido un momento de mucha soledad, hasta que me he asustado de estar allí tan sola, y he decidido volver a la playa. La vuelta ha sido difícil. Volver es más complicado que ir, y es otra de las lecciones de este verano. Me faltaban las fuerzas, creo que el instinto de aventura, de no saber, te da energía, pero cuando ya vuelves, y todo ha acabado, el sueño de la cueva, los brazos se duermen. Me he puesto un poco nerviosa, he empezado a pensar que si me pasaba algo y me hundía nadie se iba a enterar. Nadie me iba a echar de menos en la playa. Nadie. He notado que el corazón se me aceleraba y que aún faltaba mucho para llegar, pero no quería parar, me daba miedo. Y poco a poco he ido acercándome, hasta que he tocado al suelo. Ha sido un alivio enorme. Ha sido como aterrizar. Ya no me voy más a la cueva. O sí!

He seguido leyendo el cómic. Estaba totalmente dentro de la historia y he pensado que era necesario acabarla con una cerveza y un piti. Así que he recogido mis bártulos y me he ido a otra playa más grande, a la del chiringuito del motero. He llegado al chiringuito y el desconocido motero me ha puesto  cerveza y luego otra gratis. Allí he acabado el cómic, justo cuando ya se ponía el sol a las 20:30. La última viñeta era el mar. 

Hoy hemos hablado mucho más, pero de un modo muy natural y espontáneo. Hemos tenido una charla de esas que salen en las películas entre cliente y camarero, pero no era una película, era real. Me ha preguntado cómo me iba la vida. A preguntas así, o dices bien, o te pierdes. Le he dicho que bien. Me ha contado que era de Córdoba, y le he dicho que no le pegaba nada, que tenía cara de ser de Wisconsin. Una parida que se me ha ocurrido en el momento. A lo que me ha contestado: no eres la primera persona que me lo dice. Me ha dicho que en septiembre se volvía con su familia y sus amigos, que él no era un nómada en realidad. Que lo primero que hacía cuando llegaba a su casa era dejar la maleta e irse a un bar a comer ensaladilla rusa. Que era la mejor ensaladilla que había probado jamás. Qué pasión, el tío. Me he reído mucho con eso. Necesitaba reírme mucho con cualquier chorrada. Que en su casa, cuando se juntaban todos eran 32, y que en la mesa no cabía ni una pulga. (Lo de la pulga me ha enternecido porque me he imaginado a una pulguilla sentada con el tenedor y el cuchillo en alto esperando su plato.) Yo le he contado algunas cosas, pero no tan familiares. Sobre los alquileres en Barcelona, el trabajo, las vacaciones, etc. Me ha enseñado una cicatriz que tenía en el brazo y me ha hablado sobre un accidente que tuvo hace tiempo y que le cambió la vida. La verdad es que era una conversación interesante. Yo le he preguntado qué moto tenía y me ha enseñado una foto que llevaba en el móvil. Era una harley muy bonita. Por un momento me he sentido un poco Lana del Rey en el videoclip de Ride. Se ha quitado las gafas de sol y tenía unos ojos muy azules y brillantes. En fin, me he ido porque ya había pasado una hora y he creído conveniente marcharme, que nos estábamos riendo mucho, y no sé, no quería dar pie a una confusión muy gorda y tonta... aunque no lo creo, en realidad era todo simpatía y nada más.

He vuelto a casa pensando que había conseguido lo que buscaba, que era espantar demonios y pasar a otra pantalla. Hay que buscarse la vida, aunque a veces se haga un poco cuesta arriba.

mini historia de encuentros, reencuentro y desencuentro

Solíamos conocer gente cuando nos perdíamos o cuando fumábamos en la calle. Que por cierto, siempre confundían nuestro tabaco de liar con marihuana.

Una tarde quedé con Eva a las siete en el East Village para cenar. La línea de metro en la que yo iba me llevaba directa, pero debido a una incidencia se interrumpía el servicio a medio camino. Un hombre vociferaba en el andén que el metro no funcionaba. Supuso para mí tres transbordos. El mismo señor me explicó los cambios que tenía que hacer, aunque yo, un poco tozuda y mirando el plano de las líneas del vagón, le decía que podía hacer uno más corto, pero bueno, al final le hice caso porque al fin y al cabo él era de allí y yo iba a llegar tarde, y aquel plano era el de Nueva York y no el del metro de Barcelona. Durante el trayecto me contó que estaba harto de trabajar y que tenía muchas ganas de ver a sus hijos y de besar a su mujer. Me pareció muy bonito. Lo dijo de un modo sincero. En mi primer transbordo nos despedimos.

Mientras tanto, Eva, a quien yo había conocido 24 horas antes pero era como toda una vida, estaba a 16 paradas y dos transbordos más allá esperándome hacía media hora. Mientras tanto, sin saber nada de mí porque yo estaba bajo tierra sin cobertura, entablaba conversación con una actriz  española que estaba trabajando allí y que nos invitó a una fiesta con mucho glamour y tacones para el siguiente jueves por la noche.

Una hora más tarde llegué a mi destino y cuando salí del metro tenía 4 llamadas de Eva. Como yo no llevaba nunca ni un puto mapa, salí al exterior sin saber si tenía que subir o bajar por la calle, una cosa que me pasaba a menudo porque siempre me iba hacia el sur pensando que era el norte y al revés. Así que mientras yo andaba hacia mi supuesto sur, un chico se me acercó y me preguntó por una calle. Sinceramente le dije que estaba tan perdida como él. Se llamaba Gonzalo, era chileno y arquitecto, estaba estudiando un curso de diseño y vivía en Harlem. Él, que sí que llevaba mapa, me ayudó a encontrar a Eva, y a su vez, a él lo ayudó un japonés a encontrar la calle buscaba. Intercambié mi dirección de correo con Gonzalo porque fue muy simpático y días más tarde nos escribimos.  Lo importante es que  Eva y yo pudimos reencontrarnos y cenamos en un mexicano muy rico que nos supo a gloria. 

En este vídeo podéis ver a la actriz que conoció Eva. Con sólo tres palabras a mí me ha dejado sin ninguna. Así es la vida, asimétrica, fuerzas que se atraen y fuerzas que se repelen, personas que se alejan y personas que se acercan.  Yo intento que la asimetría no cambie las cosas que me gustan de mí, aunque a veces sienta que no encajan. Y este es el desencuentro del final del título de mi mini historia.