martes, noviembre 11, 2014

Aclara bien tus ideas

Soy Libra. Eso quiere decir que para decidir algo puedo balancearme entra una opción u otra eternamente.

Sabes que eres un libra consumado cuando lees la carta de un restaurante y dudas entre dos o tres o cuatro platos. Esperas una señal del universo, algo que te diga "carne",  "pescado", "pizza", "pasta". Te imaginas su sabor, cómo te sentirás luego, mmm. Y cuando crees que lo tienes claro y el camarero anota tu decisión, en cuanto se va, piensas: "joder, debería haber pedido lo otro."

Esa es mi cruz, cambiar de opinión en el último momento. Esta mañana he tenido que hacer mil trámites para cambiar mi decisión.



domingo, noviembre 09, 2014

Vitaminas

Hace años, más de ocho nueve –forma parte totalmente del pasado– me gustaba una chica que se convirtió en imposible. Por esa época escuchaba esta canción, que esta tarde de domingo he vuelto a recordar. Me encanta lo de que se te meta alguien dentro como las vitaminas. Y eso me lleva a otro recuerdo, pero de la infancia. Me gustaban mucho unas vitaminas que me daban. Eran unas ampollitas que tenían un gusto similiar a las bebidas energéticas de ahora. Se guardaban en el frigorífico. Los muebles eran rojos. Yo le insistía mucho a mi madre para que me las diera porque me ayudaban "a hacer los deberes", realmente yo era una excelente alumna de pequeña. El problema es que el médico me hizo una análitica y me dijo que tenia exceso de vitaminas. O eso es lo que a mí me contaron como excusa para dejármelas de dar. Tenía una sobredosis de vitaminas. Lo de dosificar ya no se me daba bien.

jueves, noviembre 06, 2014

Feroz y mágico




Cada día dejan la misma carta bajo la puerta.
Por la escalera subo siempre con el sobre envejecido.

Me encadeno a la esperanza (...)
de algo feroz y mágico.

Cuando cuente 3.
Cuando cuente 3.
Cuando cuente 3.









sábado, noviembre 01, 2014

La otra ventana



Desde la ventana de mi pasillo vi luz en la ventana de la otra casa. En mi rellano hay dos puertas, una es la mía y la otra es la de un piso que está deshabitado. Pero creo que muy pronto ya no lo estará. No sé si me va a gustar tener vecino, realmente parece estar muy cerca. Cuando estaba haciendo la foto me asusté porque justo pasó la silueta de alguien por la ventana.

Escuché una voz de mujer. Miré por la mirilla y vi a la propietaria. Lo sé porque la conocí el día que firmé el contrato de alquiler. Todo el edificio es de ella. Estaba hablando con el encargado de las obras. Yo estaba escuchando detrás de la puerta.


miércoles, octubre 29, 2014

Motivos

Han pasado varios meses.

Primero, algunas noches veo pasar la electricidad a través de los cables.

Segundo, hay una mujer de mediana edad que se ríe y salen rayos láser de su boca.

Tercero, en los autobuses rojos sigue durmiéndose, súbitamente, la gente.

Nadie sabe el motivo de lo primero ni de lo segundo ni de lo tercero.

Me apetece comer calamares a la romana. Porque son amarillos.



lunes, octubre 27, 2014

Viaje

Ayer fui a ver una obra de teatro escrita por un buen amigo que cuidó de mi cama, de mi hámster y de las plantas durante el verano.

Salí de mi casa bastante pronto porque me aburría y me fui en metro hasta Paseo de Gracia.  Sólo fueron cinco paradas. Conmigo se subió un hombre que tocaba el acordeón. Yo empecé a andar por los vagones porque me gusta la sensación de andar por los vagones, de desequilibrarme con los vaivenes buscando mi sitio ideal. O haciendo ver que lo busco. Me siento algo sobreactuada en ese momento. Me gustan los asientos orientados hacia el pasillo, esos que son paralelos a la pared. Entonces miras al frente y te ves reflejada en la ventana. 

El hombre del acordeón llegó hasta mi vagón tras dos paradas. Bajé el volumen de mis auriculares para escucharle. La canción empezó de un modo sencillo, pero fue complicándose hacia el final. Adornaba la base de acordes con una serie de florituras que llamaban la atención. Le mirábamos un niño, una mochilera y yo. Los demás iban pendientes del móvil o de los típicos mapas que llevan los turistas entre las manos y que jamás se doblan del mismo modo que la primera vez. Cuando el hombre acabó de tocar,  tapó el acordeón con un trapo blanco y abrió la mano para que le diéramos alguna moneda. Era la misma mano que subía y bajaba por el teclado a gran velocidad en aquel apoteósico final de canción.

Luego llegué a mi parada y las escaleras automáticas me llevaron al exterior. Siempre es como subir a la superficie después de un largo tiempo sumergida en algún lugar.

Afuera todo parecía seguir intacto.