martes, junio 14, 2005

La expedición de las anginas (Cap.II) :
"La Postal"




Documento gráfico: Postal de la angina Donatella a la angina Beatrice, recibida el 13/06/05.-


Querida angina Beatrice,

Estoy muy triste sin ti. En el País de MiGarganta hay muchos peligros. Está la tribu Anginovac que nos quiere eliminar, hay inundaciones de agua caliente con limón y todo eso hace que nuestra expedición esté siendo realmente complicada.

Te amo Beatrice, deseo abrazarte pronto y volver a vivir en la misma garganta.

Te beso,

Angina Donatella.

domingo, junio 12, 2005

La expedición de las anginas viajeras (Cap.I)

Qué rabia... yo que llevaba todo el abecedario encima para hacer la sopa .... y resulta que llego y ya está hecha la cena (¡!) así que las recetas de juntar letras no me sirvieron de nada. Aunque bueno, en realidad, yo fui allí como la doctora Vaggio para curar unas anginas muy peligrosas y contagiosas, que precisamente ahora están en mi garganta. Sí, ese es mi método.
Así que las anginas están de crucero: primero estuvieron en el Mar de Sugarganta y ahora en el País de Migarganta. Se lo deben estar pasando muy bien, esperemos que una de ellas no se llame Fog de apellido. Se trata de una expedición muy aventurada pero vale la pena. Han prometido enviar postales.

jueves, junio 09, 2005

sopa

Hoy ha sido un día feliz: me has chivado todas las respuestas. Seguro que apruebo. Me contaste que existen las partituras, mis mapas y tus palabras enormes. Tu cariño aumentado sin lupa, tu voz de planta que crece.

El domingo, ella me regaló un nuevo nombre y yo me lo cuelgo en el cuello todos los días por si me pierdo y por si da suerte. Ella me enseña a pronunciarlo, vocalizamos y todo lo demás. Para el sábado tengo que recordar como se hacía la sopa porque tiene anginas. Yo ya le he dicho que conmigo seguro que se va a curar. ¿Me ayudarás a recordar lo de la sopa?

miércoles, junio 08, 2005

examen

En el examen me levanté para pedirle otro folio a la profesora porque no me cabía la última respuesta. Hacia el final empecé a hacer las letras grandes y en mayúscula. Parecían MONSTRUOS aterradores, las GUARDIANAS de los límites del papel, grandes LAZOS azules atados a las palabras, el recuerdo de cualquiera de tus letras. Como en todos los finales, fué un gesto desesperado.

domingo, junio 05, 2005

fa-cul-ta-des

El viernes, como tenía muchas cosas que hacer, aproveché para leer los Nueve Cuentos de J.D. Salinger que compré hace meses. Empecé por el que se titula "Para Esmé, con amor y sordidez". Curiosamente, me gustó mucho a pesar de no entender nada. No lo entendí del todo. Y menos el final. Intuyo algo pero no sé ... el flirteo de Esmé con trece años... la conversación del bar, el pelo ondulado, la carta, el reloj que le queda grande. Quizás sea la guerra lo indecente.


El final es lo que más me intriga, porque yo esperaba un desenlace que lo explicara todo, pero nada, fue peor. Es muy parecido a lo que sucede cada día, algunas cosas, en realidad, no aclaran nada de nada.

El final... "Coge a un hombre verdaderamente soñoliento, Esmé, y siempre tendrá una posibilidad de volver a ser un hombre con todas sus fac...con todas sus fa-cul-ta-des intactas."

Y por asociación guerra con guerra y hombres desquiciados, recordé un final de Bukowsky, un poeta que no me cae del todo bien, supongo que gusta más a hombres que a mujeres, pero reconozco que tiene esos versos finales de los que a menudo me acuerdo sin venir al caso (o viniendo mucho): "pero el estar juntos lo resuelve casi todo, / en realidad, lo resuelve todo / porque mientras esas cosas estén resueltas / en la historia de un hombre y una mujer, / es diferente para cada uno / mejor y peor para cada uno... / para mí, es tan espléndido como para recordarlo / después de la marcha de los ejércitos / y de los caballos que pasan por las calles fuera / después de los recuerdos del dolor y el fracaso / y la desdicha:

Linda, tú me has traído esto
cuando te lo lleves
hazlo lenta y suavemente
hazlo como si estuviera muriéndome en sueños
en lugar de en vida,
amén."

Algunas veces, en cartas, e-mails, conversaciones, fuerzo los temas hasta poder decir "Es diferente para cada uno" y ya me quedo tranquila. Es parecido a quitar los zapatos de debajo de la cama o mirar detrás de la puerta, son cosas que me tranquilizan, pero es diferente para cada uno. ¿Ves? Lo he hecho otra vez.

Como sigo con mi preocupación por entender el cuento, he leído este "reportaje" , sobre las dedicatorias con las que se inician los libros de algunos escritores. Al final habla algo sobre Para Esmé, con amor y sordidez, pero tampoco me ha servido de gran ayuda.

He encontrado una biografía de Salinger, algo desfasada porque pone que el cuento en cuestión nunca se ha traducido al castellano (pues va a ser que sí) y dice "Es probable que haya sido el mismo Salinger quien no regresó de la guerra con todas sus fa-cul-ta-des intactas"

Me voy a dormir, no le voy a dar más vueltas, una mujer verdaderamente soñolienta, Esmé, siempre tendrá una posibilidad de volver a ser una mujer con todas sus fac...con todas sus fa-cul-ta-des intactas por la mañana.

jueves, junio 02, 2005

cuento

Justo cuando estaba a punto de arrastrar el lomo por la pared, gesto que suele hacer mi perro cuando está nervioso, aparecieron delante de mí una pareja de viejecitos, ella un poco más mayor que él, casi al medio de la calle. Una calle donde algunas veces, hacia el final final, yo encontraba el principio y también al ayudante del Profesor Modou, que repartía octavillas milagrosas a la salida del metro. Pero eso era en invierno. Parece ser que con el buen tiempo los milagros se hacen sin el Profesor Modou y sin pagar! y además, huelen a chicle.

Los viejecitos llevaban dos maletas rojas con ruedas, haciendo trocotroc trocotroc trocotroc por la acera. Yo iba muy preocupada arrastrando el lomo y concentrada en mis crisis de los miércoles, que esta semana, no sé por qué, empezaron el lunes.

En éstas, ví como los viejos se giraban hacía a mí y decían adiós con la mano y con los labios, sonrientes, más o menos jóvenes. Yo supuse que no era para mí la despedida, no los conocía de nada, pero al ver su insistencia, me giré para ver si había alguien más detrás. Y lo bueno es que no había nadie. Así que, por si aquello era una despedida, agité la mano y les dije adiós.

y es que...a mí también me pasa, me dan ganas de despedirme de todo el mundo, cuando me voy de una ciudad.