El viernes, además de ser mi cumpleaños, ocurrían otras cosas. Mi madre tenía una prueba en el hospital, de las que le hacen a menudo para controlarle la enfermedad del colon. Esta vez le encontraron 5 pólipos y se los sacaron ese mismo día. Uno se lo dejaron dentro porque era demasiado plano. Ahora tenemos que esperar los resultados.
Sería un golpe muy duro volver a lo de antes, al infierno que fue la colostomia y los meses de quimioterapia. Pero lo que me ha sentado peor de todo este asunto es que después de preguntarme por mi madre y las pruebas, me diga como si tal cosa, que el sábado se murió la tía de no sé quien de cáncer de colon y que sólo ha durado un año. Ese comentario sobraba. No lo habrá hecho a próposito pero el morbo que parece despertar la muerte ajena, la de los demás, no me hace ni pizca de gracia. Así que siguiendo con el tema, unos tienen pólipos y otros tienen el tacto en el culo.
Hoy estoy cansada y con pocas ganas de nada, pero eso sí, me ha fascinado algo:
Cuando Giulia se despierta, yo me acuesto, y cuando ella se acuesta, yo acabo de entrar en la facultad. Mientras Giulia se mete en la cama, cierra las manitas y sueña en China, a mi aún me queda toda la tarde por delante en la universidad. Es curioso, ¿verdad? Hasta el día más tonto guarda algo sorprendente.