domingo, mayo 31, 2015

FOTOCOPIA: La bomba anatómica



Ayer, cuando volvía a casa, y todas las calles se parecían a otras, me di cuenta de que habías sido verdad.

Me dolió tanto lo real.

Me di cuenta de que tienes un cuerpo con órganos dentro. Pulmones, hígado, riñones, corazón, arterias, intestinos, huesos... y, resumiendo, sangre alrededor. Y que habías caminado con todo eso a mi lado. Todo eso tan cierto. Todo lo que sale en las radiografías cuando te haces daño o cuando te duele algo, todo lo que un médico ve a contraluz. Todo lo que es indiscutible. Lo tienes y es verdad.

Luego pensé en tu voz, que con esa voz me hablabas. Un timbre que puede que se parezca a otro, pero no es exactamente igual, es imposible. Y que tu voz, única como la mía, tal vez estaría hablando en ese momento, vibrando en alguna frecuencia. Pero yo no la estaba escuchando a pesar de desearlo muchísimo. Tu voz en algún lugar al que se puede llegar seguro, porque cualquier lugar es una coordenada en el espacio. Yo podría llegar. Yo siempre creo que puedo llegar.


Todo era muy real.

Mis costillas, mis glandulas de nosequé, mis células y mis homoplatos... pensando en ti. Como si tu esternón estuviera hecho de coral.

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Voy a recordar a mi querido Jeff Buckley, que me gustaba tanto de adolescente. Qué bueno era.










viernes, mayo 29, 2015

Fotocopia: esa sensación.


Esa sensación de que Google ya no encuentra lo que estabas buscando.
O esa sensación de estar frente a Google y no saber qué buscar.

miércoles, mayo 27, 2015

FOTOCOPIA: Cosas imprescindibles





4 bragas
2 cuerdas
1 linterna
3 camisetas
2 pantalones cortos
1 pijama
1 tienda de campaña
1 sartén
1 navaja
1 caña de pescar
1 fuet
1 cantimplora.

Esa es la lista de imprescindibles que mi madre encontró ayer en una libreta que escribí cuando tenía nueve años.

Aquello era todo lo que calculé que necesitaría para vivir un año entero en mitad de la montaña. Era mi objetivo. Lo había visto en una película dentro de la clase de Ciencias Naturales y yo quería ser como el protagonista.

El plan era vivir dentro de una cueva (una que se suponía que encontraríamos en el bosque) con mis amigas Elena y Silvia. Conseguí que se entusiasmaran con la idea. Una vez convencidas, les dije que todo aquello tenía que hacerse bien y que debían comunicarlo en sus casas. Yo siempre dentro de la legalidad.

Así que Elena y Silvia hablaron con sus respectivos padres y respectivas madres y, claro, pusieron el grito en el cielo. Silvia y Elena los presionaban diciéndoles que mi madre me dejaba ir. Y era verdad. Mi madre me dejaba ir a vivir a la montaña durante un año.

Desafortunadamente, Elena y Silvia no pudieron tramitar la visa para irse a vivir un año entero a la montaña dentro de una cueva. Así que pasamos al Plan B: ellas tenían que escaparse. Lo teníamos todo previsto. Íbamos a coger un autobus nocturno que nos llevaría a la estación de tren. Proyecté tan bien toda aquella fantasía que en mi mente veo la luz helada y fría del autobús iluminándonos las caras de madrugada. Para nosotras, niñas de barrio en Barcelona, lo más  Naturaleza que conocíamos era el Montseny, así que aquel era nuestro destino.

La idea no era resistir todo un año con 1 fuet, nuestro proyecto se basaba en comer raíces y pescar en el río. Mi fuet era para el viaje, lo recuerdo perfectamente.
El otro día le pregunté a mi madre que por qué hizo que creyera que me dejaba ir, que por qué me animó a ello. Me contestó que no valía la pena quitármelo de la cabeza, que era tan sólo una ilusión.

Creer que es posible otro lugar, pero quedarme en la fase de hacer la lista...




sábado, mayo 23, 2015

Fotocopia: A la deriva



Me siento a la deriva. Llevo tres días en los que me cuesta mirar hacia el futuro. Aún así, el presente me sorprende cambiando las sábanas de mi cama. Abriendo el buzón y encontrando un postal de Madrid. O viendo películas que me rescatan por unas horas. Me pasó con Night on Earth hace un par de tardes. Debo decir que a Jim Jarmusch lo he bautizado como el director de las siestas de culto, las que me pego cuando me pongo alguna de sus pelis, pero son siestas interesantes, de esas en las que no quieres cerrar los ojos, no quieres rendirte, pero te vas quedando grogui y escuchas frases lejanas, algunas imágenes de la pantalla se entremezclan con un sueño a medias, incluso con algún recuerdo, y la banda sonora se vuelve onírica. Pero viendo Night on Earth me mantuve despierta, como si fuera yo una taxista más en la Tierra y quisiera que alguien me contara mi propia historia.

Me gustaría hallar esperanza en un cambio político, como tantas personas que verdaderamente creen en ello y se involucran. Me dan algo de envidia. También los que tienen un hobbie obsesivo o un equipo de fútbol. Les deseo a todos lo mejor.

Seguramente, si le cuento todas estas cosas al médico me enchufará antidepresivos y ansiolíticos. No se puede estar triste unos meses, mucho menos una temporada larga. 

El miércoles fui a un meetup para practicar inglés y me di cuenta de que el ser humano monta verdaderas tapaderas para ligar. Con cena gratis incluida y cerveza a buen precio. Todo subvencionado por una academia de inglés. La única otra vez que fui a un intercambio de idiomas también había quedado con E, que se había equivocado de azotea y estaba en otra, y tenía que atravesar cuatro millones de manzanas para llegar a la azotea correcta; así que me relajé y me pedí algo de beber y me senté de espaldas a todo el mundo, pero desde la ventana tenía un vista increíble de rascacielos y demás. Escribí un postit, bastante esperanzador, sobre el sentido de las ventanas en nuestra vidas. Lo dejé en medio del cristal y a nadie le sorprendió. En estas que vino una japonesa a sentarse a mi lado, y a pegarme la chapa. Era buena chica, creo que la tengo en Facebook pero no nos hemos vuelto a decir nada más en años. Me contó que estaba trabajando de babysitter y que la familia que le había tocado eran unos gilipollas. Pero allí estaba ella, sonriente. Luego se añadió otra chica, autóctona de la metrópolis, que quería conocer gente de aquí y de allá y llevarnos a todos de paseo por los barrios. Así que mi intención de un meetup en soledad se desvaneció por completo. Fin de la historia.

He vuelto a poner mis libros en las estanterías. Los tenía todos en cajas, porque hice un simulacro de mudanza hace ya algunas semanas. Los recuerdos que van tras ellos me duelen, pero no puedo desprenderme de ellos porque forman parte de mí. Ayer lloré con una canción de Camarón que me pasaron por mail. Necesito un ángel de la guarda. O yo que sé. Mi vecino acaba de ponerse a tocar la flauta. No, no me refiería a eso, universo.






miércoles, mayo 20, 2015

Fotocopia: Luces en la pared


Luces from QueMalaSoyDosificandote on Vimeo.



Lleva toda la tarde lloviendo. Desde aquí, a veces oigo las bocinas de los barcos. Los imagino grandes, lejanos y  llegando a puerto o marchándose.



Es de noche y todavía sigue lloviendo.

El otro día me desperté temprano y en la pared había una luz que cambiaba de forma. Fue la primera imagen del día. Era la luz del sol. Fuera hacía viento y los árboles se agitaban.

En realidad, no veía ni los árboles ni el sol en sí, sólo el reflejo en la pared, en medio de la oscuridad. Vivirlo todo en primera persona hace que algunos instantes parezcan una señal confusa.

Me levanté y salí a desayunar. Era muy pronto y no había nadie en la calle, la Via Layetana estaba desierta. Los edificios majestuosos, más que cuando hay gente. Bajé en bici por en medio de la avenida. Iba a hacer calor pero el aire de la mañana todavía era fresco. Todas las tiendas estaban cerradas. Ciudades vacías. Soy una persona corriente.

Me senté en la barra de la churrería. Pedí un chocolate con porras. Como no quedaban, hicieron más. La pasta blanca se sumergía en el aceite. El churrero había estado enfermo durante un tiempo; todos los que entraban, que parecían habituales porque no necesitaban especificar que querían para desayunar,  preguntaban si ya se había recuperado. Yo no sabía de qué iba aquello, pero me pareció que era una persona querida por todos. Yo miraba y miraba, queriendo saber. Cuidado que queman.

Pensé en qué sería de la churrería cuando se jubilara él; pensé en que me gustaría tener una churrería, como si fuera un hijo, pero de porras y chocolate. Algún día nos iríamos de vacaciones a una casa cerca del mar. Mi hijo churrería y yo. En Portugal. Nada de viajes largos.

Le dije adiós cuando me marché. Era un buen hombre, con un corazón inmenso, se le notaba en algo, no sé. Yo estaba allí como caída del cielo, o de la cama, y me sentía como un ángel en pantalones cortos y camiseta. Más tarde, no recuerdo bien lo que hice.







sábado, mayo 16, 2015

Fotocopia: Enganchada al karaoke

Dame un beso


Se ha vuelto a repetir ese momento en el que las cortinas se mueven con el aire que entra de la calle. Cada año escribo sobre ello.

Es una imagen que me encanta. Me transporta a la primera vez que me di cuenta de ello.  Yo estaba en mi antigua habitación, en casa de mis padres. 2003. Era primavera. Por la tarde. Las cortinas se movían. Y soñaba con visitar muchas ciudades, las que salían en las canciones y en las novelas. En algunas ya he estado y han habido momentos de soledad. Es ligeramente bonito.

He descubierto una aplicación de karaoke y me paso el día cantando. Soy como Bill Murray en Lost in Translation. Esa reverberación, ese eco, la luz de la pantalla, esa especie de deriva sin ton ni son. He puesto fotos y recuerdos en las estanterías de amores que tuve. Pruebas físicas o imágenes.

Scarlet Johansson me recuerda a Chile. Debo ser la única persona en el planeta que la asocia con el fin del mundo.

Hace tres meses era una profesora válida para ejercer mi trabajo, incluso era buena. Ahora no cumplo los requisitos porque no tengo el Advanced. Es como cuando lo dejas con alguien, que el día anterior te puedes besar, pero al día siguiente, ya no. 

Me he propuesto empezar a ser coherente y consecuente a mediados del verano.