jueves, mayo 04, 2006

La Victoria de Samotracia no tiene cabeza

Reunión de zapatos del domingo por la noche


Hubo una época en la que me gustaba ver fútbol, me parecían bonitas las formas geométricas que dibujaba la pelota en el campo y me sabía todos los nombres de los jugadores ("dibujadores").
Cuando era adolescente y el Barça siempre ganaba la Liga, mi padre nos montaba a mí y a todos mis amigos en el coche descapotable que tenía por entonces -las crisis de los cuarenta años pueden ser caprichosas- y nos llevaba a dar vueltas por las calles muy despacio porque éramos muchísimos. Cuando pasábamos por la esquina, siempre abarrotada de gente, nos ofrecían copas de cava y nos vitoreaban (...)
Pues sí, en ese momento eres como un jugador de fútbol que ha ganado la liga. Últimamente tengo a menudo esa sensación: a veces te sientes como una mierda y otras veces como ronaldinho, y yo ahora doy un pase de gol, y además de taconazo, cada vez que te voy a buscar o que subo a tu casa. Lo mejor es que tú también te sientes como eto'o o como mesi, por lo menos.
Esta tarde me he encontrado a una profesora del año pasado; ha sido una sorpresa muy agradable porque estuvo hospitalizada mucho tiempo y tenía una enfermedad que no pintaba nada bien. Todo esto me recordaba un poco a mi madre. Por eso hoy, cuando la he visto, me he llevado una alegría enorme y me he acercado a saludarla. Creo que aprendí muchas cosas con ella, sobre todo una: si quieres que un alumno esté motivado dile lo que ha hecho bien, enfatiza sus logros y luego pídele más. No querrá defraudarte.
Fran Nixon de La Costa Brava ha descubierto el combate de karaoke y le ha gustado -éste también es un gigante!-
Me voy a dormir que es tarde y madrugo.

miércoles, mayo 03, 2006

combate de karaoke

Mi segundo karaoke post. Esta vez tengo una acompañante de lujo, Carol Blenk del blog Narraciones.

Paola Vaggio "gritillos" vs Carol Blenk "susurrillos", interpretan el tema Dos Ostras del grupo La Costa Brava
<<< escuchar - descargar >>>

martes, mayo 02, 2006

todo bien


No es amor del normal, el aire entra por la ventanilla del coche y se lleva las canciones que salen del cassette. Es una buena época para formar corrientes de aire musical, voy a cantar muy fuerte para no perderlas.

Sofía lo observa todo desde el asiento de al lado. Yo le señalo con la mano, sin dejar de mirar al frente, las carreteras que cruzan o que van paralelas a la nuestra. Le cuento a donde llevan, me gusta hacerlo, tengo la sensación de estar explicándole algo muy importante, ella siempre está muy atenta y me escucha más que nadie. Es verdad.
Me ha regalado un viaje. Tengo muchísima suerte. Otro día explico lo del pingüino.

jueves, abril 27, 2006

18 grados

piscina vacía con seis carriles

El termómetro marca dieciocho grados a las siete cuarenta y cinco de la mañana. La primavera de este año es muy calurosa. Llevo toda la semana quedándome en manga corta a mediodía mientras tomo el sol en la facultad. He descubierto rincones secretos, lugares de césped donde no hay nadie, escaleras de cemento de las Olimpiadas, e incluso una piscina vacía que es azul y tiene seis carriles. Estoy infinitamente enamorada.

miércoles, abril 26, 2006

uala

desayuno en mi casa

Te sorprendieron los cd's que cuelgan del balcón con un hilo de pescar. Por la mañana reflejan la luz del sol y espantan a los pájaros. En realidad esa es su función. Los destellos giran por el jardín mientras me zampo las tostadas. Mi casa es la que más brilla de la calle.

lunes, abril 24, 2006

desayunos (I)


Los desayunos me traen suerte, incluso para la noche del día de antes.

Después de cenar con Cristina y despedirnos justo delante de donde vivímos juntas hace seis años, toqué el piano de cola que había en el café del hotel. Lo intenté con una de Van Morrison y seguí con una melodía improvisada. Las notas preguntaban,"¿sigues feliz?, ¿sigues feliz, flaca?". Sofía me hacía fotos y sonreía orgullosa. El camarero agitaba una coktelera y nos ínvitó a las copas por haberle alegrado la velada de huéspedes serios. Lo eran. Una lástima no haber aprovechado la noche en la que no estaba el metre, podríamos haber bailado encima de la barra.

Ya en la habitación, Sofía sacó las botellitas de licor del mini-bar, y muy concentrada, las puso en fila. Se trataba de una regresión a los clicks de playmobil. Yo la miraba fascinada y le hacía fotos, como en un safari. Y allí, asomada a un trampolín que acumula el vértigo detrás, dejé el miedo en las escaleras.

+ fotos aquí