martes, enero 12, 2016

Major Tom



Esta mañana, cuando he escuchado la noticia, he recordado mi adolescencia. Esa etapa en la que piensas que un día, de mayor, vas a tener amigos como los de la Beat Generation, o como Patti Smith, que vas a tocar la trompeta en Nueva York, que vas a escribir El Guardián entre el centeno, que vas a encontrar vivo a Jim Morrison en una isla del Pacífico, que vas a vivir en Buenos Aires un tiempo. Por lo menos, eso creía yo. 

En aquella época solía hacer los deberes en una biblioteca muy agradable, con lamparitas y luz cálida, una que ya no existe. Casi siempre iba con mi vecina y los demás. De vez en cuando,  salíamos a la calle y nos congelábamos de frío. La bibliotecaria todavía apuntaba a mano mi número de lectora en una tarjeta de cartulina que iba metida en un bolsillo de plástico al final de los libros. Cuando pedías en préstamo uno, se quedaba la tarjeta y la archivaba hasta que lo devolvías. Durante aquellas tardes, en las que siempre era invierno, solía pedirle que me sacara todos los números de la revista Rock'n'Roll Popular 1 para hacer fotocopias y recortar fotografías. La bibliotecaria, que se llamaba Sonia,  era mi Google de la época. Recuerdo cuando investigué los presuntos casos satánicos que giraban en torno a Led Zeppelin. Fascinante.

Luego volvía a mi casa con todo aquel mundo en mi cabeza, un mundo lejano al que siempre íbamos a llegar algún día, porque estaba suspendido en un tiempo que no era pasado exactamente... era algo distinto.

En la biblioteca leí todos los libros que había sobre historia del rock, sobre todo biografías: Jimi Hendrix, Jim Morrison, Rolling Stones, Janis Joplin, Bob Dylan... Y David Bowie, claro. Justo había descubierto Space Oddity y sonaba tan bien... Me sabía los acordes y los tocaba con la guitarra. El inolvidable DoM seguido de Mim. La cuenta atrás. Era tan bonito que Tom pidiera, en su última comunicación con la Tierra, que por favor le dijeran a su mujer que la quería mucho... Me emocionaba esa parte. Supongo que yo podría ser Tom, ahora.

Recuerdo aquellas tardes como una película. Me veo allí sentada, con el libro sobre Bowie en la mesa, los walkmans puestos y la carpeta de los deberes sin tocar.

Jamás se me pasó por la cabeza que Bowie moriría.



"Space Oddity" 1972 from David Bowie on Vimeo.

lunes, enero 11, 2016

El futuro

Facebook me parece un arma del mal. Es ya como un mundo dos, o el mundo uno es como el mundo dos, que es peor. Como suelo decirle a mi amiga A, no veo Internet ni veo la TV.

 ¿Por qué no puedo imaginar el futuro?





sábado, enero 09, 2016

papel de plata

Empiezo a trabajar ( o algo que se le parece) la semana que viene en la facultad. Y pensar que la había odiado... En cambio, ahora, me gusta cómo huelen los árboles del campus y el ajetreo de la cafetería. Los estudiantes hablando de los exámenes. El despacho. El sol en los ventanales de la biblioteca. El autobús y mi parada.

El sol se refleja en el papel de plata y dibuja lunares de luz en el césped. Parece marzo o abril. En todo caso, un mes bonito.








viernes, enero 08, 2016

A salvo en la selva



Al deshacer la cama antes de dormir, al deslizar el nórdico y la sábana, colocar bien la almohada y desnudarme para ponerme el pijama, me he dado cuenta de que todavía la echo de menos. Era mi familia. Todo estaba bien en la selva. Estábamos a salvo.

 Mañana tengo una reunión. Tengo ganas de levantarme a fumar. Tengo ganas de comprarme una peluca. 

miércoles, enero 06, 2016

París,Texas aka Skype aka cárcel de máxima seguridad










Esta mañana he ido al Fnac de Diagonal Mar. He recordado que antes  gastaba dinero en cd's. Ha pasado una eternidad. Ahora, de vez en cuando, compro algún vinilo en el Ultra Local; me parece más romántico. Además, simbólicamente, es el  lugar que ha sustituído a aquel videoclub que no cerraba nunca, del que solía hablar años atrás en este blog. Ultra Local y Pollos Llull me salvan la vida varias veces. Son lugares aeropuerto, siempre están abiertos; siempre a la misma temperatura. 

De vuelta, en vez de coger la Diagonal, he ido hacia la playa con la bici, y he recordado que hace unos cinco o seis años me dieron permiso una mañana para ir a la revisión médica. El consultorio estaba justo delante de la playa de la Marbella. Tras sacarme sangre y todo eso, pensé que todavía era pronto para volver a trabajar. Así que me descalcé y estuve andando por la arena. Pensé en desertar y en quedarme allí toda la mañana. Pero no pude harcerlo. Eso me jodió un montón. Esta mañana, ya sin prisas, disfrutando del mar, recordaba ese momento. Ha sido bonito. Hace justo un año, renuncié a mi trabajo.

Por la noche, he vuelto a hablar con Jane Henderson. He sentido alegría mientras sucedía, como si fuera un regalo de los Reyes Magos, pero frustración al final. Como esos presos que están tras el cristal, condenados por algún crimen no cometido, y que han agotado todas las apelaciones y recursos varios –me lo estoy inventando–, y pasan el tiempo en prisión estudiando su propio caso para defenderse a sí mismos. Sin embargo, después de la visita de la ex-novia, ex-amante o ex-mujer, vuelven a sus celdas, miran las fotografías, recuerdan los labios rojos que acaban de perfilar con los dedos sobre el cristal,  y se sienten, de nuevo, condenados.

Lo bueno de todo esto es que yo no estoy en la cárcel. Aun así, pienso en la fantasía de viajar, de ser otra constantemente, como decía Pessoa.








sábado, enero 02, 2016

Diamantes





El 2016 va a ser muy interesante, tengo esa corazonada. La tónica ya la fui marcando a finales del año pasado. Equilibrio –con arenas movedizas de vez en cuando, necesarias y vitales–, proyectos y trabajo. Mente ocupada, como en el jazz.

Ayer se me cayó el iPad al suelo de mi habitación. Eran las cuatro de la madrugada. De inmediato, escuché tres golpes en la pared. Me pareció terrorífico. Desagradable. Saber que hay alguien ahí, con los ojos abiertos y que me escucha. Y que se queja. Creo que fue el niño adolescente que duerme justo debajo. El otro día me lo encontré en el metro. Iba hablando por teléfono con algún amigo, supongo. Únicamente intercepté una frase: "hoy he quedado con una tía." Las ganas, pensé yo. A veces sube al terrado y arrastra algo. He pensado en pillarlo in fraganti un día, a ver qué coño hace.
Me desvelé y salí a la terraza. Miré al cielo y vi muchas estrellas. Estrellas como diamantes de invierno. Las grúas de la Sagrada Familia estaban encendidas. Me sentí muy conectada al presente. Fue como estar en el amor.