lunes, septiembre 28, 2020

Repara todos los daños

En la ducha, me he dado cuenta de que en la etiqueta del champú dice “Repara todos los daños. Fortifica.” He empezado a lavarme el pelo a conciencia imaginando que realmente lo repararía todo: el alma, los pensamientos, los miedos. ¿Volveré a sentirme fuerte como un árbol frondoso que crece y crece? o ¿fuerte como una plantita que, tras quitarle las hojas secas, vuelve a reverdecer? Me gustan las dos versiones.

Esta noche duermo en mi cama de adolescente.  Mis dudas no se parecen a las de entonces. Mi padre sigue poniendo el volumen del televisor alto. Mi madre escucha la radio. 

Bona nit. ¿Y si mañana empieza la nueva etapa?



domingo, septiembre 27, 2020

Tras las persiana


Si fuera una tenista a la que vuelve a dolerle aquella rodilla que se jodió en un partido, sería más fácil de llevar para mí y para los demás. Me daba tanto miedo el verano que no pensé en que el otoño también podía ser un laberinto complicado.

Ha salido el sol justo cuando ya está a punto de irse. Eso sería como llegar a la fiesta cuando ya se acaba. Aunque todavía no estamos en octubre, ya empiezo a pensar en mi cumpleaños. El año pasado lo celebré con una persona. Soplé las velas y fuimos a jugar a billar al bar del señor que siempre parece estar un poco triste. Hacía calor porque en las fotos yo voy en pantalón corto. En esas fotos siempre iré en pantalón corto y siempre será mi cumpleaños y siempre lo estaré celebrando con esa persona. Los dos años anteriores lo celebré con 21 personas apretujadas en mi casa. Sin embargo, no tengo fotos. Este año, como máximo con 6. Y como mínimo conmigo.

Sigue costándome mucho entender que lo que se deja atrás, se queda atrás. No sé si se debe a mi lesión de tenista o si le cuesta a todo el mundo. Bueno, al final lo dejo todo atrás por imperativo. Como cuando cierran los bares y te dicen "ya vamos cerrando" y aunque pidas otra caña sabes que te vas a tener que ir. Aunque ahora, con lo de las restricciones por el virus, echan la persiana, hacen ver que cierran y te puedes quedar dentro. Yo sería un poco ese tipo de bar que dice que cierra, pero no.

La semana pasada compré de segunda mano el single en vinilo "Voyage, Voyage" de Desireless.  Tengo ganas de que llegue por correo desde París y pincharlo tras la persiana.


viernes, septiembre 25, 2020

Esperando el cambio de etapa (I)



Va a rachas de viento. Cada semana espero ver señales que indiquen el inicio de otra etapa, pero no llega. Qué largo es este final.
C, con su hocico corto y su palmo de altura, cuando no sabe cómo conseguir lo que quiere, acaba yéndose a dormir, pero sigue atenta a cualquier movimiento para que nada pueda pillarla desprevenida.

Ella espera comida-calle-jugar, y yo mi cambio de etapa. Mi vecino sale a pasear y a meditar -o eso dice-, siempre a la misma hora. ¿Estará buscando también su nueva etapa?

Llevo toda la semana escuchando el último disco de Khruangbin. Me lo regaló V. por sorpresa, un día que vino a desayunar conmigo y a preguntarme cómo estaba. Ese día pensé que ya estaba llegando mi cambio de etapa. Luego resultó que un poco sí, pero también un poco que no. La guitarra de la canción se parece a las siete de la tarde, luminosa y melancólica, tan bonita que duele bajo las costillas porque ya es finales de septiembre. 



jueves, septiembre 10, 2020

Que todo vuelva a brillar


Ha llegado septiembre, hay cosas que se acaban, otras que empiezan. Algunas continúan. En mi semana de vacaciones descubrí una playa a la que no había ido nunca y, a pesar de tener un chiringuito, se respiraba calma. Tengo ganas de volver un día de estos para fantasear de nuevo mientras escucho el mar. Del chiringuito me sorprendió la música. Silencio hasta las dos de la tarde, pero entonces, a esa hora el camarero siempre ponía discos enteros de Toots & The Maytals. Era esperanzador. Como si aquel chiringuito fuera la primea línea de una novela. Esa historia empezaría la última semana de agosto con unas sombrillas volando en mitad de la playa y una palmera cayendo encima de un hombre de 41 años (RIP).


Las cosas están mejor, pero no están bien del todo. Mi motivación pega bandadas. Unos días mucha, otros días nada. Todavía me parecen tristes algunos lugares, como si hubieran perdido aquello que los hacía especiales. Es difícil volver a ellos, de momento. En esos sitios-persona encontraba fragmentos de mi verano de los doce años, aunque no tuvieran nada que ver con aquel verano, pero sí con las sensaciones.

Qué largo es este final. Cuánto cuesta desprenderse y quedarse con los pies colgando, como otras veces.


sábado, agosto 22, 2020

De cuatro a siete de la tarde


Cuando he salido del coche el olor del mar se colaba entre las calles. Hoy el barrio está distinto. Han abierto algunos de los bares que cierran en fin de semana. La tienda de muebles antiguos también ha levantado persiana... sí, donde el otoño pasado compré una aceitera de cerámica durante una tarde de tormenta. Me pilló de lleno y subí a casa como si me hubiera dado una ducha. El papel de periódico en el que me envolvieron la aceitera estaba absolutamente mojado. Me costó 7€. Nada de esto es importante.

De cuatro a siete de la tarde suelo aburrirme y es justo cuando pienso que debería irme de vacaciones para huir de esa franja de horas interminable. Sin embargo, sé que esa franja me va a atrapar vaya adonde vaya. También pienso que puedo contagiarme y contagiar luego a más personas. Recuerdo una sesión de cine en agosto a las cuatro de la tarde. Vi una roadmovie francesa sobre una novicia que viajaba por la costa en busca de su hermano gemelo. La acompañaba un chico que escuchaba a Elvis en el coche. El chico era el actor Nicolas Nauvachelle y la película "Avril". Durante el viaje se hacían amigos, iban a la playa y cenaban bajo una guirnalda de luces. Viendo la película pensé que algún agosto haría ese mismo trayecto en coche, en busca de mi hermano imaginario por la Carmarga francesa. Podría ser este año pero... no sé si tengo ganas de llegar a una playa salvaje, ver que es bonita, ver que son las cinco de la tarde y ver "que ya está". ¿Y si me invade un sentimiento de profunda desazón? 

Un amigo me ha invitado a irme de vacaciones a un lugar que puede generarme bastantes recuerdos. No sé si quiero pisarlos ya. Desearía guardarlos un poco más. Como un luto o un homenaje a un lugar sagrado que no puede ser, todavía, desmantelado. No sé, es tan difícil saberlo. A veces me parece absurdo, otras no. Creo que me pondría a llorar. Creo que podría estar bien ir con ellos y desmitificar las cosas. Cualquier opción es buena. 

Hacía tiempo que no pensaba en mi hermano imaginario... desde que hice aquella terapia para despedirme de mi hermano no nacido antes que yo. Era moreno y tenía una sonrisa bonita. Tenía un grupo de música, tocaba la guitarra y tenía rollo... El otro día conocí a un amigo de D y pensé que se parecía a mi hermano imaginario.  

Qué bien, ya son las 7. He atravesado la franja conduciendo y escribiendo. 

Me he cortado el pelo y me siento mejor. No iba a la peluquería desde febrero. Soy un poco más yo. Todavía quedan cabos sueltos.


miércoles, agosto 05, 2020

He descubierto algo



He comprendido cómo empleo la melancolía. Es una cuerda muy larga que utilizo para no desprenderme del todo, y si estiro estiro estiro, me acerca a lo que ya no está, pero nunca llego al extremo porque ya no existe. Es una especie de anacronismo. He empezado a preguntarme qué pasaría si cortase esa cuerda, ¿cómo me sentiría? ¿cómo actuaría? Y si decido hacerlo, ¿cómo lo hago? ¿qué necesito para cortarla y qué instrucciones debo seguir? Y si en vez de cortarla, que es demasiado drástico (puede que incluso peligroso), ¿dejo de estirar?  Siento que va a ser un alivio y una liberación, pero no sé cómo hacerlo, me da miedo que no salga bien. Tic tac tic tac tic tac... 

No hay turistas por las calles. Es un agosto distinto. La playa estaba prácticamente vacía. La encargada del club de vela me ha dicho que se aburría mucho durante el día. Hemos estado hablando un rato sobre la nueva realidad (que no normalidad). He cogido una tabla y he remado para pensar en remar y no en otras cosas. Luego me he tumbado en la playa y he disfrutado de estar allí sola, sin prisas.