He decidido volver a escribir en mi blog al leer que un grupo de ingenieros ha inventado un robot inspirado en los gusanos y las estrellas de mar.
Quiero ser un robot de esos.
A partir de hoy, voy a escribir cada día una entrada, aunque sólo sea de un par de líneas. Necesito volver a los sitios de antes de antes para recuperarme de esto mío que empiezo a no saber lo que es. Es como cuando haces la actualización de un software y te das cuenta de que está lleno de errores o de que no es todo lo compatible que pensabas.
miércoles, noviembre 30, 2011
lunes, octubre 31, 2011
Seguir la corriente
![]() |
| (ilustración de E. Gorey) |
Nadie imaginaba que aquello fuera a acabar en tragedia, siempre se había hecho sin que pasase nada.
La gente se agolpaba alrededor de las ambulancias y todo el mundo comentaba lo sucedido. Aquello podía ocurrir, existía el riesgo. Una chica de unos quince años lloraba en la acera desconsoladamente. La cara desencajada, decía una mujer. No quisimos ver nada, pero estábamos a pocos metros y el aire el mismo.
Volvimos a casa por otro camino. Pasé el resto de la tarde leyendo para olvidarme del asunto.
Esta mañana, cuando he salido a la calle, he visto que seguían haciendo lo mismo, que a pesar del accidente de ayer seguían con lo mismo.
Ya no se respeta nada. Ya no nos protege ni el miedo.
El miedo no está bien visto.
Brindo por los miedicas.
miércoles, octubre 26, 2011
todo por nada
Lavar el dobok de Taekwondo, doblarlo (aunque sea mal) y meterlo en la bolsa, resucita en mí una porción de la ilusión que sentía a los 9 años. Lo llevamos blanco e impoluto, no como alguno de los chicos. Especialmente el de Julio, que ya amarillea. Julio es un chico que se pasa la tarde en el gimnasio practicando sin cesar. Cuando acaba nuestra clase, la última del día, él aún sigue haciendo abdominales o dándole patadas al saco. El maestro no le hace ni caso, jamás le he oído decir "Julio, sigue así, lo haces muy bien". El chaval tiene una autoestima enorme y el maestro lo sabe, no necesita la aprobación de los demás. Un día pactamos que lo dejaríamos todo por ir a Taekwondo y por conseguir el cinturón verde. Ahora ya casi estamos y no nos ha costado tanto como imaginábamos.
Dejarlo todo por nada es una locura, dicen. Pero en qué parte está la locura, ¿en todo o en nada?
Me he apuntado a clases de hip hop para mayores de 25 años. Yo siempre había querido aprender a bailar siendo mayor de 25 años. Y disfruto tanto en clase, mirándome al espejo, intentando "copiar" a la profesora, contando los tiempos. Hay movimientos muy sutiles, de hombro, de cadera, pero están llenos de significado. Luego, le metes un poco de "rollito", como dice mi profe, y listos. Ya eres feliz. Ya lo tienes todo por nada.
Cuando llego a casa busco la música en Spotify, aparto la mesa y le enseño la coreografía a Carol antes de cenar. Mírame, ya verás. Eso es todo. Lo admito, me encanta ese momento de mayores de 25 años.
Me he apuntado a clases de hip hop para mayores de 25 años. Yo siempre había querido aprender a bailar siendo mayor de 25 años. Y disfruto tanto en clase, mirándome al espejo, intentando "copiar" a la profesora, contando los tiempos. Hay movimientos muy sutiles, de hombro, de cadera, pero están llenos de significado. Luego, le metes un poco de "rollito", como dice mi profe, y listos. Ya eres feliz. Ya lo tienes todo por nada.
Cuando llego a casa busco la música en Spotify, aparto la mesa y le enseño la coreografía a Carol antes de cenar. Mírame, ya verás. Eso es todo. Lo admito, me encanta ese momento de mayores de 25 años.
miércoles, octubre 12, 2011
Constructivos y guapos
Ya no están los obreros guapos en la obra. Los que hay ahora son corrientes. Los guapos únicamente se encargaron del trabajo inicial, el más duro. Duro porque no había nada y nada hacía pensar que allí habría algo en un futuro. Con su belleza y su fuerza compensaban el vacío del lugar. Su misión era empezar a darle forma. Bellos como la imaginación.
Fua, cómo me estoy pasando.
Una mañana, al levantar la persiana, uno de los guapos miró hacia nuestra ventana. Estaba cortando maderas para cubrir huecos. Lo hacía rápido y sin entretenerse en las mediciones previas. Encajaban a la perfección.
Eran muy buenos, en serio.
martes, septiembre 27, 2011
Tenemos una meta

¿Cómo saber si va a ser tu último día de playa? No se sabe. Haces la foto pensando que no. Luego te das cuenta de que sí. A menudo sucede a finales de agosto o a principios de septiembre. Siempre tengo la esperanza de que sea el primer fin de semana de otoño. Ese día te despides del verano como si se tratara de un acto oficial. Lo primero es nadar desordenadamente como un tiburón hambriento, aunque vayas a ser tú la devorada por el no_verano/no_future. Y los Sex Pistols harán una canción para superar el invierno. Y como viene siendo habitual... me pierdo en las enumeraciones. Pues eso, que lo primero será lo segundo y lo tercero.
Pero tú y yo tenemos una meta. Y algunos dirán que es la de siempre, porque todas las llegadas a la meta son iguales: el corredor cruza la meta y se rompe la cinta. Luego levanta los brazos y quién sabe qué es lo que oye en su cabeza.
Tú y yo tenemos una meta. La meta se parece a la salida. Su nombre lo llevo bordado en mi pañuelo blanco y su silueta colgada al cuello en una cadenita de plata.
(He recuperado a la mujer que se peina el pelo infinito como recuerdo a la primera cabecera que tuve en el blog, de la que ya va a hacer 8 años. Por cierto, este mensaje es en clave y solo lo entenderá quien esté desde entonces: ¿Superwoman sigues ahí? ¿Sigues siendo una not a pretty girrrl?)
jueves, agosto 18, 2011
melancoisla, melancopueblo y melancopizzería
Este es el tocadiscos que tenía en casa de mis padres y que ahora está aquí, en mi actual hogar. Asombrosamente, queda bastante bien con esa lámpara rosa chicle. He estado escuchando un disco de los Rolling Stones y otro de Elvis. Me he emocionado de verdad. He imaginado una fiesta con mucha gente. Creo que este año voy a hacer una de cumpleaños, lo que pasa es que muchas de las personas a las que me gustaría invitar están en otras ciudades o viajando por ahí. Las que están por aquí, no pegan los unos con los otros ni con cola. El alcohol hará el resto.
Este verano está siendo como una vida 2. Muy diferente y muy largo. Los quince días de julio en Formentera quedan ya muy lejos, pero fueron absolutamente maravillosos. Escribiré sobre ello en algún momento.
Luego estuvimos en otras playas, no tan bonitas estéticamente, pero llenas de recuerdos de la infancia. Allí también fuimos felices. Nos despertábamos a las once, desayunábamos a las doce y bajábamos a la playa a la una, cuando todos los guiris se marchaban a comer. Luego, cuando volvían a las cinco, nos íbamos nosotras. Cenábamos en nuestra pizzería preferida y de fondo escuchábamos la música de los hoteles. Antes de marcharnos, la camarera siempre nos invitaba a beber limoncello. Coincidíamos cada día en la playa con dos chicas francesas (mon cherie) que eran pareja. No cruzamos palabra con ellas, pero nos mirábamos todo el rato. Es que como siempre estamos buscando referentes... El último día, no sé cómo, una de mis chanclas acabó debajo de la hamaca de una de ellas. Fue un momento tenso, porque yo quería recuperarla y no sabía cómo entrarles. Finalmente, Carol se acercó y cogió la chancla y ellas sonrieron. No entiendo cómo podían estar con mi chancla en su territorio, tan panchas.
Hace una semana estuve pasando unos días en un pueblecito de Granada. La primera noche todo me parecía extraño, además, hacía calor y tuve que abanicarme para lograr dormir. Los humanos podemos dormir y abanicarnos a la vez, ya lo había visto antes en mi madre y en mi abuela, pero no sabía que yo también fuera capaz de hacerlo. Aprendí un nombre nuevo, salamanquesas, que son una especie de lagartijas planas con la cabeza muy gorda. Estuve en un mercadillo y me compré tres pares de calcetines de deporte por un euro. Una ganga, sin duda. Comí un montón de cosas prohibidas: morcilla, chorizo, tortas, patatas a lo pobre, migas, huevos con jamón y pimientos, y mucho pan. Había un pan buenísimo en forma de rosco que era mi perdición. Ojalá lo encontrara por aquí. Juro que lo buscaré. Desayunaba cada día un café con leche, un zumo de naranja natural y media barrita con jamón (que viene a ser un bocadillo por la mitad) por tan solo tres euros. Cuando me fui de Granada –volví sola a Barcelona– lloré un montón en el autobús, en mis ojos se mezclaban las lágrimas con los campos de olivos. Me dio mucha pena irme y prometí que volvería el verano que viene.
Yo hice la comunión en Andalucía, es algo que poca gente sabe. La hice sin hacer la catequesis. Fue una comunión ilegal. Fue un plan para hacer feliz a una persona. El cura me hizo unas preguntas antes de darme la comunión para comprobar que podía ser una buena cristiana. Las respondí todas menos una, la más importante. No la pude contestar porque el cura tenía un acento de la tierra muy cerrado y me costaba entenderlo. Era algo así como "'tosdiozèha?" Le dije tres veces "¿qué?", a la cuarta vez me dio tanta vergüenza volver a decirle que no le entendía –qué niña más tonta– que para salir del apuro contesté "no lo sé". El hombre se indignó. La pregunta era ¿Cuántos dioses hay?
Se vino a comer con nosotros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

