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Mostrando entradas de 2011

Volver a empezar. Seguir. Feliz 2012.

Despedimos el 2011 en un balcón de la Puerta del Sol de Madrid. Llevadas por el entusiasmo que nos rodea, nos acabamos de comprar en la Plaza Mayor una peluca y un sombrero de vaquero azul purpurina.

El 2011 ha sido un año de desengaños, equivocaciones, cambios bruscos, rupturas, pozos de pena y fisuras en el alma. Únicamente me quedo del 2011 con los bellos reencuentros, con mi familia, el mar de Formentera y el salvavidas con el que nada nuestro amor poniéndose a salvo del naufragio.

Pido para el 2012 mucha salud para seguir juntas, detective Blenk. Lo importante es lo importante.

Que tengáis un feliz año...

Jamás, jamás, jamás te olvidaré, Ike.

Mi amigo Ike, compañero del alma, Enriquito, mi hermano mayor, una parte de mí: 
Hoy he ido a trabajar pensando que era el primer día que no estabas en el mundo y todo me ha parecido extraño, ajeno, de otros. Pero te he sentido muy cerca, como cuando caminabas a mi lado por las calles de la Alfama.  Me enseñaste tantas cosas. Compartimos muchas noches en vela.  Nos gustaba un montón hablar de las chicas que no nos hacían caso. Ellas se lo pierden, decías. Y yo añadía, "y nosotros, también!"
Me cuesta escribirlo todo, es como cuando quiero nadar todo el mar, no se puede. Ahora me pasa lo mismo, que no puedo escribírtelo todo y me gustaría poder hacerlo. Aunque ya no puedas leerme, sé que lo hacías siempre. Sé que nos conocimos gracias a este lugar, que para mí es una habitación más de mi casa. Te dije hace menos de dos meses que cuando pasaras miedo pensases que yo estaba ahí contigo, a tu lado, porque te llevaba en el corazón. En mi corazón desde aquella noche que te conocí…

Latidos

Estoy viendo una película tailandesa lenta y sin sentido. Se llama Vidas truncadas. No la quito porque prefiero que avance y se acabe de una vez, sin prestarle atención.

Hace un tiempo empecé a escribir una novela. Ya voy por el noveno capítulo. Es como tener un lugar al que irse un rato, un lugar que nadie conoce. Antes, la historia estaba dentro de mí, pero ahora empieza a estar fuera. La estoy escribiendo para leerla. Quiero leer la novela que estoy escribiendo. De momento, me está quedando como yo quiero. Creo que es difícil hacer algo y que salga exactamente cómo imaginabas. En general, nada sale cómo esperas porque siempre se tiene una idea de cómo tiene que ser. Pero, cualquier cosa, cuando pisa el mundo, ya tiene un corazón. Y es incontrolable.



Termo

Me compré una fiambrera especial para llevar comida caliente. En la caja ponía que aguantaba el calor hasta 24 horas. Me pareció que podía salvarme del abismo del mediodía, que es, para mí, por motivos que desconozco, una tragedia. La comida llega caliente. Destapo el recipiente y los alimentos que hay allí son los de mi casa. Mi techo. El trozo de pollo asado en
mi horno es una pizca de mi hogar. Me emociona llevarme a la boca un tenedor de mi casa.
Estaría bien tener un montón de fiambreras diferentes para conservarlo todo como el primer día. O como
más nos gustaba.
Todo duraría, por lo menos, 24 horas.

Voy a llegar tarde al trabajo

He decidido volver a escribir en mi blog al leer que un grupo de ingenieros ha inventado un robot inspirado en los gusanos y las estrellas de mar.

Quiero ser un robot de esos.

A partir de hoy, voy a escribir cada día una entrada, aunque sólo sea de un par de líneas. Necesito volver a los sitios de antes de antes para recuperarme de esto mío que empiezo a no saber lo que es. Es como cuando haces la actualización de un software y te das cuenta de que está lleno de errores o de que no es todo lo compatible que pensabas.

Seguir la corriente

Nadie imaginaba que aquello fuera a acabar en tragedia, siempre se había hecho sin que pasase nada.
La gente se agolpaba alrededor de las ambulancias y todo el mundo comentaba lo sucedido. Aquello podía ocurrir, existía el riesgo. Una chica de unos quince años lloraba en la acera desconsoladamente. La cara desencajada, decía una mujer. No quisimos ver nada, pero estábamos a pocos metros y el aire el mismo.

Volvimos a casa por otro camino.  Pasé el resto de la tarde leyendo para olvidarme del asunto.
Esta mañana, cuando he salido a la calle, he visto que seguían haciendo lo mismo, que a pesar del accidente de ayer seguían con lo mismo.
Ya no se respeta nada. Ya no nos protege ni el miedo.
El miedo no está bien visto.
Brindo por los miedicas.



todo por nada

Lavar el dobok de Taekwondo, doblarlo (aunque sea mal) y meterlo en la bolsa, resucita en mí una porción de la ilusión que sentía a los 9 años. Lo llevamos blanco e impoluto, no como alguno de los chicos. Especialmente el de Julio, que ya amarillea. Julio es un chico que se pasa la tarde en el gimnasio practicando sin cesar. Cuando acaba nuestra clase, la última del día, él aún sigue  haciendo abdominales o dándole patadas al saco. El maestro no le hace ni caso, jamás le he oído decir "Julio, sigue así, lo haces muy bien". El chaval tiene una autoestima enorme y el maestro lo sabe, no necesita la aprobación de los demás. Un día pactamos que lo dejaríamos todo por ir a Taekwondo y por conseguir el cinturón verde. Ahora ya casi estamos y no nos ha costado tanto como imaginábamos.






Dejarlo todo por nada es una locura, dicen.  Pero en qué parte está la locura, ¿en todo o en nada?

 Me he apuntado a clases de hip hop para mayores de 25 años. Yo siempre había querido aprender a ba…

Constructivos y guapos

Ya no están los obreros guapos en la obra. Los que hay ahora son corrientes. Los guapos únicamente se encargaron del trabajo inicial, el más duro. Duro porque no había nada y nada hacía pensar que allí habría algo en un futuro. Con su belleza y su fuerza compensaban el vacío del lugar. Su misión era empezar a darle forma. Bellos como la imaginación.
Fua, cómo me estoy pasando.

Una mañana, al levantar la persiana, uno de los guapos miró hacia nuestra ventana. Estaba cortando maderas para cubrir huecos. Lo hacía rápido y sin entretenerse en las mediciones previas. Encajaban a la perfección.

Eran muy buenos, en serio.




Tenemos una meta

¿Cómo saber si va a ser tu último día de playa? No se sabe. Haces la foto pensando que no. Luego te das cuenta de que sí. A menudo sucede a finales de agosto o a principios de septiembre. Siempre tengo la esperanza de que sea el primer fin de semana de otoño. Ese día te despides del verano como si se tratara de un acto oficial. Lo primero es nadar desordenadamente como un tiburón hambriento, aunque vayas a ser tú la devorada por el no_verano/no_future. Y los SexPistols harán una canción para superar el invierno. Y como viene siendo habitual... me pierdo en las enumeraciones. Pues eso, que lo primero será lo segundo y lo tercero.

Pero tú y yo tenemos una meta. Y algunos dirán que es la de siempre, porque todas las llegadas a la meta son iguales: el corredor cruza la meta y se rompe la cinta. Luego levanta los brazos y quién sabe qué es lo que oye en su cabeza.

Tú y yo tenemos una meta. La meta se parece a la salida. Su nombre lo llevo bordado en mi pañuelo blanco y su silueta colgada a…

melancoisla, melancopueblo y melancopizzería

Este es el tocadiscos que tenía en casa de mis padres y que ahora está aquí, en mi actual hogar. Asombrosamente, queda bastante bien con esa lámpara rosa chicle. He estado escuchando un disco de los Rolling Stones y otro de Elvis. Me he emocionado de verdad. He imaginado una fiesta con mucha gente. Creo que este año voy a hacer una de cumpleaños, lo que pasa es que muchas de las personas a las que me gustaría invitar están en otras ciudades o viajando por ahí. Las que están por aquí, no pegan los unos con los otros ni con cola. El alcohol hará el resto.

Este verano está siendo como una vida 2. Muy diferente y muy largo. Los quince días de julio en Formentera quedan ya muy lejos, pero fueron absolutamente maravillosos. Escribiré sobre ello en algún momento.

Luego estuvimos en otras playas, no tan bonitas estéticamente, pero llenas de recuerdos de la infancia. Allí también fuimos felices. Nos despertábamos a las once, desayunábamos a las doce y bajábamos a la playa a la una, cuando tod…

Me voy unos días al Melancoisla

Mañana me moveré en cinco tipos de transporte diferentes. Iré por tierra, mar y aire. Tren, autobús, avión, coche y barco. Y por quinta vez en mi vida llegaré a la isla que sirvió de inspiración a Julio Verne para su novela HéctorServadac, Viajes y a venturas a través del mundo solar. Hay un monumento al lado del Faro de La Mola dedicado al escritor.

Os quiero enseñar la nueva cabecera del Hotel Melancoisla. Es preciosa. Nos la ha regalado "ss", autora del blog La distancia adecuada. Sus ilustraciones porque son bellísimas.

Como me gusta tanto la nueva puerta de entrada al hotel, he decidido que durante este verano voy a cerrar Qué mala soy dosificándote por vacaciones (hasta septiembre) y me voy al Hotel Melancoisla. Clara Monforte hace demasiado tiempo que está calladita… y no puede ser, que para eso es la directora del hotel. Escribiré entradas cortas, así no me saturaré, siempre y cuando la cobertura me lo permita.

Nos vemos en el Melancoisla.

El móvil mató a la cabina de teléfono

Recorrer distancias

Esta mañana he llevado a Carol al aeropuerto. He comprobado que los atascos en la Ronda siguen aunque yo esté de vacaciones. Algunas veces, de camino al trabajo, me había preguntado si después de las 8.45 los coches se desvanecían por arte de magia, o si todo continuaba igual sin mí.

Con Carol cruzando el cielo rumbo a Finlandia, yo he conducido por tierra hasta la urbanización donde pasé todos los veranos de mi infancia. Eso ya está vivido y siempre será así. He recordado lo largo que me parecía el camino cuando era niña. Para
mí era como ir al fin del mundo, a Fin-landia. Ni un avión con parada en Australia recorría tanta distancia como el Citröen CX plateado de mis padres. Aquel coche iba del invierno al verano. Y eso es muchísimo.

Cuando he llegado al apartamento, mi prima de 13 años, la edad en la que te crecen las tetas y llevas aparatos en los dientes, me estaba esperando para bajar a la playa. Ahí estaba ella, con la toalla al hombro y sus 101.000 complejos adolescentes a cuestas…

Buen viaje a Finlandia, Carol

Querida Carol:

Ya sabes que Elvis volvió a los escenarios en 1968, tras un parón debido al servicio militar y a otras causas que no vienen al caso. El concierto lo hizo vestido todo de cuero negro y dentro de un ring de boxeo. Las dos pensamos que Elvis está ahí más sexy que nunca... y que si fuéramos chico nos pareceríamos a él o a JudeLaw.

Aprovechando que estás haciendo una ensalada y no puedes escucharme desde la cocina, acabo de grabarte en directo, con mi guitarra nueva y mi voz de siempre, ese tema de Elvis que tanto te gusta de la actuación del 68: Onenight.

Es para ti y te la dejo como prenda, para que la lleves contigo hasta Finlandia. A la vuelta, me deberás una noche.


P.V.

-_-_-__-_-_-_Descarga tu regalo_-_-_-_-_-_-_-


Carreteras vs laberintos (con Anna Calvi de fondo)

El cd de Anna Calvi empieza a sonar. Pliega la capota del coche y sube el volumen para que vuele como un vestido al viento. El sol de la mañana, el que aún es suave, cae sobre sus hombros y sus muslos. Se mira en el retrovisor, se contempla. A veces usa la barra de labios que le robó a su novia aquella mañana. Se acaricia el pelo y vuelve a mirarse. Primero escucha Desire, luego Blackout, después I'll be your man. Y para rematar, tres veces seguidas el cover de Surrender. Canta con fuerza el último verso de la canción y piensa en follar con la propietaria del pintalabios en una playa. Y en formar una banda de rock. Pasadas varias horas, por cosas que no puede controlar, se siente hundida y avanza por una calle sin sombra. Sólo los solos caen. Luego, más calmada, escribe esto y no entiende cómo la carretera en línea recta, a veces, se convierte en un laberinto.

No sé qué cenar.




Salvadas

Me he salvado de un precipicio y aún tengo el susto en el cuerpo, pero ahora sí estoy en el lugar que deseaba. Mi ilusión es un folio Din-A4 intacto. Carol Blenk, escarbaré y buscaré un diamante bajo la tierra.

Se aleja para volver

Antes de irme eché una mirada a mi escritorio: en el contador de verano sólo quedaba una pechina. Parecía imposible que el verano fuera a volver. Mi contador no era más que una excusa para creer en ello. Parece mentira que la isla esté, de nuevo, tan cerca, como si se moviera de lugar en invierno y nadara hacia otras vidas. Otras vidas, ninguna es la mía. Pero la ilusión con la que inicié mi contador está como esos folios que a veces me entregan mis alumnos después de haberse equivocado mil veces. Que el plastidecor no se puede borrar, por mucho que digan. Deja marca. Me sacuden por dentro esos niños que escriben tan fuerte que atraviesan el papel con el lápiz, para, al fin y al cabo, equivocarse. Me reconozco en todos ellos.

Hoy le he preparado creps en el patio a una niña. Yo le untaba la Nocilla, ella lo enrollaba y se iba a jugar. Luego volvía a por más, después de marcar un gol o casi.

Y qué si la niña ha traído creps el último día. Le hacía ilusión. Yo no podía arrebatársela duran…

Tengo que madurar

Ahora recuerdo lo del puente y pienso qué gilipollas, con g de guarra. La advertencia estaba ahí: no pierdas lo importante al cruzarlo. Esto de meterme en la boca del lobo y luego salir gimoteando es muy mío. Tengo que madurar. Hacer eso que sale en las películas, que se ponen a estudiar, a entrenar o a trabajar sin pensar en nada más. Mientras, suena una de la canciones secundarias de la banda sonora.




Cuando se acaba la canción ya te has convertido en una persona mejor, pasas de ser Mourinho a ser Guardiola, el repelente. Menudo rollazo. Yo no soy del Barça. El otro día, cuando ganaron el partido, estábamos en el cine viendo "Pequeñas mentiras sin importancia", una película que vale más que cien celebraciones futbolísticas, al salir, pasaban los coches tocando el claxon y cantando. Una niña de unos 11 años iba asomada por la ventanilla, con medio cuerpo fuera, hondeando una bandera. Yo le hice un gesto y ella me miró en plan "Hemos ganado y vamos a celebrarlo contigo…

Todos necesitamos una maestra y una herida

Soy vigilante en el patio. Soluciono conflictos y detecto peligros inexistentes para los niños. Yo he visto milagros allí. Cabezas duras y rodillas de hierro. Reflexiono mirando hacia el horizonte del patio. Son peces de distintos tamaños y se comen los unos a los otros. Me he acostumbrado al griterío, a esa masa uniforme de vocecillas salvajes. Aguas cristalinas. A veces se me acercan algunos accidentados y me muestran un corte de un milímetro en un dedo, apenas visible, o un golpe de hace una semana fingiendo que se lo acaban de hacer. Su preocupación es real, quieren ser atendidos. ¿Te has hecho daño? Déjame ver... Mmmm... pues no te toques. Si te duele no te lo toques. Mójate la cara y verás cómo se te pasa. Son frases que repito muchas veces a lo largo del día.

Pero para la maestra no hay remedio.
Lo que duele, mejor no tocarlo.
Lávate la cara todas las mañanas y vete.

No soy yo (2): El paquete de pan de molde que anunciaba el fin

Ha sido un día bastante tranquilo. Como es habitual, he entrado en el metro sin apenas salir de la cama; cuando escucho el despertador me tapo con la sábana y, a la vez, me subo en el metro. El trayecto se queda en una especie de ángulo muerto y no recuerdo cómo he llegado al trabajo ni si había mucha gente en el vagón... ni si estaba buena la de delante, ni si me ha mirado, ni nada de eso que la gente suele escribir luego en su blog. Por la tarde he ido al gimnasio. Ahora, acabo de hacerme un sandwich de jamón y queso. En el paquete de pan de molde pone ANTICRISTO en letras grandes y amarillas sobre un fondo rojo. Todo encaja. No quiero irme a dormir. No quiero pestañear. Me aterra cerrar los ojos y aparecer en el metro. Esto es el fin.


No soy yo (1): El nuevo mundo

Había recorrido todos los continentes cómodamente, siempre durmiendo entre sábanas de algodón. Coleccionaba mapas de todos los lugares en los que había estado. Le gustaba abrirlos y colocarlos uno al lado del otro formando una cuadrícula nueva. Convertía cientos de kilómetros en centímetros y los océanos en una sombra azul, reordenando el planeta a su antojo. Jamás hablaba del mundo porque lo había desfigurado. No podía decirse que lo conociera.

Cajas flotando en el agua

Me da por querer tocar la guitarra por las mañanas, justo cuando conduzco. Así que aparco un montón de posibles canciones para otro momento. Canciones que aún no existen y que me esperan por las tardes como un hogar. El martes creí que sólo me entendía Christina Rosenvinge. Y vuelvo a decirlo, el día que ella, Christina, envejezca, todos los demás ya seremos unos ancianos.
Lo que más me dicen estos días es que estoy radiante. Qué fatalidad, pero no voy a acostumbrarme. Se suele estar guapa por fuera cuando por dentro estás hecha un amasijo de hierros. Yo solo digo que a veces es verdad. Te conviertes en un laberinto y la gente se empeña en encontrar la salida.
El otro día vi a un entrenador de baloncesto haciendo unas declaraciones después de un partido. Ni idea de quién era, de hecho, no sé ni las reglas del juego. Pero noté que el entrenador tenía los ojos llorosos y pensé que quizás se había enamorado. ¿Cómo es el amor entre gigantes cuando tú eres el más pequeño?
Mi maestro de Tae…

Yo viví en una de esas ventanas durante un tiempo maravilloso

Girona

No nos damos cuenta de lo que es extraordinario hasta que pasan los años y, un buen día, tendiendo la ropa, pensamos: fue insólito. En ese momento aparece una grieta en la pared, pero nadie la ve. Las señales: una chica se aparta el pelo de la cara; alguien escoge una lechuga de entre todas las del mercado; una profesora subraya el título de una canción; un niño mira por unos prismáticos del revés para verlo todo más lejos; una mujer con dos nombres planea una fuga a Venecia. (Me permito hablar así porque he leído que a los 30 ya se es una mujer de mediana edad; por lo tanto, ya puedo empezar a teorizar sobre el paso del tiempo. Yuju.)

En mi caso no fue así, porque cuando vivía en Girona era consciente de lo asombroso que era despertarse cada día escuchando los pasos sobre las tablas de madera del puente. Este fin de semana he comprobado que han cambiado las láminas y que ya no suenan como entonces. De todas formas, sigue siendo una ciudad parar vivir sabiendo que cientos de muro…

¿Me recordarán?

Como buena Libra que busca el equilibrio en medio del caos, necesito estar en esa secuencia en la que la chica se concentra muchísimo en su trabajo y en nada más. No nos engañemos, es aburrido; en las películas siempre aprovechan ese momento para poner uno de los temas de la banda sonora de fondo.
Hoy: veinticinco niños de seis años ansiosos por saber qué características tiene la primavera. En realidad, es todo una invención de las maestras, si no de qué se iba a preocupar un niño de seis años en hacer murales sobre la primavera. No me jodas, hombre. La primavera nos la hemos inventado los adultos.
Perdón, quería decir: profesora de música de 32 años ansiosa por explicar que características tiene la primavera y cantando fuera de sí "ya llega la primavera, ya llega, no espera, ya llega, ya llegó" con la melodía del allegro de Vivaldi. Y los niños siguiéndole el rollo, claro. Como a los locos. (Tengo una amiga que siempre que se emborracha la canta.)
Efectivamente, he encontra…

un par de cosas claras

Mido 1'64 o 65, nunca me acuerdo, me gustaría no olvidar ciertas cosas. Peso 57 kg esta noche y tengo un morado en la pierna recién hecho, una patada en toda regla que me han arreado hoy en la clase de Taekwondo. Las protecciones y los petos no cubren lo suficiente, siempre se recibe en combate. Me pasa en el gimnasio y en la vida. Que voy muy chula lanzado ap chaguis pero siempre me las devuelven en el contraataque.
Estoy que me gustaría saber donde estoy.

De agosto a marzo van siete meses

Aquella caída en moto fue el inicio de una carta de amor; y todo lo que vino después, una declaración o una cajita negra con una anillo dentro.

Vi como el agua del grifo se llevaba la sangre; vi tus lágrimas y me vi reflejada en el espejo, cuidándote. Un par de horas más tarde, bajamos cojeando a la playa.

Finales de agosto, aquella brisa de la isla, cuando el sol se marchaba a las nueve. Y me di cuenta de que te quería y de que tenía que decir un taco, joder. Si tiene que salir bien, que sea contigo.

Ahora, en marzo, la samba siempre es triste y alegre, ¿por qué? Tomamos un Spritz en una terraza con las gafas de sol puestas. Me preguntas, ¿te gusta mi ciudad?, te contesto, sí. Y cierro los ojos para recordar el mirador de Santa Lucía con mi amigo Ike, aquel día que veneramos los tejados de La Alfama como si nos hiciéramos el mismo tatuaje.

Los preludios de Wagner y calentar leche sin microondas

Hace dos días que no uso el microondas para calentar leche; lo hago en un cazo sobre el fuego. No hay ninguna razón pero, quien sabe, este cambio de hábito podría ser el interruptor de un complejo mecanismo.
Algo imparable sube desde el centro cuando empieza a hervir. Parece que se resista; sin embargo, está intranquila, como si llevara varias noches insomne. Esperando, esperando, esperando. Hay que prestar atención: si te descuidas un poco se pega. Es asqueroso que la leche pueda quemarse como un simple trozo de carne.
A las siete empezará Parsifal. Saldré en busca de la emoción del año pasado al escuchar el preludio del primer acto de Tristán e Isolda. Desear que algo se repita es peligroso. Si Wagner no me conmueve tanto como aquella noche, será como salir de caza y volver sin nada. O peor, volver con un disparo en el brazo y algún perro herido.


Mi madre de ahora es la misma de antes

Esta mañana he llamado por teléfono a mis padres. Ha saltado el contestador porque no estaban. Yo esperaba escuchar esa voz masculina entre persona y robot que graba el mensaje de todos los contestadores automáticos. (Bueno, la verdad es que ni lo esperaba. Esperar es demasiado importante. Sencillamente, la voz desconocida era algo que iba a oír porque así había sucedido todos los demás días que había llamado a casa y no había habido nadie.)

Pero hoy, la voz del contestador era otra, no era la programada por la compañía telefónica. Era la de mi madre. Ha sido extraño. Al escucharla, inmediatamente me ha recordado a ella pero como si fuera otra persona, otra madre, mi madre de hace tiempo. Voy a aclarar que es la misma que la de ahora, pero a veces se me olvida… Mi madre de ahora es la misma que cruzaba la Meridiana todas las mañanas, como a caballo, para llevarme al colegio, y la misma a la que yo deseaba ver aparecer con todas mis fuerzas en la puerta del colegio al mediodía. Pero es…

No perder lo importante

Hoy he mirado por la ventana mientras hablaba por teléfono y he pensado que cada cierto tiempo cruzamos un puente y nos convertimos en otras personas. Hasta que no llegas al otro extremo no vuelves a reconocerte. No pierdas lo importante en el camino, Paola.

El dibujillo es mío.

Me voy a leer "Novecento" de Alessandro Baricco. Calculo que en una hora lo habré acabado. Tampoco es cuestión de calcular, ya, pero bueno, y qué pasa si calculo.

Empieza así:




La fortaleza de los pijamas

Tengo un pijama que siempre me hace reír. No puedo remediarlo, es verme con él en el espejo y troncharme. ¿Cómo pude comprarme un pijama tan ridículo? Un oso que se rasca el culo mientras mira una libélula y dice "hello, little friend". Lo peor es que en su momento no me di cuenta de nada, ni del oso, ni de la libélula, ni de que se rascaba el culo.
Cada día paso en coche por una calle levantada, en obras. ¿Qué estarán haciendo? Nunca sé qué hacen los obreros exactamente. Pero un buen día todo vuelve a su sitio. En la esquina hay un bar de esos con el letrero de la Coca-Cola, un bar de barrio con nombre de saga, "Gallegos 2", por ejemplo, y me pregunto si existirá el "Gallegos 1" y donde estará. Todo esto es en serio, a pesar del oso que se rasca el culo. Justo encima hay un bloque de viviendas. En el balcón del primer piso siempre hay ropa tendida. Una camiseta, un pantalón y un pijama de alguien que tendrá una vida similar a la mía o totalmente distinta…

AUDIOPOST: Al final de todas sus cartas ponía "con hielo"

Película en blanco y negro. Club de jazz.

–Cuando bostezas te quedas durante un par de segundos sin oír nada. Al abrir la boca no sólo tragamos aire, también hay fragmentos de otras cosas: de canciones, de palabras, letras sueltas, ruidos de fábrica, motores, reactores y gritos de niños en el patio. Nos llevamos un bocado del polo norte y otro del polo sur. Es imposible escuchar nada más, el ruido es ensordecedor.

–¿Y por qué no oímos todas esas cosas que según tú nos llevamos para dentro?

–¡Es obvio! No las escuchamos porque nos dejan sordos.

–Mmm... está bien. Sigue.

–Vale. Por eso, cuando bostezamos tenemos que estar muy atentos a los labios de nuestro interlocutor, ya que un despiste podría cambiar el rumbo de todo, si eres de las que cree en los hechos que cambian toda una vida...

–Sí, lo soy.

–Bien. Imagina que –por primera vez– ella está a punto de decirte te quiero, pero en ese preciso instante empiezas a bostezar, te quedas sin oír nada y únicamente le ves los labios. ¿Qué es lo que…

No es un poema

Cuando llegué aquí
el edificio de al lado no estaba en ruinas,
pero lo tiraron abajo
porque había dejado de ser lo que era.
Me pareció cruel y muy triste.

Únicamente dejaron en pie una pared
que aún conservaba los azulejos
de lo que había sido, tal vez, una cocina.

El solar se llenó de trastos inútiles.
Un día vi a un chico desmontando un reloj a martillazos.
Las hierbas crecían.
¿De dónde viene la vida que surge en lugares así?
Un hombre meó entre aquellos matorrales
una tarde de sábado.

Ese día escribí una carta
que no envié,
fui a la peluquería
y reservé mesa en un restaurante,
me probé una chaqueta de piel falsa
y bailé con ella frente a un espejo del Bershka.
Me la quedé, se bailaba muy bien.

El terreno lo compró una constructora,
anunciaron unos pisos carísimos que nadie podía comprar.
Quitaron de la foto la piscina
y a aquella mujer tomando el sol.

El precio bajó.
Me pareció bastante cruel y triste.
Según dicen,
los han vendido todos.

Han empezado a construir
y una grúa duerme cada día
detrás de nuestra habi…

Página en facebook: Suicidasbook

Nos caracterizamos por iniciar proyectos que al cabo de dos días nos da mucha pereza continuar, pero es tan excitante esa sensación de empezar algo nuevo... Así que, siguiendo nuestra estela de inicios, hemos hecho una página en Facebook titulada "Suicidasbook". Y estamos de suerte porque tenemos 49 seguidores y dirección corta (porque hasta que no tienes más de 25 personas a las que "les gusta" no te la dan):

http://www.facebook.com/suicidasbook


La página Suicidasbook está dedicada a artistas que se suicidaron. Rendimos homenaje a todos aquellos escritores, músicos, pintores, actores y creadores que por diversas circunstancias decidieron poner fin a su vida. Por cierto, queda claro que no es una página para hacer apología del suicidio ni nada parecido. Es lo que es.



Link a la página Suicidasbook.



Lista en Spotify: Suicidasmusic



Frases subrayadas

Hoy he comido con una compañera en un bar que estaba lleno de obreros. También había dos tipos con una camiseta de la federación catalana de vela. Estábamos cerca del mar. Hemos pensado que en aquel sitio se comería bien y barato. Sólo había una chica sirviendo. Ha sonado por la radio Crazy de Aerosmith y la camarera se ha puesto a tararearla en voz alta. Momento irrepetible: la chica cantando, el local lleno de clientes hambrientos. Nostalgia en la cara salpicada de pintura de un hombre con mono blanco, tal vez recordaba el humo y los carajillos de hace un par de semanas. El café lo hemos tomado en la terraza. ¿Qué pensaría la chica mientras cantaba? ¿Qué pensaba el pintor? ¿Qué pensaba aquel hombre del coche rojo con el que crucé ayer una mirada mientras hacíamos caravana? Son minucias, sí. Pero las he visto. Son páginas con la esquina doblada.

Sobre el documental "Comprar, tirar, comprar", de Cosima Dannoritzer.

Cuando me cansé de la carrera de Historia del arte (unos estudios que dejaron de interesarme, de funcionarme, de apetecerme, de gustarme) empecé a estudiar informática. Hoy he recordado una de aquellas clases de programación. En concreto, la de un profesor que nos demostró que si las cosas fallaban y se estropeaban era porque estaban diseñadas para que al cabo de un tiempo dejaran de funcionar y el consumidor las comprara de nuevo. Esa idea nos dejó a todos temblando.

Hace algunos meses coincidí en una cena con alguien que recibía una llamada de CosimaDannoritzer, que se encontraba en África, en los vertederos donde van a parar muchos de los aparatos que quedan obsoletos en un abrir y cerrar de ojos. Toneladas y toneladas de productos averiados que ya no queremos. Fue entonces cuando me hablaron del documental que estaba preparando sobre la obsolescencia programada. Todo está fabricado para que deje de funcionar, para que entremos como burros en la cadena de comprar, tirar y volver …

Primera entrada del año 2011

Me siento como si hubiera pescado la mejor pieza del torneo.

He salido a comprar pasta fresca artesanal, y a cambiar un casco para bici Yakkay que nos han traído los reyes (pero no han calculado bien la talla de cabeza), y me he encontrado con una Ducati SportClassic biplaza gris, como la de la chica del blog comunitario de ficción Hotel Melancoisla. La matrícula era bastante nueva, H nosequé. Las han dejado de fabricar y son difíciles de encontrar, así que he topado con un tesoro. No sé porqué, pero intuyo que es de la tienda que venden tocadiscos retro, estaba aparcada enfrente.

Ahora me voy a jalar mi plato de pasta de albahaca, a ver qué tal está. Es como si hubiera ido a comprarlo montada en la moto, es que me ha hecho mucha ilusión. Según el día, soy feliz con poco.