Llevo varios días bajando hasta la playa antes de comer, justo al salir del trabajo. Me despeja. Hago un poco la sola. Me pongo la capucha para resguardarme del frío.
Me he dado cuenta de que siempre estamos los mismos a esa hora. Está la chica que toma el sol desde el paseo con una mujer en silla de ruedas, los dos viejecitos que hablan, el corredor que parece un gigante, un hombre calvo que se come un bocadillo, el chico del perro... Somos los devotos de la playa y tenemos una oración secreta, la soltamos en la arena y luego volvemos a nuestras vidas en el cemento. Yo envidio a los que siguen en el lugar cuando me marcho. Pero también hay muchos que se van cuando yo aún estoy allí.
Me pregunto si soy la que se queda o la que se va.
Me he dado cuenta de que siempre estamos los mismos a esa hora. Está la chica que toma el sol desde el paseo con una mujer en silla de ruedas, los dos viejecitos que hablan, el corredor que parece un gigante, un hombre calvo que se come un bocadillo, el chico del perro... Somos los devotos de la playa y tenemos una oración secreta, la soltamos en la arena y luego volvemos a nuestras vidas en el cemento. Yo envidio a los que siguen en el lugar cuando me marcho. Pero también hay muchos que se van cuando yo aún estoy allí.
Me pregunto si soy la que se queda o la que se va.

