lunes, diciembre 02, 2013

1146. Regalos, albóndigas, navajas y otras cosas



Si me caso algún día, quiero celebrar mi boda en una jardín, con un árbol muy grande y con mesas puestas en fila, un poco torcidas, con manteles blancos y muchos niños correteando alrededor. Y cuando mire al cielo, quiero ver una guirnalda de papelillos triangulares de colores. También quiero una banda con trompetas, tubas y trombones, guitarras, ukeleles y violines. Y percusión. Queda escrito y dicho.


Ayer no hizo frío y comí un montón de platos ricos al sol en la terraza de un bar con mi amigo I, que vive en un barrio de Barcelona que está en la otra punta del mío. Desde su terrado se veía la parte llana de la ciudad, con un horizonte azul al fondo. Mi casa se veía allí, a lo lejos, cerca del mar. Creo que voy a tener que ir al gimnasio todos los días para quemar las albóndigas en salsa, la sepia, las patatas bravas, las navajas, los pinchos morunos y los chipirones de ayer. No sé cómo pudimos comer tanto. Tal vez porque estábamos felices de volver a estar juntos, después de nuestra época rara. Ahora, el momento también es extraño, pero nos hemos encontrado de nuevo.

Hoy ha vuelto a hacer mucho frío y me he puestro triste caminando por la calle con las mejillas heladas, empiezo a plantearme el pasamontañas; me sentía triste como cuando te enteras de quiénes son los Reyes Magos y se te queda cara de imbécil al pensar que soñaste con ellos; que los esperabas despierta y que incluso veías  tres sombras por la noche. A veces tengo días melancólicos y pienso que no voy a tener diez minutos muy felices en mucho tiempo. Aunque sé que no es cierto. Existen diez minutos felices de muchos tipos y yo tengo bastantes.

Pero... después de pensar todo esto camino a casa, al llegar, tenía un paquete encima del buzón. ¡Era un regalo! Unas manoplas para el horno. Es genial porque no tenía y uso mucho el horno.












viernes, noviembre 29, 2013

1144. Gracias



Una persona (humana) me ha escrito dándome las gracias. Ha sido bonito y emocionante. Porque es el día de acción de gracias. Me gusta mucho el concepto de acción junto con el acto de agradecer. Nos lo podríamos copiar, no? Me encantaría poder estar con ella porque me apetece una comilona de esas en la que al día siguiente estás fatal del estómago, y porque en el sur de California hoy hace calor y puedes ir en manga corta.

Yo agradezco en el día de hoy estar aprendiendo a estar en la ola y bajo la ola.







Comilona.

jueves, noviembre 28, 2013

1143. silencio con muchas capas




Hace mucho frío. Me gustaría llevar pasamontañas. En el Calzedonia se han agotado los leggins polares. En serio. No quedan en ninguna tienda de BCN. Y no tienen previsto recibir más. En el metro se está calentito. Con los microbios y los virus de los demás.

¿De dónde viene ese aire tan helado?  Por la tarde he tenido que coger una bici y llevaba tanta ropa que apenas podía pedalear. Pero he sido feliz montando con mil capas, abrigo, guantes y gorro. Montar en bici de pie como en E.T. Sin que nadie en el planeta supiera de mí.  Es parecido a mirar a los ojos y decir muchas cosas sin hablar. Hay bastante silencio.

Ya es Navidad.
















jueves, noviembre 21, 2013

1140. cantar canciones mentalmente


Edward Sharpe and the Magnetic Zeros "Home" from Edward Sharpe on Vimeo.


Durante la media hora de recreo se acumulan distintos tipos de soledad.

En primer lugar está la soledad de los niños que no han hecho los deberes y se quedan en clase haciéndolos. No pueden ayudar a sus compañeros a ganar el partido de fútbol de esa mañana; no pueden incorporar nuevos pasos de bailes a esa coreografía que se están inventando para la hora de música; no pueden ser polis cazando malos durante media hora ni escapar en un descapotable que derrapa por la carretera siendo un caco.

En segundo lugar está la soledad de los castigados sin patio por haber subido corriendo las escaleras o haberlas bajado dando saltos llevándose por delante a una niña que ha acabado llorando o por haber pegado a su compañero porque no le dejaba el color verde. Los castigados sin patio reciben visitas de los que juegan. Se acercan a ellos, se miran, intercambian algunas palabras sin que las profesoras nos demos cuenta. Se pasan un cromo a escondidas.

En tercer lugar está la soledad de los niños que no saben con quién jugar. Dan vueltas por el patio, intentan mezclarse con los demás, fingen que juegan al escondite con alguien (pero lo hacen solos). Es una soledad muy dura. Yo intento mediar e introducirlos en algún grupito para que jueguen, pero no siempre es fácil.

En cuarto lugar está la de los niños que no tienen bocadillo porque se les ha olvidado en casa. Es horrible para ellos y para mí. No puedo hacer bocadillos. Ni dar galletas. Es ilegal. Podrían arrestarme.

Por último, y seguro que se me olvida alguna, está la soledad que alcanza a los que vigilamos el patio. Suele ser en los días que hace mucho frío y el viento es helado. Yo pienso en algo bonito cuando me pasa. Recuerdo brisas cálidas de verano. Revivo días emocionantes. Pienso en besar. Vuelvo a ver cosas que me gustaron. Amo y soy amada. Canto canciones mentalmente. Viajo. Escribo cartas. Nado en el mar. Planeo algo grande. Planeo algo pequeño. Pienso en no pensar en el futuro. Hablo con alguno de los niños que no juegan con nadie. Todo esto... a veces funciona.
 









miércoles, noviembre 20, 2013

1139. El otro lado

Hace un mes un perdí un cheque de 70 euros.

Hace tres semanas perdí mi iPhone. Pero al día siguiente lo encontré.

Cuando encontré el móvil abrí un armario. Uno cualquiera.  Vi un papel jamás visto antes. Lo desdoblé.
Era mi cheque.

Está claro que algo pasó.

Otro.

Hace dos meses perdí la pareja de unos calcetines.
Eran mis preferidos.
Tendí el único que me quedaba con resignación.
Le hice un vídeo para recordar el día en el que perdí mi calcetín preferido. Hay vídeos de bodas, bautizos, cumpleaños. ¿Por qué no un vídeo del día en el que perdiste tu calcetín preferido?

Un mes sin él.

Lo busqué bajo la cama. Lo busqué en la lavadora... por dentro. Me pregunté dónde debía abrirse exactamente la puerta hacia la otra dimensión. Me pregunté por qué, a menudo, mis calcetines cruzan puertas invisibles. Escuché un disco de los Doors. Jim Morrison.

El domingo pasado moví la butaca que tengo en el vestidor. La muevo cada día, pero el domingo la moví más. Y allí estaba la pareja de mi calcetín perdido.  Me puse muy contenta.  Lo interpreté como una señal bonita del universo. El universo está conmigo. Eso fue lo que pensé.


Este es el vídeo del día en el que perdí mi calcetín. Porque aunque luego encuentres, es importante recordar que una vez echaste de menos.



calcetines from Paola Vaggio on Vimeo.

jueves, noviembre 14, 2013

1135. Corazones en lugares abandonados





Querida Inés,

Ayer escuché una frase en una película que me gustó. Un niño le dice a su padre, al que hace cuatro años que no ve, que cuando no estaban juntos sentía que caminaba y respiraba en algún lugar. 

Hay personas a las que sientes que caminan y respiran en algún lugar.

Hoy he salido al balcón cuando he vuelto de trabajar y he estado observando la calle. A veces me gustaría pasar más tiempo en el balcón, pero siempre acabo saliendo a la terraza. El balcón me gusta porque da a una calle por la que pasa mucha gente. Todos parecen tener una historia distinta. La mujer de los tacones, el hombre con barba y una bolsa marrón, la madre con la hija y sus coletas. Una historia que se acaba cuando entran en el metro y ya no les veo. ¿Yo también tendré una historia? En uno de los balcones de la otra acera hay una tabla de surf que está permanentemente esperando que vuelva el verano. Me parece una tabla de surf inocente. Puede que esté rota. He recordado un puzzle que hacía de pequeña en el colegio, uno que enseñaba las diferentes horas del día. A mí me gustaba la pieza en la que el niño volvía a casa con la cartera llena de libros y la acera llena de hojas secas. En la pieza de al lado se le veía merendando en casa con un perrito.

Alguien, en mi barrio, pinta corazones en lugares que parecen abandonados. Y cuando paso por delante imagino los latidos. Bum bum, bum bum. Ojalá conociera a esa persona, me gusta su gesto, pintar corazones buenos y esperanzadores. ¿Los has pintado tú, Inés? Yo me pinto todas las noches el mío. Algunas veces mejor que otras. Me gustaría que vinieras una noche a pintármelo. Sería la noche de muchas personas distintas que caminan y respiran en algún lugar. ¿Volveré a tener una así?