miércoles, noviembre 19, 2003

Con mi piano

El papel se parece al piano, cuando intento tocar algo parecido a ti. Y siento que en las agudas, a veces como alfileres y de caramelo, te estás peinando. Y cierras los ojos, tienes dentro algún lugar, hay en ti islas que no sé... Entre nota y nota, dejo que te duermas. Te meces con alguna melodia. Hago escalas, con las manos sueltas, y viajas, preparas la maleta, te duchas con agua tíbia, se me resbalan los dedos, casi en tu piel, me equivoco de nota. Vuelvo a empezar, y te alcanzo en sostenido y se abren tus incógnitas, y tus dudas...se empaña un espejo. Te acabo en grave. Y en La.

martes, noviembre 18, 2003

maldito orden

Tengo un orden. Amontono los cielos plomo con las tormentas, los libros cerrados con los finales abiertos, las postales que compré con las que aún no me han enviado, y tus llamadas, con las que yo no te contesto. Y al lado, justo al lado, tus reproches, claro. Porque los entiendo, y yo también me los hago. Un poco más allá, puedo seguir acumulando tus fotos con tus fotos, y si quieres, separo tus miradas de las mías, las que no llevan respuesta. Aunque...no me importa quedarme sin espacio o incluso tener desordenadas tus carícias, tu voz enredada en mi pelo, todos tus juegos y tus versos en silencio. Pero no me culpes, si con tanto orden, con este maldito orden, es demasiado fácil encontrarme, casi sin querer, con Ella.

domingo, noviembre 16, 2003

El autobús

El primer día me enseñaste todas las habitaciones, menos una.

Algunos domingos, suelo visitar tu casa. La de las canciones. Me llevan en autobús. El conductor trabaja pensando en sus hijas. Una de cinco años, la otra de ocho. Yo tengo un billete, ese que me venden con el último sueño de cada mes. La primera parada después del túnel, es la mía. Allí me despido de los otros pasajeros con destino a otras casas...llevan regalos, pasteles. Yo siempre voy con discos. Me dicen adiós con la mano, "adiós! hasta el próximo domingo" y yo les sonrio. Desde la parada veo tu portal y me esperas bajo el sol, sin hacer nada. Sólo me esperas. Cuando llego, nos alegramos y nos miramos las manos, para ver si algo ha cambiado. Casi siempre, tu cocina huele a crepes con chocolate, y casi siempre merendamos crepes con chocolate mientras ponemos música. Cuando nos sentamos en el sofá, me dices que tengo un beso en los labios, pero a veces lo encuentras dormido en el cuello.

El último día abrí esa habitación cerrada. Descubrí lo que había dentro. Algo así como un almacén, muy ordenado, con una ventana. Te pregunté que guardabas. Y me dijiste: "Ahí están, enfrascadas, etiquetadas por fechas y precintadas, todas tus tardes."

Con razón, a las 16:00, siempre siento que me quitas algo.

viernes, noviembre 14, 2003

Angie

De los Beatles, me gusta Don't let me Down, y de los Stones, casi todo, pero durante aquel trayecto, me colgué con un Angie. Hablando de bandas sonoras...yo no quería ir a ese viaje, pero al conocerte, y ya sin vuelta atrás, me dijiste: "¿quien no quiere ir a París?" y mi voluntad cayó por los suelos. Cuando no estabas cerca, estabas de reojo, y sino, me parecía que todo el mundo tenía algo tuyo, como si fueras universal, pero tan para mí que te alejabas de todo. Como la tarde que me perdí, y me encontraste en el Pont Des Arts, con un artista callejero que pasaba las horas dibujando, y lo envidiaba tanto, porque en ese momento, yo no te quería hacer una foto y ya está... tampoco sé más, quería mirarte y entender tu rostro, para poder hacer tus ojos con algo mío, trazarte en un papel con un lápiz, como si te acariciase, y tener aquella tarde y aquel puente, en un garabato sin color.

jueves, noviembre 13, 2003

aquí

Ya no tengo algunos lugares donde te incluí sin avisar, con un croissant de chocolate a dos calles, con el perro que siempre ladraba en la puerta de una casa y el hombre con corbata. Un libro en el que te colabas entre línias, un volante muy frío y los cristales helados. Y la gran avenida que bajé algún miércoles, para acompañarte, y con los días en los que recordaba algún otro día, y con el sol que se parecía tanto a otro sol y con la última lluvia, de esas que te mojas hasta con paraguas. Y con los mapas de metro abiertos encima de la mesa, ¿recuerdas? Y ahora, cómo me vas a encontrar si cuando pienses en mí yo ya no estoy allí. Lo vas a notar. Y no te voy a poder olisquear en el perfume de la camarera. Estoy aquí.

miércoles, noviembre 12, 2003

signos

Tú no oyes lo que oímos los demás.
Sé que puedes oir la nieve posándose sobre la tierra. Cubriendo los tejados, cruzando caminos. Y puedes oir como nos retiene con horizontes blancos. Nos acorrala. Como lo haces tú, tú conmigo, contra una pared, temblándome por dentro y la piel, me callas la voz, me surcan tus manos y con los tuyos, acértandome, me lees los labios, abriendo la boca, para respirarnos, para vernos, para comernos mejor, como en los cuentos.
Y en el silencio, oyes la nieve, helando las raíces, ensuciándose con los coches. Y como nosotras, se parte en dos.