Son las siete de la mañana. Me gusta escuchar los pájaros del amanecer y los primeros autobuses. Preparar café. El café es hogar.
Hoy voy a regocer mi bici y tendré sillín, cubiertas, faro y puños nuevos. El sillín me lo robaron y las cubiertas estaban agrietándose por el borde que toca a la llanta. Queda una historia por terminar de contar, y es el final feliz de la Orbea Laida, que finalmente me la compró una chica que trabaja en el local de al lado. Me caen muy bien y a veces hablamos por las tardes o cuando bajo la basura. Mi faro se lo puse a la Orbea para que tuviera luz. El chico del local de al lado me dejó las herramientas porque siempre me falta la que no tengo. El otro día hablé con un desconocido y me contó que a él le pasaba lo mismo.
Me siento feliz porque poco a poco estoy recuperando mi autoestima. He empezado a reconocer cuando me cuido y cuando no. Cuando me protejo y cuando me expongo a situaciones que me acaban pasando factura. Cuando me trato bien y cuando no. Y también a distinguir cuando me tratan bien y cuando no. Hay tantas formas invisibles de hacerse daño. Son pasos importantes. Son grandes pasos. Siempre me había parecido un tópico lo de que las crisis servían para crecer, pero esta vez sí estoy tomando conciencia de ello.
El largo camino por el desierto está empezando a cambiar de paisaje. Y si alguien se pregunta... ¿habrá conocido a alguien? Pues sí. En realidad, es un reencuentro con alguien a quien he amado y a quien por distintas circunstancias dejé de cuidar, de comprender, de ver, empecé a tratar mal... ¿Quién será?
¡Soy yo! ¿No es extraordinario!? A mí me lo parece.
La perri sigue durmiendo. Hoy vamos a ir a un parque nuevo. A ver qué tal... (yo a lo mío)
¡Soy yo! ¿No es extraordinario!? A mí me lo parece.
La perri sigue durmiendo. Hoy vamos a ir a un parque nuevo. A ver qué tal... (yo a lo mío)



