domingo, junio 21, 2026

Cariño, hacen turnos


El supermercado al que voy abre los domingos cuando empieza la temporada de playa, porque está muy cerca. En domingo hay otros trabajadores que no son los de los días de entre semana. Este es un dato que me recuerda que hace mucho tiempo tuve un amor que, siempre que íbamos a alguna tienda que estaba abierta en festivo y yo decía "pobrecillos, qué mierda que tengan que trabajar", ella siempre me contestaba amorosamente: "cariño, hacen turnos". Y ahí se acababa el drama. Me encantaba esa solución.

Entre los que trabajan en festivo, está un chico que lleva un mullet y bigote. Un bigote muy joven. Como de 19 años. El primer día que pasé por la caja y estaba él, se le notaba que no tenía mucha práctica. Todo iba bien hasta que llegó la bolsa de los melocotones. Se los quedó mirando y me preguntó flojito "¿son melocotones o nectarinas?". Me pareció muy tierno que no los supiera distinguir y la verdad es que me llenó el corazón de algodones de azúcar rosa. 

Hoy, también estaba él en la caja, y mientras yo estaba pagando cuatro cosas que necesitaba, ha entrado un hombre de la calle, muy enfadado, reclamando que le había cobrado "apios" en vez de "puerros". La diferencia era de céntimos, pero bueno, la gente es la gente.  Él ponía cara de no haber roto un plato, pero yo sabia muy bien qué es lo que había pasado. Pues adorable, qué más decir... Ha tenido que llamar al encargado porque no sabía hacer el cambio y la cola cada vez era más larga. Finalmente, ha confesado: "es que he confundido los puerros con los apios".

Un chico que trabaja en un supermercado y que la lía porque confunde la fruta y las hortalizas siempre estará bajo mi protección. Yo le daría el mejor turno y le pondría los dibujitos de la fruta mucho más claros. Amén.


 


viernes, junio 19, 2026

Plan improvisado



Esta tarde he ido a ver a una cantautora que se llama Kris Tena (acompañada por Leyre Estruch a las voces), no las conocía, pero me han gustado mucho. Me ha escrito una amiga que tenía entradas y quedaba cerca de mi casa. Ha tocado en un terrado de la calle Pere IV,  justo al lado de donde trabajaba mi padre cuando yo era pequeña. He recordado que en verano, cuando yo ya no tenía colegio, íbamos a comer con él.

Durante el concierto, las golondrinas revoloteaban y cantaban felices. Estaban contentas. Me ha parecido un momento muy bonito, entre lo sagrado y lo profano. He venido a escribirlo para recordarlo. 

Luego hemos estado cenando en un restaurante genovés y estaba todo muy rico, la verdad. Hemos pedido vino para ahogar penas silvestres. Nos ha encantado nuestro plan improvisado.

He llegado tarde, pero mañana quiero madrugar para ir a desayunar con mi madre y volveré a escuchar las canciones en el coche. Echaré de menos a los pajaritos.


sábado, junio 13, 2026

Poner en duda

Estoy afuera, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la pared. Veo mucho cielo, muchísimo. Pasan gaviotas, aviones y golondrinas. Hay silencio. Huele un poco a cloro, a piscina, a bronceador. Olores fantasma.

Me he subido un helado (mascarpone con higos) de la heladería de mis vecinas italianas. Me lo he comido aquí, mientras trataba de parar el mundo. He bebido agua fresca. He llorado. He dado plantón a unas amigas. He sentido la brisa del atardecer. 


Esta mañana me he quedado dormida con mi ahijada encima. Tal vez en ella haya algo de mí que pueda permanecer cuando yo no esté. Algunos gestos, alguna receta, alguna anécdota, una carta sin enviar. 


Me apetecía conducir más rato. Y al mismo tiempo quería llegar a casa. Me hubiera gustado marcharme hasta muy muy muy lejos para huir de lo que siento. Pero no funciona así. Lo que siento viene conmigo.


El horóscopo me dice que voy a tener un mes de junio increíble porque no recuerdo qué planetas no se alineaban desde hace 300 años. Voy a ponerlo en duda.



martes, junio 02, 2026

Adagietto

He leído que cuando los barcos van a la deriva se entregan a las corrientes.

Eso me ha pasado hoy en el supermercado.


Avanzaba por los pasillos dispersa, ensimismada, hasta que he chocado con una estantería.


No ha sido un iceberg, pero me ha devuelto a la realidad. Me ha parecido que llevaba una eternidad dando vueltas con un solitario tetrabrik de leche de avena dentro del carro.


Me costaba concentrarme en lo que tenía que comprar. Me he quedado mirando un paquete de rollitos de primavera y he recordado la primera vez que los prové. 


Cuando era pequeña, mis padres tenían unas amigas que vivían juntas. Una de ellas era compañera de trabajo de mi madre. Mis padres nunca pronunciaban la palabra "lesbiana", pero yo tampoco sabía lo que era seguramente. Solían invitarnos alguna noche a cenar. Vivían en un piso de l'Eixample y tenían una hija.


Fue en aquella casa donde comí rollitos de primavera por primera vez. Ahora es una comida corriente, pero en aquel momento era exótica. Recuerdo saborear muy emocionada algo desconocido.


La hija era un poco más mayor que yo. A mí me encantaba estar con ella. Tengo fotos de un verano, juntas en una piscina. Ella lleva en la mano una red para recoger hojas y pinaza. Me tenía fascinada, la verdad. Cuando vi Muerte en Venecia, Tadzio me recordó a ella. 


Tengo un vinilo de segunda mano con la banda sonora de la película. El primer tema es el Adagietto de la sinfonia número 5 de Gustav Mahler. 


(Pienso en Alma Mahler, la Novia del viento, en el desquiciadísimo Kokoscka, la muñeca que encargó hacer idéntica a ella y a tamaño real cuando lo abandonó, aquel escándalo en la ópera... Recuerdo escuchar estas historias en el aula de la universidad, tomando apuntes y mirando por la ventana.)


El Adagietto son 9 minutos para cerrar los ojos y dejar que el corazón tome el rumbo que quiera. A veces por pasajes sin certezas, pero también, por momentos, llenos de luz.

domingo, mayo 31, 2026

La distorsión de la tristeza

Como cada año, ayer fuimos a ver los cortos del Mecal Festival, al aire libre. Yo llegué con los ojos como si me hubieran echado un puñado de arena en cada uno, después de pasar buena parte del día llorando. 

Fuimos a un sitio muy bonito a cenar, aunque tenía el estómago cerrado y la comida no me sabía a nada. Era íntimo y acogedor, con luz tenue, pero suficiente. 


Mi amiga B. nos estuvo contando su última cita de tinder que, como siempre, no le gustó. 


Estaba preocupada porque lleva mucho tiempo en la aplicación sin conocer a nadie que le interese. Su voluntad de encontrar el amor se va perdiendo. 


Su amiga L. me insistió para que me abriera un perfil. En mi bio pusimos: "Convénceme para que no borre esta app del diablo". 


Las apps de citas parten de algo erróneo, y es la descontextualización. Presentan personas como fichas aisladas, con alguna foto, alguna frase, pero no es contexto suficiente para saber si puede interesarte. Yo propondría una app de citas por carta, que incluyera una foto en papel y algún detalle. La dirección no se revelaría porque el envío lo gestionaría la app. El filtro inicial, quien escribe a quien, no lo tengo resuelto.


Hoy tengo que ir a ver a mi madre y no me apetece estar allí. La casa me pesa. El recuerdo de sentirme feliz en ella. También el pueblo. Las campanadas. Incluso, la carretera. 


Me sienta mejor la tristeza en Barcelona, le veo más posibilidades.


lunes, mayo 25, 2026

Mañana de verano a finales de mayo

He bajado pronto a la playa. He vuelto hace un rato y he estado barriendo la terraza o el balcón, todavía no sé qué es. Es un balcón que terracea. Estoy cocinando con cariño una receta inventada, mientras me bebo una cerveza y escribo alguna línea aquí. Parece domingo pero es lunes festivo en Barcelona.

En el tocadiscos suena Lee Fields y no puede gustarme más. De vez en cuando salta la aguja por alguna mota de polvo. Mi perra me mira desde el sofa. 


El agua del mar estaba fresca y cristalina. Me he acordado de mí el año pasado. Siempre me acuerdo de mí misma de verano a verano. Qué pensaba, qué sentía, qué me preocupaba, qué deseaba, qué echaba de menos, qué me hacía feliz, qué me ponía triste. 


He vuelto caminando y me he quitado la arena de los pies en la fuente del parque. En la playa, he leído dos relatos de Días de fantasmas, de J. Winterson. No acaban de gustarme, pero sí la idea, no el desarrollo. Hablan del duelo y el mundo digital, como si lo digital fuera paranormal, sobre todo con los griefbots, las IA diseñadas para "sustituir" a la persona que se ha ido, alimentándose de su huella digital. Salió el tema la otra noche en la cena que organizó A. en su casa. Vinieron amigas suyas que no conocía, pero nos caímos bien. Estuvimos entretenidas con varios juegos de mesa que daban para hablar entre tirada y tirada. 


...


La comida ya está lista.



viernes, mayo 22, 2026

atravesada por la vida

He abierto la puerta y estaba todo a oscuras porque mi madre seguía en la cama. He tardado poco en llegar porque no había tráfico. Todo el mundo entraba en Barcelona pero yo salía. He subido todas las persianas de la planta baja para que entrara el sol.  Mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me ha pedido que fuera a buscar croissants para desayunar. La semana que viene nos dirán cómo será la quimioterapia. 


L. hace ruiditos y agita los brazos como haciendo brujería, como si no supiera demasiado bien para qué sirven, como si se sorprendiera cada vez que se mueven. Le he dado besitos en su cabecita. No podía apartar mis ojos de ella, como en la canción. Hay algo muy esperanzador en alguien que acaba de llegar a la vida.


Hace unos días metí en un cajón la fotografía de mi padre y el relicario con las cenizas. Lo envolví todo en un pañuelo de seda. Acaricié la imagen y le pedí perdón por guardar su foto. Necesitaba hacerlo. 


7 años después de obsesionarme con saber qué sentían los zombies, lo he descubierto gracias a "Dura una eternidad y en un instante se acaba", de Anne De Marcken. Novela triste y bonita. La acabé en la tumbona de la piscina. 

lunes, mayo 11, 2026

Contrastes

He salido al patio a descansar después de tres reuniones seguidas de trabajo. Me he quedado mirando las flores. Se mueven con el aire y sus colores brillan bajo el sol. Hace mucho calor. Esta noche regaré con la manguera. El agua refrescará las plantas.

Siento añoranza y, por momentos, una pena que llega muy fuerte. Tras un rato, se va yendo lentamente hacia su madriguera.

Este fin de semana lo he pasado en mi piso, después de un mes entero pendiente de mi madre. He paseado mucho por mi barrio.


Fui a la tienda de discos.


R. me recomendó un vinilo de Lee Fields. Lo publica  "Daptone Records", un sello mítico de soul de Brooklyn, que tiene siempre un gusto exquisito, tanto para las ediciones como para los artistas. Lo puse en cuanto llegué a casa. La aguja pasaba sobre los surcos y sonaban las canciones, casi como un milagro. El soul es para cuando estás rota, pero viva. Fue una mañana bonita conmigo, en la que me sentí muy acompañada recuperando algunas rutinas.


El sábado invité a cenar a mis amigos a casa. Al principio, no sé si por el cansancio emocional que arrastro, me sentí abrumada y desconectada, pero se me fue pasando y terminé riéndome mucho.





jueves, mayo 07, 2026

6 meses intensos

Ha nacido mi ahijada. Es una bebé preciosa con pelo. Hoy la he tenido en brazos mientras su madre se duchaba y he sentido mucha ternura. Una felicidad instantánea. 

La noche que nació, la escuché llorar por primera vez en un vídeo. Sentí mucha tristeza porque mi padre ya no la conocerá.


Hoy había unas nubes grandes, muy blancas, cumulonimbos (recuerdo cuando me obsesioné por saber los tipos de nubes). Me han acompañado mientras conducía. He llevado a mi prima al aeropuerto porque ya se vuelve a la isla, solo ha venido a conocer a su sobrina.


Mi madre, tras un mes de la operación, ha mejorado. Salió hace una semana del hospital. Le he dicho que necesito que me cuide y me abrace, que sea por unos días mi madre. 


Voy a volver poco a poco a mi piso. Necesito recuperar mi vida, ver a mis amigos, organizar cenas,

salir por Barcelona. Que me dé el aire. Estar para mí.


En el trabajo tengo un nuevo rol, y aunque echo de menos el de antes, estoy empezando a situarme, muy poco a poco porque también he estado de permisos y apenas he podido coger el ritmo.


Los últimos seis meses han sido intensos, de muchos cambios y preocupaciones reales. También han habido cosas buenas. Todo a la vez. 


La vida sube y baja como una atracción de feria. Unas veces en la montaña rusa, una veces con una nube de azúcar rosa en la mano y otras veces en la noria, balanceándome. 



sábado, abril 25, 2026

Sábado en calma

La verdad es que no sé qué le he hecho a la vida, porque yo soy muy bonita todo el tiempo, pero no me da tregua.

Volvemos a estar en el hospital. 


Estoy en la habitación viendo la tele, acompañando a mi madre, mientras como unas galletas y escribo desde mi móvil. Me siento en calma. El hospital me cuida de un modo que todavía no he descubierto. Solo tengo que estar y esperar a que se ponga mejor, ayudarla con alguna cosa. Es una misión sencilla y muy concreta.


Victoria es la enfermera de tarde. Ha tenido que cambiarle la vía de brazo a mi madre porque la vena ya no aguantaba. Le ha quedado muy bien, muy limpia. 


Hoy no hay gente. El bar, que entre semana está a reventar, está casi vacío. La tarde de Sant Jordi tampoco había nadie. Supongo que, cuando afuera todo se llena de posibilidades, la gente elige estar en otra parte.

domingo, abril 12, 2026

Vientos favorables

Hoy mi madre ya está en casa, con dolor, pero aquí. Yo también estoy aquí.

He pasado una hora sentada en el suelo de la habitación, vigilando cada gesto, cuidándola cómo he podido. No está siendo fácil sostenerla a ella y sostenerme a mí al mismo tiempo. Pero lo estoy haciendo

Hay momentos en los que vuelvo, inevitablemente, a hace cinco meses, a los pies de la cama con mi padre. ¿Ahora me siento más vulnerable que entonces? Puede que sí, que esté más tierna, pero también sé de lo que soy capaz.

Tengo el corazón en un puño, y cuánto más aprieta, más  lo siento.


Hay recuerdos recientes que hoy parecen espejismos:  aquella buhardilla parisina y aquel vino, instantes radiantes. Sé que aquella felicidad sigue dentro de mí, incluso ahora, bajo muchas capas.


No sé adonde me llevará este periplo, pero encontraré  viento favorable.


viernes, abril 10, 2026

Disociación

Cuando he llegado al hospital, me he maquillado dentro del coche. Un maquillaje de primeros auxilios, solo para mí. 

En el ascensor, he coincidido con un paciente que ayer bajó a la calle con un enfermero a recoger un pedido del Kentucky Fried Chicken. 

Cuando he llegado a la habitación, mi madre estaba despierta y me ha sonreído. Me he puesto contenta al verla mejor.

Una enfermera nos ha enseñado cómo cuidar la ileostomía. Yo recordaba algunos detalles de la vez anterior, cuando hace veinte años mi madre ya tuvo que llevarla temporalmente. Ahora es de forma permanente, pero los cuidados son los mismos. 

La enfermera llevaba un tatuaje en el antebrazo: Marinetti. Me hubiera gustado preguntarle si era en homenaje al artista al autor del Manifiesto Futurista. Estábamos las tres frente al espejo del baño, mi madre y ella muy concentradas en las maniobras, y yo mirando. Y con la mente, me he ido de allí durante varios segundos. No sé adónde he ido (tal vez a un lugar mejor) pero cuando he vuelto, mi madre estaba empezando a llorar. Entre la enfermera y yo hemos tratado de consolarla. La hemos llevado a la cama. 

Cuando se ha tranquilizado, he bajado a comer.

He salido a la terraza de la cafetería del hospital porque dentro había mucho ruido. He buscado la mesa que me ha parecido más bonita. Una que estaba frente a unas enredaderas y que quedaba entre sol y sombra. Una ensalada de pasta. Mientras iba pinchando los macarrones con el tenedor, un montón de lágrimas se me han ido acumulando en los ojos. 

Me he visto desde fuera, como en una película. Llorando sola, con el rímel ensuciándome la cara mientras masticaba. Si la secuencia la rodase Isabel Coixet tendría un punto melancólico y muy estético, y si fuera Mar Coll sería más cruda. Pensar en la tontería de las películas me ha calmado.

No me ha importado llorar en público. A nadie le importa que llores. Y si les importa, no te dicen nada. 

Por la tarde, han llamado a la puerta de la habitación y ha aparecido una de mis primas lesbianas (en total, somos cuatro primas lesbianas). 

Hemos convencido a mi madre para salir a pasear un poco por el pasillo, eran las siete y media de la tarde. Mientras íbamos pasito a pasito, mi madre me ha preguntado "¿Voy bien peinada?. Le he dicho que sí. He mirado a mi prima de reojo y se ha empezado reír. La verdad es que no, iba cero peinada. 

De vuelta a casa, he esquivado un atasco inmenso en la Ronda de Dalt gracias a google maps. Le he hecho caso y ha sido una buena decisión. Me iba guiando para escaparme por la ruta más rápida. Cuando por fin he llegado a mi calle, estaba cortada por la Guardia Urbana. No me lo podía creer.

He bajado la ventanilla y le he preguntado al guardia que por donde podía acceder a mi parking. Me ha contestado "circule". Le he dicho que podría tener un poco más de empatía, que era tarde y que quería llegar a casa. Se ha puesto como una fiera. 

Me ha dicho que llevaba 13 horas trabajando y que ya había contestado a "300 personas lo mismo", que qué empatía esperaba que tuviese... Me ha llamado la atención que escogiera el número "300". Le he escuchado callada, mirándole a los ojos. No he dicho ni mu por si me multaba, pero por dentro lo estaba mandando a la mierda más grande. Ha finalizado su retahíla de quejas, que ha sido muy muy larga, con un "pase y espérese en doble fila a que se vayan los bomberos". Había habido un accidente. 

He estado dentro del coche unos diez minutos. Me he bajado y me he acercado a otro guardia urbano. "Si us plau, em pot dir si queda molta estona per poder accedir a aquell parking d'allà?" Me ha dicho que sí, que iba para largo, pero que me podía meter en dirección contraria por la calle de abajo.  

Cuando por fin he llegado a mi casa, he bajado a mi perra al parque. Mientras la paseaba, me he sentido muy orgullosa de haber superado un día tan cabrón. 



miércoles, abril 08, 2026

La paloma

Una paloma se colaba por la rampa cuando he entrado en el parking del hospital. Una rampa interminable, en espiral y en pendiente.

La operación de mi madre ha durado cinco horas. Mientras esperaba, he estado mirando por el ventanal. Se veía toda Barcelona y, al fondo, el mar. Una vistas preciosas y relajantes. Ya sabéis que me conmueve la belleza en lugares insospechados.


Cuando han acabado, he hablado con el cirujano. Había ido todo bien.


Me he quedado en los pasillos de la UCI esperando a que pasara la camilla de mi madre. La he visto. Iba diciendo "quiero que mi hija esté contenta...". Y se la han llevado.


Al cabo de un rato, me han dejado entrar a verla. He estado mojándole los labios con una gasa. 


Le he dicho a mi madre que estaba contenta y me ha sonreído.  Me ha dicho que podremos volver a ver cómo se abren las flores que pusimos el otro día en el jardín. Hemos llorado un poco.


La enfermera, que tenía unos ojos preciosos, como de verano, ha entrado a ver cómo estábamos. 

 

He salido del hospital muy tarde y ya casi no había gente. He bajado al parking y una paloma se paseaba frente a mi coche. Me he quedado unos minutos dentro, con las luces apagadas y las manos sobre el volante, mirando a la paloma. Sabrá salir.


He cruzado la ciudad vacía, en silencio. Viendo cambiar los semáforos de rojo a verde, de verde a rojo. Ya en mi piso, mi perra me ha recibido moviendo la cola y lloriqueando. 


martes, abril 07, 2026

A mi padre muerto

A mi padre muerto:


Ya debes saberlo todo. No es necesario que te lo cuente. Ya lo debes saber todo. 

Cuídame.


Tu hija.

jueves, marzo 26, 2026

En una noche despejada

Hay un área de descanso desde la que se ve el mar. Siempre me ha parecido un lugar inesperadamente bello, pero es como si estuviera en el sitio equivocado, en medio de una autopista. El término "área de descanso" me gusta. Que exista un lugar para descansar, cada cierto tiempo, a pesar del caos y pase lo que pase.

Tiene una cafetería impersonal, anónima y muy similar a la de otras áreas de descanso, sin embargo, tiene una tarta del día horneada por una de las empleadas. Su nombre es Concepción pero sus compañeros la llaman Conce. Que yo recuerde, he probado la de queso, la de manzana y la de chocolate. Sencillas, frescas y deliciosas. Te templan el alma, el cansancio y cualquier pena silvestre.

Por la noche, desde los ventanales, se ve la autopista iluminada y, desde el parking, una noche despejada vi una luna llena reflejada en el mar.

Solo he entrado para retenerlo aquí, para encontrarla siempre que la necesite.

lunes, marzo 23, 2026

Jabata

He empezado a escribir a mano un diario personal, o más bien una bitácora, porque quiero que sirva como registro de todo lo que me parezca importante anotar al final del día. El motivo no es otro que, desde que murió mi padre, tengo bastantes lagunas mentales. Se entremezclan los días, los hechos, los momentos, lo acontecido. Mi rutina ha cambiado mucho desde entonces, voy más a ver a mi madre, paso menos tiempo en mi casa, veo menos a mis amigos. Hasta que todo no se vaya asentando, creo que intentar poner un poco de orden interno anotando un par o tres de cosas diariamente, me va ayudar. No es ninguna obra literaria, es un registro. 

Ayer hice el trabajo de empezar a escribir datos a partir del día que murió mi padre. Llené varias páginas pero algunas las dejé en blanco, porque no me dio tiempo y porque necesito recopilar información. Por ejemplo, del día después no recuerdo nada, ni dónde estuve ni lo que comí ni donde dormí. Tampoco recuerdo qué hice después del entierro de mi padre. Creo que vine a mi piso con mi madre y nos pedimos una hamburguesa, la más rica del mundo, la verdad. Y que nos mirábamos como diciendo ¿qué hacemos aquí disfrutando de una hamburguesa con patatas fritas y ketchup como si nada? De hecho, esto mismo no recuerdo si fue el día del funeral o el primer mediodía sin mi padre. 

He leído por internet que es normal sentir confusión y tener como una especie de neblina mental, sentir que la mente está desorganizada y que todo se mezcla. En resumen, no me pasa nada grave. Pero sí es verdad que la vida me está poniendo, últimamente, muchas pruebas, de esas que son objetivamente jodidas. No de esas que son de tanto mirarse el ombligo. Pero ahí estoy yo, contra todo pronóstico, hecha una jabata.

En la libreta he ido anotando días de los que me acuerdo y dejando páginas en blanco para los que no. De momento, del presente, llevo tres días.



viernes, marzo 13, 2026

Me encantan las piscinas y las pistas de tenis

Ya no digo "voy a casa de mis padres", ahora digo "voy a casa de mi madre". He adaptado enseguida el lenguaje. Las palabras enfocan la realidad como una cámara. La encuadran buscando algo de coherencia narrativa, de verosimilitud. 

Estoy pasando más tiempo con mi madre, quedándome a dormir alguna noche de la semana. Ahora ya no voy solo los domingos a comer. Volver a habitar, aunque sea a ratos, la casa de mi adolescencia (y de mis "veintialgos") es una sensación rara, como de vuelta a lo esencial, como si me quitara por un rato la máscara pero siempre queda alguna bajo el brazo. A menudo tengo la sensación de que es Nochebuena o la tarde de la cabalgata de los Reyes Magos. Tengo muy asociada la época navideña con quedarme a dormir en casa de mis padr... de mi madre.

Echo de menos a mi padre. Mi padre. Con sus zapatos siempre nuevos. Ahí siguen, en el zapatero. Los partidos de tenis sonando en el televisor me recuerdan a él y me acompañan. Lo siento cerca de mí cuando la pelota golpea la raqueta. Cuando hay un breakpoint. Cuando hay una dejada espectacular que deja sin aliento al contrario. Cuando una volea define el set. Cuando hay doble falta. Cuando es punto de partido. 

A mi padre se le daba muy bien el tenis, pero no éramos ricos ni nada de eso. Aprendió a jugar cuando era pasante de un abogado al que también le gustaba. Recuerdo ser pequeña y verlo vestido de blanco, cargando una bolsa de piel marrón por la que asomaba la raqueta. Esa bolsa de piel era preciosa y la conservo. Tuve una época en la que iba al gimnasio con ella, pero era demasiado bonita, la verdad. El día de su funeral leí unas palabras y se lo conté a todo el mundo: mi padre jugaba bien al tenis.

Yo estoy aprendiendo a jugar a pádel, que he descubierto que no es solo un deporte de divorciados. Juego con dos chicas de 17 años, que siempre están de exámenes, y con una de 37 que siempre llega corriendo de la oficina. Somos un cuadro. Al principio, nuestro profesor se desesperaba. Ahora ya no porque, de repente, las cuatro hemos mejorado bastante. Voy a clase religiosamente. Solo falté un día. Recuerdo que a la semana siguiente el profe me preguntó, "¿por qué no viniste el martes pasado?", me acerqué y le dije flojito, "porque murió mi padre". Me dio un abrazo. 

Yo soy buena subiendo a la red y también luchando por llegar a pelotas que parecen perdidas.

A veces me siento en transición, como en un espacio liminal y entre muchas puertas. Entre la pena y la pérdida, entre las preocupaciones del trabajo, entre el temor, la incertidumbre, y la alegría desbocada de seguir con la vida y sus paisajes: los cerezos en flor, los lirios que siempre vuelven a crecer, mi perra en la playa, la luz de una gasolinera en medio de la noche, mis manos al volante, los brindis con vino, las palabas escritas a mano, los mañana, el pelo desordenado, la llama azul del calentador, las duchas de agua caliente.

jueves, febrero 19, 2026

Rituales y hechizos

El terrado de la señora Carmen parece otro desde que, hace unas semanas, se tuvo que ir a vivir a una residencia de ancianos. Antes, la veía salir cada mañana con su bata azul, caminando despacio y balanceándose, a tender la ropa. Sinceramente, no creo que pusiese lavadoras por necesidad, era más como un ritual, como un homenaje a algo o a alguien.  No nos conocemos de nada, solo de vernos por la ventana y de que un día me pidió el teléfono "por si pasaba algo". 

He hablado con ella dos veces desde que se fue a la residencia. Me dijo que echaba de menos su terrado. Y yo echo de menos verla allí desde la ventana de mi cocina. Mañana la llamaré. Quiero saber si ya se ha adaptado a las rutinas de la residencia y si ha hecho amigos. Aunque ya me dijo que "ella era muy especial para eso de las amistades..." No le gusta demasiado estar allí. "Echo de menos mi terrado, mis lavadoras", "han vaciado todo el piso", "mis sábanas", me decía. Qué duro debe ser despojarse de todo con 98 años. Sí, obviamente, me estoy proyectando en esa vejez, esa soledad, ese abandonarlo todo. Aunque, desde que murió mi padre, recuerdo muchas veces que debo cabalgar las alegrías salvajes, no dejar que se escapen, subirme al tren, estar atenta a todo lo que prende la llama, seguir ese camino.

Hoy he aprovechado yo para salir al lavadero a tender, porque hace un viento en mi barrio que se te lleva. Se lleva los pensamientos que no están bien anclados, se lleva las penas antiguas, se lleva las dudas tontas, se lleva el polvo. 

No se lleva los besos de Clarice ni su mirada encendida. No se lleva nuestras tardes infinitas de sábado sin ver la calle, porque no nos interesa nada de la calle, la calle que se la queden los demás. Solamente nos interesa lo que ocurre con nosotras en la cama. Nuestros cuerpos buscándose, mientras fuera va cambiando la luz, como en un hechizo.


domingo, febrero 01, 2026

Hacía tiempo que no veía tan nítido

Estoy en la cola del supermercado, están las típicas que se cuelan, porque llevan pocas cosas. Hoy vamos a tener nuestra cita número XI, así que las dejo pasar, no me importa que se cuelen de tres en tres.

Nos hemos besado mucho en público y nos hemos dado cuenta de que ya nadie lo hace. La chica que leía el QR de las entradas ha tenido que esperar a que parásemos. 

Me gusta ir contigo de la mano, con el corazón en llamas y mis gafas nuevas para ver muy muy lejos. Hacía tiempo que no veía tan nítido el mundo. Veo hasta aquellos árboles del fondo de la calle, hasta aquellas ventanas que antes no existían. 

Desde un banco del parque, veo mi ropa dando vueltas en la secadora de la lavandería. 

Veo tan lejos, que ya no voy a perderme en la lejanía. 

Hice una promesa de alegría salvaje, voy a cumplirla.

miércoles, enero 07, 2026

Tres primeras veces

Tu inicial ha estado en mi bandeja de entrada en distintas épocas. A veces, cuando estábamos muy cerca, nos alejábamos y nos dejábamos de escribir. Nuestra primera cita fue el penúltimo domingo de 2025. Mi padre ya no estaba. 

Quedamos en Joanic. Llegué pronto y estuve dando vueltas. En la plaza había un carrusel infantil de caballitos. Los niños estaban como locos porque llevaba una semana lloviendo y por fin había salido el sol. En la primera barra de bar en la que estuvimos, me rozaste la pierna y dejé de escucharte, porque sentí una alegría salvaje atravesándome. Tú también la sentiste. Me lo dijiste luego.

Nuestra segunda cita fue en mi casa, el tercer día del año nuevo. Estabas muy guapa. Llevabas una camisa de color teja, que te quedaba muy bien. Te enseñé todas mis guitarras sin nombre. Te recité al oído un poema que había escrito la tarde anterior. Te dije que cerraras los ojos porque lo tenía que leer, no me lo sabía. Luego me pediste que hiciera un esfuerzo y te lo dijera en los labios, sin mirar. Fuiste repitiendo los versos, pero te dejaste el último porque empezaste a besarme.


El poema decía:


algunas cosas se van para siempre

otras vuelven de improviso

solo necesito que sepas

de qué color era el tobogán de mi infancia

cual era mi pizza preferida

y quién me enseñó a nadar

con eso podría empezar

a hacer las paces.


Nuestra tercera cita fue el lunes pasado. Me viniste a buscar a casa de mi madre, yo estaba allí pasando un par de días. Puse en google maps el nombre de un mirador (un mirador poco conocido) y nos llevó hasta el lugar. Aparcaste el coche allí y nos pasamos tres horas dentro hablando y tocándonos, como adolescentes. Vimos el atardecer. Vimos el anochecer. Los cristales se empañaron. 

A mi madre le dije que habíamos ido al cine y que la peli había estado muy bien.