sábado, octubre 29, 2016

La corriente

Volviendo del veterinario, Croquet estaba feliz, a pesar de la inyección, los mocos y el termómetro por el culo. Trataba de sacar la cabeza por la obertura de la mochila y ver lo que pasaba en la calle. Todos esos ruídos, esas personas, esa cantidad de olores nuevos, esa luz.  Aproveché para comprar fruta, porque es buena, esa saludable. Es bien. Por la tarde estuve jugando un poco con ella. Por la noche empezó a respirar muy mal, por la boca. Le faltaba el aire. Decidí llevarla a urgencias porque parecía que de un momento a otro iba a dejar de entrarle el aire. (Mientras escribo esto mis vecinos nuevos están chillando, dando golpes, riñendo al niño... con lo tranquila que era esta escalera hace tres meses. ) Pedí un taxi a través de una aplicación que te dice el nombre del taxista, y el modelo de coche, y luego puedes puntuarle con estrellas. El que vino era bastante popular porque tenía una puntuación alta. Me recordó al capítulo "Nosedive", de Black Mirror; me horrorizó un poco. El taxista era paquistaní y en medio del trayecto se puso a discutir con un compañero a través de móvil o radio, no sé, en su idioma. Luego se disculpó (que no hacía falta, pensé)  y me contó que es que tenía un debate político porque en su país había una especie de revuelta popular contra la corrupción del gobierno. "Lo de aquí no es nada comparado con lo de allí", decía mientras miraba un semáforo. Parecía una persona feliz. Y yo con la perra en brazos ahogándose. Todo muy raro. Y la aplicación pindiéndome que lo puntuara con estrellas.

Croquet, al parecer, tiene una infección respiratoria.  Se quedó ingresada. Me sentí bastante insignificante volviendo sola a casa, sin perro. Era una sensación extraña. Pero por otra parte, me sentía muy presente. Cuando salí del metro vi a la chica semi-teñida de rubio que siempre está semi-zombie rondando por la parada con una botella de cerveza en la mano. Estaba semi-echada en el portal de al lado de la papelería, con gafas de sol y hablando sola.  Y como ya eran las dos de la mañana, me fui a dormir acordándome de la chica semi-delirando en el portal y de mi perra.  Yo que sé. Y pensé, "pues hemos llegado hasta aquí". Que tampoco sé que quiere decir llegar hasta ahí, pero lo pensé. Arropé bien al cómic. Le di las buenas noches. Y antes de apagar la luz,  decidí ponerlo en la estantería; pensé que había llegado el momento de renunciar a lo simbólico y de entregarme a lo evidente. Estoy en ese proceso.

Por la mañana he ido a visitar a Croquet. Estaba en la incubadora con una vía con suero y glucosa. Me ha visto y ha empezado a mover la cola. La veterinaria me ha dejado estar un rato con ella. Le he dado de comer. Había un montón de pacientes. Uno no paraba de ladrar, porque ya le daban el alta y parecía estar impaciente (paciente/impaciente). Luego he vuelto aquí, a casa, pensando en que si la perra, que si lo otro, que si el trabajo, que si me siento fea, que si diciembre. Sin embargo, no noto que nada me vaya a alterar. Me estoy dejando llevar por la corriente, sin oponerme.

Acabo de recibir una notificación en el móvil, que todavía tengo pendiente puntuar al taxista de ayer. 

miércoles, octubre 26, 2016

Bar de medianoche

Casualidades. Ayer escribía algo sobre una cafetería imaginaria "que abre sólo para noctámbulos". Hoy he visto que en Netflix hay una serie japonesa llamada "Midnight Diner" que es precisamente eso, un bar que abre a medianoche y que sólo sirve un plato: ramen de verduras. La idea me ha gustado mucho pero no acabo de pillarle el ritmo, tal vez porque es comedia japonesa y tienen otro concepto del humor.

Pero lo importante es que coincide con la idea que tuve ayer, la de un café sólo para noctámbulos.

noctámbulo, noctámbula
adjetivo/nombre masculino y femenino
  1. 1.
    [persona] Que tiene tendencia a realizar actividades durante la noche.




    Si yo tuviera un bar de medianoche

    El horario:
    De 24:00 a 7:00.
  2. Me gusta el concepto de lugar para "gente con tendencia a realizar actividades por la noche". Pero pienso en actividades tranquilas y en gente tranquila. Un lugar de rescate.  Sé que esta idea le encantaría a  Emilio. Y ahora me estoy acordando de aquella canción que escribí con Carol, que se llamaba "Los solos".

    Acabo de buscar el archivo de esa canción en el ordenador y es del 21 de octubre de 2008. Hace casi 8 años justos. La letra decía así: "Los solos caminan con las manos escondidas, con el cuerpo encendido y prefieren mantenerse así. La gente los critica porque parecen extraños cuando salen del trabajo y no tienen planes que elegir. Y no cuentan que les pasa y alquilan una peli, en esos videoclubs que no cierran ningún día. Los solos tienen pinta de ser trascendentes pero también se emborrachan con sus chicas en el bar, y ladean la cabeza cuando están piropeando, cuando quieren convencerte de su soledad a ti también..."


    Creo que ahora diríamos las solas, en vez de los solos.

    El lugar:

    Un sitio pequeño, acogedor, cálido y con una iluminación adecuada. Nada de esas luces en el techo que iluminan las cabezas desde arriba, de un modo frío y molesto. Tal vez, debería dar una sensación de lugar destartalado, no sucio, pero sí algo desordenado. Un lugar que invite a contar alguna historia.

    Otro día sigo hablando de mi bar de medioanoche imaginario. Queda algo muy importante por decidir: La comida y la bebida.

    Hoy he escuchado From Dog to God durante el transbordo largo, un tema apropiado, sobre todo por el estribillo y ese sintetizador tan ochentero del inicio. Canción perfecta para ambientar el pasillo de la amarilla a la verde, mientras  ves pasar a la gente con cara de lunes en miércoles, y todo es un poco decadente pero te sientes mejor diciendo I'm alone in this fucking world (aunque tengas un chucho super tierno que se llama Croqueta).








No me quita ojo

Me enternece notar su diminuto hocico tras mi oreja izquierda. 

Hoy he hablado con E acerca de cómo los perros acaban pareciéndose a nosotros a base de observarnos minuciosamente; son capaces de entendernos sin conversaciones de por medio. Únicamente nos ven y están presentes. Es un gesto de amor puro. Hoy he sacado a Croquet a la terraza. He puesto su camita en la silla de al lado y he visto cómo me miraba, acurrucada. No me quitaba ojo. 

Yo también lo hago cuando me gusta alguien, observo todos sus movimientos. Es algo que me sale sin pensar. Y hago descubrimientos asombrosos, que a mí me parecen importantes, aunque fuera de contexto puedan parecer poco significativos. Recuerdo un día en el que me fijé cómo cruzaba los pies bajo la silla tal persona. O tal otra. Y lo guardé en mi catálogo privado de no se sabe qué.

Quisiera convertirme en perra para poder mirar sin pestañear y sin tener que dar(me) explicaciones.

Al levantarme, he escuchado las bocinas fantasmas de los barcos espantando la bruma. He subido al autobús y he estado mirando por la ventana las ramas de los árboles. Estaban húmedas. Estoy entre aguas. Mi corazón es a veces un desconocido que viene a tomar café todas las noches a la misma hora, en esa cafetería que he abierto sólo para noctámbulos. Está en la calle Pujades. Huele siempre a grano recién molido.


lunes, octubre 24, 2016

alegrías perras




Todo es nuevo para Croquet y para mí –hoy la he llamado así todo el día, pero ayer la llamé Queer, ¿puede ser una perreta con muchos nombres?– Esta tarde la he metido en una mochila pequeña y nos hemos ido a comprar el pan y un helado de mango con chocolate al Dino. Cuando hemos vuelto, le he puesto música por primera vez. Hemos escuchado a The Clash. Estaba contenta porque movía la cola e intentaba jugar con una pelota. Y trataba de mantener una conversación conmigo, a base de gestos con la cabeza y sonidos raros.

Ayer se quedó dormida en mi cuello mientras veía el tercer capítulo de Black Mirror, que es el de las lesbianas con bollodramas en todas las épocas a las que "viajan".  La verdad es que no sé con quien me gustaría pasar la eternidad, pero sí sé con quien me gustaría viajar a los 70´s,  80's, 90's y al 2004. Mejor no pensar en ello que se me va la entrada por otros derroteros.

Me pregunto si perra será feliz conmigo y todas esas cosas. Me preocupa un poco pensar que debe echar de menos a su madre por las noches y que cuando está sola se debe preguntar cosas como "¿cuando va a volver la humana?  Espero que Croquet sea menos rayada que yo.

Ay, estoy acojonada.

jueves, octubre 20, 2016

Cumpleblog: 14 años.



Hoy hace 14 años que escribes este blog. Han pasado tantas cosas desde entonces. No me jodas, ¿sí? Lo fuerte es que parece que nunca pase nada, pero sí pasa.

Hoy, en el metro, ha entrado un señor muy gordo y se ha sentado; como el espacio era pequeño, ha chafado al de al lado, un tipo delgadito, que ha puesto cara de indignación y se ha levantado. Hoy has decidido que no vas a intentar  escribir ninguna otra novela porque  en realidad te aburre  tener que inventar historias y tener que describir cómo es la calle, y cómo tienen el pelo los personajes y tener que buscar un nombre bonito para cada uno y todo eso.

Hoy, en la terraza del bar del campus había dos jabalís, o jabalíes, y nos miraban como si fuéramos algo irreal, salido de la nada.

 Hoy has ido a comprar otra luz trasera para la bicicleta porque te la han vuelto a robar y has pensado que cómo podía ser. Has decidido poner un postit que dice "No me robes más luces, por favor" porque desde ayer no sacas la bici y eso quiere decir que es alguien de la escalera.

Hoy, en la cafetería, temblaba el suelo cuando pasaba el metro y todavía era de noche a las 8:00, y parecía que eran las siete de la tarde y que todo el mundo volvía a su casa. Hoy sólo deseas tener algo que hacer todos los sábados a las 19:00. Tienes que aceptar, de una vez por todas, que no te gusta esa soledad, como tampoco te gustaba a los 8 años. A partir de ahora, cuando te lo pregunten, vas a decir que no, que no te gusta.

Hoy has ido a comprar pan y en la panadería ya tenían panellets. Y has pensado, otra vez es otoño. Y te has acordado de la última vez que hiciste panellets. Eres muy pesada con el antes  y el después, y  pareces un anuncio constante de dieta milagrosa. Siempre comparando.

Hoy has leído en la revista Rock de Lux que Devendra Banhart, para componer su último disco, "Ape in Pink Marble", se situó en un lugar de las afueras de Tokio, en un hotel antiguo y triste, pero con encanto. Y con una recepcionista llamaba Jackie, que tiene 60 años y fuma, y un hombre de negocios borracho sentado en un sillón rojo y lleno de polvo, que antaño había sido elegante. Bueno, esto lo has añadido tú, lo del sillón rojo antaño elegante. Y Devendra sabía que la música que quería hacer tenía que poder escucharse en ese lugar. Lo que no has entendido es si  fue al hotel físicamente o se lo imaginó.

Hoy, mientras trabajabas, has escuchado su nuevo disco y te ha parecido tan delicado, lluvioso, tan para estos días de otoño en los que te das cuenta de que ya hay panellets y sientes calor en el corazón, como dice Gemma, con toda esa melancolía por lo que fue y por lo que vendrá y por lo que es, rondándote.
 



miércoles, octubre 19, 2016

Ferry

Has estado moviendo muebles en casa porque vas a compartir piso dos meses con una amiga. Desde ayer duermes en otra cama y entre otras paredes, y te gusta cómo ha quedado pero con tantos cambios no has pegado ojo. Y pasas por tu antigua habitación, y tu cama, y la sientes desangelada, y te acuerdas de las cosas bonitas, y piensas que el espacio es un reflejo de cómo estás por dentro. Que es en silencio y quieta, como aquella liebre agazapada, bajo la luna llena, con la que soñaste hace dos años, o tres. Y nuevamente, una serie, la tercera temporada de The Fall, y piensas que es un modo, como cualquier otro, de usar el tiempo.  Y con tantos cambios te has dado cuenta de que tienes demasiados instrumentos con cuerdas y que no sabes cómo tocarlos todos a la vez. Y tampoco sabes qué canciones tocar, buscas alguna que te haga soñar con tardes interminables, en lugares interminables. Feliz. Piensas en eso,  y recuerdas que ayer te sentiste así cuando saliste del metro en Diagonal –del metro de Diagonal porque habías dejado allí la bici por la mañana, y por la mañana  te diste cuenta de que no tenías la luz de atrás, y pensaste en qué momento la perdiste, y el de la tienda de bicis te dice que esas luces no las roba nadie, pues vaya por dios, y que has tenido mala suerte. Pero tampoco es para tanto, porque esa mala suerte es, en realidad, una chorrada, que la nueva te cuesta 3.50, y que puedes permitirme eso y más. La nueva suerte.

Saliste del metro en Diagonal y había una parada de libros de segunda mano, con una chica con acento chileno atendiendo, y pensaste que tal vez era un guiño de la vida, o algo así, y que tampoco sabes qué quiere decir, pero lo ves como un guiño, y por un momento te sientes en el metro de Santiago, y recuerdas aquella felicidad infinita al pasar por el cerro de santa lucía y los autobuses y la gente, y la cordillera, y todo eso en ese estado de alucinación. En el del amor. Y ves un ejemplar de Las personas del verbo, de Jaime Gil de Biedma, la edición de Seix Barral, por 1 euro, y piensas que has tenido suerte -y que todavía es más barata que la otra-, y te sientes como una persona que se mueve, aunque no sepas qué quiere decir eso. 

Y abres el libro por la mitad, y el primer verso que lees te dice "La nostalgia del sol en los terrados". Y te vas a otra página, una que está doblada por la persona que lo ha donado, y lees "Fue esta mañana misma, en mitad de la calle". Y vuelves a escoger otra página, también con la esquina marcada, y lees "Alguna vez recuerdo ciertas noches de junio de aquel año, casi borrosas, de mi adolescencia". Y le das el euro a la chilena, y ella te da el libro, y justo acaba su turno,  y se marcha. Y llega un compañero de otro lugar de américa latina. Y hay dos músicos, uno con una guitarra y otro con un violín, tocando La vie en rose. Y te sientes bien y mal. Y te sientes como el antídoto y el doto.  Y sabes que deberías ir a terapia y gastarte 60 euros pero el viernes, el día de tu cumpleaños, decidiste comprarte una camisa que valía eso, y que querías estrenar durante el fin de semana, pero al final no la estrenaste porque a veces una bola de nieve deslizándose por la montaña acaba convirtiéndose en alud. Y el caso es que ahora te va mal gastarte otros 60 para que L te ayude a comprenderlo o a manejarlo, y te ayude a hacer eso de los cojines, que son otras personas o tú misma, y te ayude a hablar con ellas, con los cojines que hacen de personas o de ti.

Y bajaste por paseo de gracia, y luego giraste por la gran vía, y te paraste frente al Palace, y pensaste que el personaje de Carol Aird estaba en el hotel. Y seguiste y finalmente acabaste en el parc de la ciutadella, frente a las cascadas, y pensaste que qué bonito, con aquel sol y el agua, y pensaste en coger carrerilla con la bici y lanzarte al lago, para ver qué pasaba, pero en plan "bien". Pero en vez de eso abriste el libro, que te acababas de comprar por 1 euro, por la primera página y, sorpresa, sorpresa, sorpresa de las grandes, estaba dedicado. "Quiero que vivas la emoción que he sentido yo leyendo estos poemas. Por otros 35 llenos de vida." Dedicatoria firmada por un nombre que empieza por M, pero no entiendes las letras que siguen. ¿Marc o Maria? Y un dato más: Mayo'83. Y piensas que es otro guiño, no sabes muy bien quién te guiña el ojo esta vez, pero que ha sido tu cumpleaños y aquella es, sin duda, una dedicatoria de aniversario que ha llegado hasta a ti en el momento justo y en el lugar adecuado. Y te vas a casa algo así como feliz. Pero luego se te pasa.  Amar y que te amen, como cuando llegabas a  las 10.30 a una isla y cogías un ferry hacia otra.

Suena el teléfono fijo. El móvil te lo has dejado en el trabajo.

Hola, buenas noches, ¿con el titular de la línea?