martes, noviembre 29, 2016

Vivir la tristeza como la alegría

La tristeza me acompaña a todas partes, pero a todas esas partes voy. 

Han sido dos días extenuantes, de mucho trabajo y actividad intelectual. He conocido a personas muy interesantes y de distintos países. Algo que me sorprende es mi capacidad para ser social aun sintiéndome mal. Hemos discutido mucho sobre qué consideramos privado y qué público en las redes sociales. Qué relatos nos atrevemos a contar y qué otros no. Mi idea es que, lo público, lo que se suele compartir, es aquello que nos causa felicidad, y lo que se suele considerar privado, es todo aquello que podría etiquetarse como "problemas", "adversidades", etc. ¿No es curioso que  consideremos todo lo que se supone que es "alegre" como algo que podemos compartir y hacer público, y en cambio, como algo íntimo todo aquello que nos causa pesar? A mí me lo parece. Desconozco el motivo.

A mi tristeza de estas semanas  me la imagino como una capa mágica de infrapoder. O como una gran medusa eléctrica y azul sobre mí. Lo bueno es que reconozco perfectamente el motivo de mi pena, y aunque no me siento orgullosa de ello, me alivia poder identificarlo. Aunque no tenga solución inmediata, por lo menos no estoy triste sin saber el porqué.

Es muy curioso cómo actúa sobre mí la tristeza, sigue  el mismo mecanismo que el de la alegría. Lo cambia todo. Hoy he estado en un jardín que hace unos meses me pareció bellísimo, recuerdo que me dio tal subidón de felicidad que pensé que todo en mi vida era perfecto. Hoy, en cambio, era un lugar melancólico y  apagado, sobre todo porque me recordaba a esa otra visión que tuve del mismo sitio, tal vez fuera en abril o en mayo. Así como aquel día todo me parecía perfecto, hoy todo me parecía una mierda Es lo mismo, pero al revés. 

Puede que hoy me haya dado cuenta de que puedo hacer muchas cosas triste. Y por eso, la pena no me ha impedido comprarme un bacalao ahumado exquisito –y caro– y que he saboreado afligida.

Ayer tuve que controlarme mucho durante una cena, mi cuerpo quería desmayarse, pero yo no. O yo sí pero mi cuerpo no. Ni idea. El hecho es que conseguí dominar el impulso.

Soy una mujer que tiende al desmayo, de vez en cuando, pero lo estoy controlando.



sábado, noviembre 26, 2016

Pantalla táctil

Se me rompió la pantalla del móvil porque entré en un lavabo y no había luz. Por algún motivo decidí que necesitaba luz para bajarme las bragas –aunque no era cierto, no la necesitaba, me sé de memoria esa operación, quien no se la sabe, pero estaba quisquillosa, quería luz– y se me ocurrió usar la linterna del iPhone. Lo apoyé en el portarollos de papel higiénico, a modo de antorcha. Pensé que era como estar de campamentos, o algo así. No tengo ni idea porque no he ido nunca de campamentos, es una de esas experiencias que me he perdido por ser una persona con tendencia al aislamiento desde la niñez. Pensaba, ¿para qué mierdas quiero ir yo de campamentos? Bueno, y me bajé las bragas y todo eso. Y cuando ya estaba a punto de acabar con toda la operación, el teléfono se cayó en plancha al suelo. La pantalla desquebrajada, pero seguía funcionando. Me pasé dos días clavándome cristalitos por poner acentos en los mensajes (porque tienes que deslizar el dedo), pero no me hacía daño porque tengo la punta de los dedos muy dura, supongo que de tocar la guitarra (que es lo que empecé a hacer cuando se iban de campamentos los demás). O sea, que todo estaba muy conectado. Los campamentos, la pantalla rota, los dedos duros, las guitarras. Parecía que era cosa del destino.

jueves, noviembre 24, 2016

15 segundos




Me he despertado una hora antes de que sonara el despertador. He estado acordándome de un momento, tal vez duró unos 10 o 15 segundos. Fue al salir de la estación de metro de Paral·lel. Sobre las 21:30, era un día de cada día. Esa categoría, la de los días de cada día, me parte el alma. Tengo un problema muy serio con mi sensibilidad. No voy a ir de tener mucha o poca sensibilidad, voy a ir de que tengo un problema serio. Al salir de la estación dije: "se me ha hecho muy largo, parecía que no llegaba nunca". Recuerdo mis palabras perfectamente, como  una de esas escenas que se incluyen en los trailers, las que dejan sin música, como si esa frase fuera muy muy importante para la trama (pero lo hacen para despistar; a menudo, la película es totalmente distinta a como te la imaginas). Había luna llena y estaba al final de una calle. Fue un momento de plenitud (yo lo sabía, yo ya pensaba, "a mí este día feliz de cada día me va a joder alguna madrugada en el futuro", pero te dejas llevar, alegría, alegría...). La combinación de distintos factores creó una armonía sutil y delicada aquella noche de cada día. Y ahora parece que contenga algún tipo de misterio, una llave oculta con la que podré abrir una caja mágica. Pero es mentira, porque yo ya he tenido cajas mágicas así otras veces. Es lo malo de tener experiencia, no hay factor sorpresa. La experiencia es una corta-rollos impresionante.

He hallado un paralelismo en esta canción de Jeff Buckley, concretamente en el descenso por el mástil, que se inicia en el minuto 4:00 de esta actuación y que dura apenas 12 segundos. Esa combinación de notas no sale en la versión del disco, pero creo que es perfecta, como lo fue aquella noche, de día de cada día... esa categoría de días. 

Me siento sola con mi trailer.

Me voy a trabajar. Ya estoy hipnotizada.

lunes, noviembre 21, 2016

Madera

Lista de 7  cosas que me han gustado hoy


  1. Recibir una postal hecha de madera del Yosemite National Park. Se ve un oso durmiendo en un árbol.
  2. Al ver a la farmaceútica con bata blanca y gafas, recordar un puzzle que hacía de muy pequeña sobre los oficios. Sentir aquella felicidad sin trampa ante el puzzle.
  3. Leer un cuento de Miranda July: "La profesora de Natación"
  4. Imaginar que follaba y viajaba (así, del tirón) con una chica que se ha sentado frente a mí en el metro (y que iba despeinada y llevaba un zapato con el cordón deshecho)
  5. Ampliar un mapa con los dedos en el iPhone y descubrir en la inmensidad del océano, pintado de color azul, una isla desconocida
  6. Despertarme y ver  a Croquet en el suelo, subida en un cojín, mirándome y  moviendo la cola, y perdiendo el equilibrio de la emoción. ¿Cuánto rato hacía que estaba esperando a que yo abriera los ojos?
  7. Sentirme importante para alguien
1 cosa que no me ha gustado: retorcerme de dolor mientras lloraba

No somos tan

La perra me ha pillado llorando. Ha sido raro, en un primer momento me he sentido cohibida. Ha apoyado la cabeza en mi regazo y se me ha quedado mirando fijamente. De vez en cuando, suspiraba. Creo que es la mejor forma de acompañar a alguien. Sin juzgar, sin apremiar, sin agobiar.

Acabo de volver de  la clausura del Festival de cine independiente L'Alternativa. Hemos ido a ver Austerlitz, la mejor película –dicen– de Loznitsa. Nos hemos ido a los veinte minutos. Supongo que ver una sucesión de plano fijos del campo de concentración, desde distintos ángulos, no era lo que esperábamos. Supongo que queríamos una reflexión, una voz  en off, una historia. Supongo que no somos tan alternativas. Ni modernas.

Sin embargo, ha valido la pena. Hacer algo el domingo por la tarde-noche me convierte en una persona mejor. Son puntos invisibles. Luego he vuelto a casa y al pasar por  el Parque de la Ciutadella he sentido un boquete de desmotivación en la palma de la mano. Como un superpoder, pero al revés. Esto me resta todos los puntos conseguidos anteriormente.

Pienso en el volcán del que hemos estado hablando durante la cena, creo que es el volcán Erta Ale. Me gustaría tener ganas de verlo, creer que la lava de ese volcán puede suponer un punto y aparte.















domingo, noviembre 20, 2016

Antes era una escalera tranquila


 Mis vecinos nuevos salen a fumar a la escalera, escuchan reguetón y la palabra preferida del niño pequeño es GILIPOLLAS.

 Se escucha una voz aguda diciendo gilipollas por el extractor de la cocina, gilipollas por la terraza, gilipollas por el balcón...