Rayos y truenos tras el edificio. Por allí, por donde el mar. Imagino la playa en la que me bañé por última vez hace unas semanas. Ya era finales de septiembre. Vi muchos peces. Empecé un libro. Soy muy lenta leyendo.
Me he comprado una gafas nuevas de nadar, de las que no dejan tanta marca porque te cubren media cara. Mañana las entrenaré en la piscina.
He convocado a mis amigos dentro de dos fines de semana para celebrar mi cumpleaños. No todos podrán venir, suele ser muy complicado dar con el día que le va bien a todo el mundo. No pasa nada, no soy de esas personas que cree que su cumpleaños es lo más importante del planeta.
Un amigo me ha propuesto acompañarlo con la guitarra para un posible concierto de presentación de su disco, pero nada serio. Le he dicho que me miraré las canciones y que si se me ocurre algo interesante, podría pensarlo. Sería una reinterpretación de los temas, porque el disco está grabado con banda y en el concierto sólo seríamos él y yo en el escenario. En algunos momentos, me apetece volver, poco a poco, a la música, e ir viendo cómo me siento. Hace unos días pensé que si estaba 30 días seguidos queriendo volver, lo haría. Pero me he descontado y tampoco me he acordado de pensar en ello.