lunes, febrero 28, 2005

gigante (III)



Estoy aprendiendo a leer, ya sé casi todas las palabras, aunque a veces me equivoco y cambio las sílabas de lugar. Es entonces cuando leo que me quieres y no puedo estarme quieta, tengo que agitar los brazos muy muy rápido, parece que nade por el aire, parece verano, parece que estoy en la piscina y mi padre me pregunta desde la barandilla de piedra: ¿Quieres macarrones?
Muevo los brazos muy muy rápido, soy un molino de viento, para que alguien me vea de lejos y así yo le parezca un gigante, un gigante porque confundo las letras y leo que me quieres, a mí a mí a mí a mí a mí! Pero ahora, la gente se rie de los gigantes, apenas les tienen respeto y sólo los locos nos ven.

jueves, febrero 24, 2005

Mi profesora de solfeo se llama Felicidad #

mi piano, con un poco de polvo


He subido hasta el 3º2º del 114. Al abrir la puerta "Nino" me ha arañado los pantalones y me ha dicho "miau" y yo le he respondido que "marramiau " y se ha convencido. Menos mal porque no sé más palabras. Todo esto lo he hecho porque estaba sola en el recibidor, en compañía no me atrevería a hablar con un gato desconocido.

Mi profesora de solfeo se llama Felicidad y eso que es joven. La verdad es que me gusta mucho su nombre y además lo contagia, eso sí, timidamente. Hemos estado leyendo un poco:

Paola: do, miii, la-la, si mmm dooo, fa, si, si... Sí?

Felicidad: sí, sí, es la octava, dos si, sí..

Paola: ah sí!

[risas]

Después se ha sentado en el piano y me ha dicho, "no mires.." (¿es que acaso se va a desnudar?!) "no mires porque voy a ver que tal estás de oído"

Piano: taaaaaaaaaaaaannnnn...


La nota se queda suspendida en la habitación, se escurre por el vidrio y se cuela por debajo de la ventana. Se agarra al bajante de la galería y se desliza como un bombero hasta el 2º2ª y entra por la habitación de Lucía, que observa pensativa su colección de zapatos...¿escogerá los que me siguen a mí? ....taaaaaaaaaaan

Otra vez en el 3º2ª,

Felicidad: ¿qué nota es?

Paola: Un La.

Felicidad: Muy bien...

A mí me estaba empezando a gustar hacer las cosas bien y además Felicidad es una mujer positiva.

Al cabo de varios ejercicios me ha dicho que me sentara a tocar el piano, que me quería escuchar. Yo ya le había dicho que soy autodidacta y que no tengo ni idea de las notas que toco, pero que las toco, y que no me pida que lo repita porque voy improvisando y sería muy difícil volver a tocar lo mismo y que bla bla bla

tan tiii... taaan tooon, ta ta ti ta tiii, ta ta tiii, tann tannn , ti taaa tooon... -imaginando a Lucía en el 2º2ª, que está a punto de decidirse-

Felicidad: Mmm, muy bien, tienes mucha intuición musical...no deberías desaprovecharla...
(estrategia: elogiar al alumno)

Ah sí? vaya...

tin taaan tooon. Lucía sale de casa.

lunes, febrero 21, 2005

desilusión #

Es como abrir la ventana y que se inunde de polvo la habitación.

Es recuperar el silencio y pasar apuntes en la biblioteca.

Es querer estar contigo sin que nadie lo note.

Es aplastar el mundo que hay bajo tu mano y llorar
porque lo puse yo.

Es un cero patatero.

domingo, febrero 20, 2005

observación #3

Amanece entre las rejillas de la persiana.
Me he dormido media hora en tu cama y he llegado a la mía sin sueño.
Te lo habrás quedado todo tú.
Sin querer me he puesto la camiseta del revés y he vuelto con todos los que vuelven.

Pienso en mañana, que en realidad es hoy,
otra vez hoy.

A veces es domingo y vamos al cine.

jueves, febrero 17, 2005

observación #2

El otro día vino una profesora nueva, muy joven, casi más que yo, a presentar su asignatura. Cuando entré en clase no la veía porque no parece una profesora, parece una compañera. Y todos decíamos "¿dónde está la profesora?" y ella se reía... Al final nos dijo "Estoy aquí" y nos callamos. Yo pensé "si que corre la gente, tan joven y con tantas cosas ya hechas, y mira yo, mira yo, muchas cosas empezadas y casi todas sin terminar!"

Apagó la luz y encendió la del proyector, nos quedamos casi a oscuras y entonces nos dijo que nos iba a leer un cuento, como a los niños pequeños. A mí me gustó mucho, era la hora de la siesta y apoyé la cabeza en María que se reía ...

Nos dijo que este cuento nos haría reflexionar sobre nuestro rol como educadores. Me gustó mucho aunque es un poco triste. Se llama "Un niño" y es de Helen Buckley. Mira igual es família de Jeff Buckley.

"Una vez, un niño fue a la escuela. Él era muy pequeñito y la escuela era bien grande. Pero cuando el niño vió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta de en frente, se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande así. Una mañana, cuando hacía poco que él estaba en la escuela, la maestra dijo:

- ¡Hoy vamos a hacer un dibujo!

- ¡Bien! -Pensó él-

A él le gustaba mucho dibujar, el podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos... y sacó su caja de lápices y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! ¡No es hora de comenzar!

Y él esperó hasta que todos estuviesen preparados.

- ¡Ahora! -dijo la maestra- Vamos a dibujar flores.

- ¡Bueno! -pensó el niño, a él le gustaba dibujar flores- Y comenzó a hacer bonitas flores con lápiz rosa, naranja y azul.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! Yo les mostraré cómo se hacen...

- Así. -Dijo la maestra-

Y dibujó una flor roja con tallo verde.

- Aquí está, dijo la maestra , ahora pueden empezar.

El pequeño niño miró la flor de la maestra y después miró la suya. A él le gustaba más su flor que la de la maestra pero no lo dijo. Sólo miró su papel y dibujó una flor roja con el tallo verde.

Otro día, cuando el pequeño niño entraba en clase, la maestra
dijo:

- Hoy vamos a trabajar con plastilina.

- ¡Qué bueno! -Pensó el pequeño niño- me gusta mucho la plastilina.

Él podía hacer toda tipo de cosas con plastilina: serpientes y elefantes, ratones y muñecos de nieve, camiones y coches...

Y comenzó a apretar y amasar la bola de plastilina.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen, no es hora de empezar!

Y él esperó a que todos estuvieran preparados.

- Ahora -dijo la maestra- vamos a hacer una serpiente.

- ¡Bien!- pensó el pequeño niño, a mi me gusta mucho hacer serpientes. Y comenzó a hacerlas de diferentes tamaños.

Pero la maestra dijo:

- ¡Esperen! Yo les enseñaré cómo hacer una serpiente muy larga.

- Aquí tienen -dijo la maestra- ahora ya pueden empezar.

El niño miró la serpiente de la maestra, entonces miró las suyas...A él le gustaban mucho más las suyas que las de la maestra, pero no lo dijo. Simplemente amasó la plastilina en una gran bola e hizo una serpiente como la de la maestra.

Así que el niño aprendió a esperar, a mirar y a hacerlo todo igual que la maestra, y muy pronto dejó de hacer las cosas tal como surgían de su imaginación.

Entonces ocurrió que el pequeño niño y su familia se mudaron a otra casa, en otra ciudad. Y el niño comenzó a ir a su nueva escuela.

Esta escuela era más grande que la otra y tenía que subir grandes escaleras y caminar por un largo pasillo para llegar al aula.

Y justamente, el primer día de clase que él estaba allí, la maestra dijo:

- Hoy vamos a hacer un dibujo.

- ¡Bien! - Pensó el niño, y esperó a que la maestra le dijera que hacer, pero la maestra no dijo nada, sólo se paseaba entre las mesas. Cuando se acercó al niño, ella dijo:

- ¿Tú no quieres dibujar?

- Sí -dijo el pequeño niño- ¿Qué es lo que vamos a hacer?

- Yo no lo sé hasta que tú no lo hagas -dijo la maestra-

- ¿Cómo lo hago? -preguntó el pequeño niño-

- Como tú quieras -contestó la maestra-

- ¿Y de cualquier color? -preguntó el niño asombrado-

- De cualquier color -dijo la maestra- Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es de cuál y quién lo hizo? -siguió la maestra-

- Yo no sé... -dijo el pequeño niño-

Y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde.

observación #1

El otro día salí de la ducha y no me vestí. Me pasé un buen rato desnuda en el estudio. Hacía frío y me dolía la cabeza. Estuve titititiritando hasta que se me pasó. Tenía la piel de gallina y el culo helado y la mesa llena de trastos. Me puse a cantar y a dar saltos, no era sensual. Me dió la risa. Tampoco era importante. Pero no logré congelar nada en mí. Nada se convirtió en escarcha que rascar, ni en cristal. No soy como el vidrio de un coche que se congela de madrugada. Tampoco nadie me quita el hielo por las mañanas. Por lo tanto, no lo volveré a hacer. Tengo que eliminar este tipo de cosas. Me voy a abrigar.

Hoy una amiga me ha subido en moto a la facultad y hemos pasado entre medio de los coches. Ha sido emocionante confiar tanto en alguien. Y le he dicho en el tunel, "te quiero un montón ahora" y ella ha gritado "¿qué? no sé qué dices!" y ya en seguida hemos llegado. Me encanta entretener al conductor.